Cayetana de Alba, junto a Luis Martínez de Irujo
Cayetana de Alba, junto a Luis Martínez de Irujo - ABC

Boda de Sergio Ramos y Pilar RubioLas grandes bodas de la Catedral de Sevilla

Esperanza de Borbón, la duquesa de Alba, el duque de Huéscar, la Infanta Elena o la duquesa de Montoro también se casaron en el templo sevillano

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Antes de que Sergio Ramos y Pilar Rubio decidieran elegir la Catedral de Sevilla para darse el sí quiero, muchas otras parejas se han casado en el templo de estilo gótico más grande del mundo, considerado Patrimonio de la Humanidad. Casarse en la seo sevillana, a los pies de otro de los monumentos mas emblemáticos de España, la Giralda, no es fácil. Hay que seguir un procedimiento que implica solicitarlo en el mismo mes que se desea, pero del año anterior. Hay que apuntarse en el libro y tener suerte con la fecha elegida. Aún es más difícil si se trata del Altar Mayor, un privilegio que sólo está permitido a aquellos que tienen en sus venas sangre real.

Ese era el caso de doña Esperanza de Borbón y Orleáns, que protagonizó uno de los primeros enlaces que se recuerda. Allá por el año 1944 contrajo matrimonio con don Pedro de Alcántara Orleáns y Braganza, en una ceremonia en la que apadrinaron a los contrayentes Carlos de Borbón, padre de la novia, y la princesa Elisabeth de Orleáns y Braganza, madre del novio.

Las crónicas de aquella época (con las fotos en blanco y negro) revelan que la novia, que eligió el mismo día de su onomástica para el enlace, llevaba un vestido de piel de ángel y velo de tul. Sin alhajas. Y era escoltada por veintidós pequeños príncipes y princesas que hicieron de pajes.

El novio iba de rigurosa etiqueta y llevaba varias insignias en la solapa como las de las Reales Maestranza de Sevilla y Zaragoza. El convite para cien invitados se organizó en un hotel de la ciudad.

Esperanza de Borbón y Orleáns y Pedro de Alcántara Orleáns
Esperanza de Borbón y Orleáns y Pedro de Alcántara Orleáns - ABC

Poco después

Tres años después de aquel día le tocaría el turno a Cayetana de Alba, entonces duquesa de Montoro, que contrajo matrimonio en el Altar Mayor de la Catedral el 12 de octubre de 1947 con Luis Martínez de Irujo, el primero de sus tres maridos y que fallecería veinticinco años después dejándola por primera vez viuda.

Fue un enlace que se celebró por todo lo alto. Con más de 2.000 invitados, entre los que estaban, además del conde de Barcelona, representantes de todas las casas reales de la época. Y que se convirtió, según las crónicas de la época, en el enlace más caro de la historia con un coste de unos 20 millones de las antiguas pesetas.

La que luego se convertiría en duquesa de Alba vestía un traje de raso natural con encajes antiguos, con velo de tul ilusión diseñado por Flora Villarreal, una modista de la época que tenía un taller de costura en el Paseo de laCastellana de Madrid. Lucía una espléndida diadema regalo de boda de Napoleón IIIy la emperatriz Eugenia.

Hasta el Altar Mayor la acompañó su padre, el entonces duque de Alba, ataviado con el uniforme de maestrante de Sevilla tras entrar por la puerta de San Miguel. La celebración posterior tuvo lugar en la Casa de Las Dueñas, en cuyo comedor de la planta alta se sirvió el banquete en el que hubo tartaletas de salmón, croquetas, barquitos de foie gras y hasta gazpacho o lubina, entre otros manjares.

Boda de Carlos Fitz-James Stuart y Matilde de Solís
Boda de Carlos Fitz-James Stuart y Matilde de Solís - ABC

Luego habría que esperar más de cuarenta años para que precisamente el primogénito de Cayetana volviera a protagonizar la boda del año en el mismo altar y nuevamente en Sevilla. Aquel enlace fue el 18 de junio de 1988, cuando Carlos Juan Fitz-James Stuart y Martínez de Irujo, que entonces tenía 40 años, contrajo matrimonio con la sevillana Matilde de Solís-Beaumont y Martínez de Campos, hija de Fernando Solís-Beaumont y Atienza, marqués de la Motilla, y de su esposa, Isabel Martínez de Campos y Rodríguez-Garzón. Aquella boda fue portada de ABC de Sevilla. Acabaría más tarde en divorcio tras dos hijos en común, pero tuvo todo el despliegue mediático que merecía el primogénito de la duquesa de Alba y actual duque.

El traje de la novia, diseñado por el sevillano Cerezal, un diseñador muy de moda entre las familias sevillanas de la época, estaba confeccionado con setenta metros de seda natural blanca importada de la India. Matilde Solís, que llevaba media manga con el cuello cerrado, arrojó el ramo al público que se congregó para presencia el enlace en la plaza de la Virgen de los Reyes.

Boda de la Infanta Elena y Jaime de Marichalar
Boda de la Infanta Elena y Jaime de Marichalar - ABC

Pero, sin duda, la gran boda que Sevilla aún no ha olvidado y que también acabaría en divorcio fue la que se celebró el 18 de marzo de 1995 entre la Infanta Elena de Borbón y Jaime de Marichalar. Al fin y al cabo era la primogénita de los Reyes de España y la que contaba con mayor simpatía del gran público. Por eso los sevillanos no pararon de piropearla y llamarla guapa tanto a su entrada en la Catedral de Sevilla del brazo de su padre, el Rey don Juan Carlos, como a la salida, caminando ya del brazo de su marido.

Fue un gran enlace en el que doña Elena se decantó por un modelo de Petro Valverde realizado en organza de seda natural satinada con detalles bordados en la cintura con motivos de pétalos de flor de lis. La duquesa de Lugo, que protagonizó la anécdota del día cuando se olvidó de pedir a su padre el Rey la venia (el preceptivo permiso para contraer matrimonio), llevaba un velo de tul rematado con bordados que le cubría el rostro y se mostró como una novia emocionada. Sobre todo cuando depositó su ramo de novia a los pies de Nuestro Padre Jesús de Pasión, sobre la cripta en la que reposan los restos de sus bisabuelos en la iglesia del Salvador, donde llegaron rodeados de una multitud que los aclamaba desde la Catedral tras contraer matrimonio. Tras la boda los novios y sus más de 1.700 invitados fueron agasajados con un almuerzo en los magníficos salones de los Reales Alcázares. Lubina al aroma de la trucha y la almendra, perdiz roja a la crema castellana y crema helada de café con almendras y salsa de caramelo fueron algunos de los platos que se sirvieron en el real banquete.

Enlace de Francisco Rivera y Eugenia Martínez de Irujo
Enlace de Francisco Rivera y Eugenia Martínez de Irujo - ABC

La última boda de tronío que se recuerda llegaría poco tiempo después. Cuando María Eugenia Martínez de Irujo, la benjamina de los Alba y duquesa de Montoro, se casó con el torero Francisco Rivera Ordoñez en presencia de los duques de Lugo como invitados de honor. Esa boda se celebró el 23 de octubre de 1998 y la pareja también acabaría separándose años después tras una hija en común.

Del brazo de su hermano Cayetano, Eugenia lució un traje diseñado por Emanuel Ungaro de escote cuadrado, confeccionado en raso duquesa de color marfil. Llevaba un galón bordado en hilo de seda con perlas que ribeteaba el escote, los hombros y los costados, y un antiguo velo de encaje trabajado, también en color marfil con una diadema de perlas, diamantes y platino, la misma que lucio su madre y que perteneció a Eugenia de Montijo.

Fran Rivera, de chaqué, llegó al altar con su madre Carmina Ordóñez. Fue una boda que ocupó todos los titulares. Y que se celebró en el mismo incomparable marco:la Catedral de Sevilla.