Una imagen de los niños trabajando en clase
Una imagen de los niños trabajando en clase - Rocío Ruz
Colegio Portaceli

Revolución educativa en Sevilla con clases de 50 alumnos y tres profesores

La Fundación Loyola implanta en Portaceli un novedoso modelo en 1º de ESO con tres profesores por aula, gradas y taquillas al estilo americano

SevillaActualizado:

Tres profesores por aula, clases con el doble de niños, trabajo en equipo, asignaturas agrupadas en proyectos integrales, profesores sin mesa, gradas y taquillas, un ordenador por niño... Son algunas de las características de un novedoso proyecto educativo que ha estrenado este año en Sevilla el Colegio Portaceli para los alumnos de 1ª de ESO. Las «Aulas Cooperativas Loyola», como se denomina el modelo que ha estrenado hace poco más de un mes el centro sevillano de la Fundación Loyola es, como dice Lourdes Borrero, directora de Portaceli, «una apuesta fuerte de la Compañía de Jesús». Una novedad que ha «revolucionado» a los niños de 12 años que han encontrado importantes novedades al cambiar de ciclo.

El proyecto cuenta con el visto bueno de la Consejería de Educación, a la que «agradecen la confianza» para desarrollar este modelo. Aunque se estrene en Sevilla, las aulas cooperativas existen hace quince años en el centro Padre Piquer de Madrid, también de la Compañía de Jesús. A Andalucía llega este curso ya que, a la vez que en la capital hispalense, se ha implantado en el colegio San Estalisnao de Kostka de Málaga. En Sevilla, en el Portaceli, es la novedad de la que hablan padres y alumnos si uno se da una vuelta por las puertas del colegio en la sevillana avenida de Eduardo Dato.

Pero ¿en qué consisten las Aulas Cooperativas Loyola? Según explican, la directora del centro, Lourdes Borrero, el director de Secundaria,Nacho Alameda, y la coordinadora de las Aulas Cooperativas, Carmen Grávalos, la novedosa idea de la Compañía de Jesús implica grupos de 50 niños. Las cinco líneas de treinta niños que había se han convertido en tres. Algo que, según cuentan, es motivo de alegría para los pequeños que ven como se amplían las amistades. «La relación entre ellos es más intensa», dicen.

Aprendizaje transversal

Pero, sin duda, lo mas revolucionario es el sistema de trabajo que cambia la tradicional separación de asignaturas que se integran en proyectos que aúnan materias por campos de aprendizaje transversal. Matemáticas y Biología se engloban en lo que denominan Campo Científicomatemático. Lengua, Inglés y Sociales se aúnan en el Campo Sociolinguístico.

Aunque luego en el boletín de las calificaciones las asignaturas sigan como establece el modelo de la Junta de Andalucía, en clase es distinto. Las clases no son de una hora. La jornada se divide en bloques de tres horas en los que trabajan en un «campo» más amplio que una asignatura. La pasada semana, los escolares estaban explorando el mundo en el temario de Sociales, trabajando en el ordenador con un mapa sobre la tierra. Una temática que les servía para aprender descripciones de la tierra y denominaciones. Con eso estudiaban a la vez Conocimiento del Medio, Lengua e Inglés. Y lo mismo les ocurre con el Campo Científico. Se ve de forma global.

De hecho, según los docentes, también la tradicional clase de Plástica puede englobarse en el Campo Sociolingüístico ya que han encargado a los alumnos una maqueta de un mapa. Es una de las novedades «más radicales» que, según Alameda, «sigue una tendencia muy novedosa en educación». Porque «romper la estructura horaria» permite dedicar más tiempo a cada tema.

Peso eso también implica otro esfuerzo: hay tres profesores por aula: dos tutores y uno de la especialidad. Con todo, consiguen que los tutores estén 21 horas en clase a la semana, más que antes. Están en las horas de su campo, pero también durante la clase de la que no es. Han necesitado más profesores.

Otra novedad es que hay un ordenador por niño. Se ha «modificado la didáctica» de manera que el trabajo sea la mayor parte digital.«El programa está pensado para el trabajo en el aula». La idea es que estudien a diario y han cambiado la denominación de exámenes por «pruebas escritas», formularios, aunque los chicos los siguen llamando exámenes. «Queremos que dejen de estudiar sólo para el examen», dice la directora, insistiendo en que se valora el trabajo a diario.

Equipos y gradas

La ubicación en la clase también es distinta. Ya no sientan en filas sino en equipo (con excepción de cuando hay pruebas escritas). O incluso en las gradas que usan para asambleas o tutorías y que albergan taquillas. Se sientan allí para el debate o las exposiciones. Para todo eso el centro ha tenido que hacer reformas que acometió en verano: aulas más amplias, tabiques móviles, una sala de profesores junto al aula (le llaman «pecera»), más luz y nueva acústica.

El trabajo de la inclusión y la convivencia también es muy importante», dice la directora, recordando que los que tienen dificultados «no salen del aula», sino que están acompañados por los profesores aunque trabajen a diferente ritmo. De momento, el proyecto está en 1º de ESO, pero no se descarta que pueda extenderse a 2º e incluso implantarlo en 5º y 6º de Primaria. «Habrá que hacer una reflexión», dicen. Los resultados de este proyecto, que está despertando «una gran curiosidad», se conocerán cuando acabe el curso.