Vista exterior del nuevo edificio de CaixaForum Sevilla, junto a la Torre Sevilla
Vista exterior del nuevo edificio de CaixaForum Sevilla, junto a la Torre Sevilla - VANESSA GÓMEZ

CaixaForum Sevilla, ¿arquitectura singular?

¿Qué caracteriza el CaixaForum de Sevilla? El de Barcelona es la adaptación de una fábrica modernista y el de Madrid una audaz reforma de la antigua Central Eléctrica del Mediodía

SEVILLAActualizado:

El icono de CaixaForum Sevilla es un objeto casi contradictorio:una marquesina que parece pesada, pero que en realidad no lo es. Una pieza audaz surgida con voluntad de destacar, de deslumbrar y alterar el paisaje. Una marquesina realizada con espuma de aluminio que sugiere un aire pesado y al mismo tiempo ligero, como si levitara de forma imposible. Un icono que resume la historia de un centro surgido casi a contracorriente, a pesar de mil inconvenientes. Y que, sin embargo, se ha convertido en uno de los grandes buques insignia del proyecto Caixaforum al ser el tercero en espacio después del edificio de Barcelona y de Madrid. Es un proyecto-símbolo con el que la entidad financiera ha querido subrayar su presencia en el Sur de España.

CaixaForum Sevilla ocupa un espacio de 7.500 metros cuadrados y cuenta con dos grandes salas de exposiciones, un auditorio, un gran vestíbulo, una cafetería, dos salas polivalentes y otra dedicada a las actividades para niños. Pero ¿qué le diferencia del resto de CaixaFforum distribuidos por España? El de Sevilla es un edificio nuevo y no histórico, como casi todos los centros de La Caixa que son fruto de una adaptación. Pero además, el proyecto arquitectónico no ha sido totalmente libre sino condicionado por un espacio ya existente. Ni más ni menos que por ser parte del aparcamiento subterráneo del edificio Podium. Todo un reto para el arquitecto Guillermo Vázquez Consuegra y razón por la que tuvo que crear un elemento icónico que diera «personalidad» y fuerza a su edificio.

Exterior de CaixaForum Sevilla
Exterior de CaixaForum Sevilla - VANESSA GÓMEZ

También hay una circunstancia que marca a este CaixaForum. Y es la crónica desafortunada de su proyecto inicial en el edificio histórico de las Atarazanas y que por diversas circunstancias se truncó. Las Atarazanas –unos astilleros medievales que guardaban la memoria de ultramar– eran el espacio que se acoplaba a la perfección a la filosofía de las intervenciones arquitectónicas de la red de CaixaForum, ya que consistía en la restauración de un edificio del pasado para adecuarlo a un moderno uso cultural.

Era lo que había ocurrido en el CaixaForum Barcelona al restaurar la Fábrica Casaramona de Montjuïc, un edificio que representaba lo mejor del modernismo industrial de la ciudad de los prodigios. El industrial textil Casimir Casaramona construyó este edificio después de que ardiera su fábrica del Raval en 1911. Fue el arquitecto Josep Puig i Cadafalch quien levantó esta fábrica donde se mezclaba la decoración de cerámicas con dragones típicos del arte catalán y el uso práctico del ladrillo y el hierro.

Es en 2011 cuando se realiza la cuidadosa restauración incorporando un espacio nuevo, obra del arquitecto Arata Isozaki. Un lugar inspirado en el famoso Pabellón de Mies van der Rohe.

El caso del CaixaForum Madrid es similar aunque su resultado estético sea muy diferente porque parece una obra absolutamente contemporánea, a pesar de que se trata de la vieja Central Eléctrica del Mediodía que suministró de luz al Madrid del siglo XX.

Probablemente sea el más sorprendente edificio de CaixaForum con su aspecto de lugar de acero y de hormigón que, sin embargo, parece flotar. Un proyecto en el que los arquitectos Jacques Herzog y Pierre de Meuron reservaron la atmósfera volumétrica, rotunda y pesada de la vieja central eléctrica con su aire industrial, pero apostando por los nuevos lenguajes de la arquitectura contemporánea.

Sin olvidar el jardín vertical que resolvió la sordidez de una fachada desnuda que quedaba de un edificio adyacente. Una obra de Patrick Blanc que muestra 15.000 plantas de 250 especies en un espectacular tapiz vegetal.

En el CaixaForum Sevilla, Vázquez Consuegra también ha diseñado los jardines. Hay árboles –jacarandas, tipuanas y melias– que hunden sus raíces en el corazón del edificio, suspendidos en jardineras de hormigón cuyo fondo se contempla cuando el visitante baja al interior del edificio.

El resto de los CaixaForum también se ha basado en el aprovechamiento de antiguos edificios como el de Palma, surgido del Gran Hotel que diseñó Lluís Domènech i Montaner, uno de los más prestigiosos arquitectos del modernismo catalán;el de Girona, levantado en el antiguo palacio medieval de los Sitjar y que luego fue la posada de la Fontana d’Or;el de Lleida, construido sobre el antiguo Cine Viñes de 1919, o el de Tarragona reformado a partir de un edificio de los años cincuenta.

El CaixaForum Zaragoza tiene algo similar al de Sevilla al haber sido de construcción moderna. La arquitecta Carme Pinós construyó este edificio-espejo de 7.000 metros cuadrados sobre los terrenos de la antigua estación ferroviaria del Portillo dentro del proyecto de la Milla Digital Zaragoza.

Un edificio nuevo como el de Sevilla, sólo que Vázquez Consuegra tuvo que adaptarse a un espacio ya construido. El arquitecto se encontró con pilares que condicionaban su pensamiento del espacio. El aparcamiento original planteaba un desafío de adaptación y reinterpretación por su naturaleza subterránea, que además impedía la entrada de luz. Un reto que el arquitecto ha resuelto con la marquesina-lucernario de espuma de aluminio, que sólo se fabrica en Canadá, y que permite que la luz se filtre hasta el interior del edificio dando la sensación de ser una curiosa catedral de luz. Una catedral subterránea dedicada a la cultura y con la que CaixaForum estrena un nuevo mapa en el Sur.