El cardenal Robert Sarah, durante su visita de este sábado a la Basílica de la Macarena
El cardenal Robert Sarah, durante su visita de este sábado a la Basílica de la Macarena - Vanessa Gómez

El cardenal del silencio en la ciudad más ruidosa

El guineano Robert Sarah, autor del superventas «La fuerza del silencio», visitó este sábado la Basílica de la Macarena de Sevilla

SevillaActualizado:

Ser cristiano en Guinea Conakry, un país con un noventa por ciento de fe musulmana, puede parecer una utopía. Que el Vaticano nombre cardenal a un guineano es lo más parecido a un milagro que se ha debido conocer en esa tierra. Este guineano, prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, aterrizó el pasado viernes en Sevilla para conocer de primera mano la labor social y cristiana de la Archidiócesis en la capital hispalense.

Defensor de los tradicionalismos, el cardenal Sarah es un continuador del pensamiento de Benedicto XVI, quien lo nombró cardenal diácono en 2010 bajo el título de San Juan Bosco en la Vía Tuscolana. Al igual que Ratzinger, Sarah propuso una renovación –más bien una recesión– de las directrices litúrgicas. Estos pensamientos le han llevado a tener posturas encontradas con el Papa Francisco.

Detractor de la ideología de género, la señala junto a la trivialización hedonista del sexo y al materialismo consumista como los culpables de eclipsar y sustituir a Dios. En alguna ocasión ha llegado a afirmar que «Isis e ideología de género son como bestias del apocalipsis contra la familia».

Este cardenal, autor de dos superventas («Dios o nada» y «La fuerza del silencio»), se reunió este sábado con un centenar de presbíteros en la casa sacerdotal «Santa Clara» para ahondar en sus ideas cristianas. Les encomendó tres funciones: enseñar el nombre de Jesucristo, pastorear «como Cristo buen pastor» y santificar para presentar a Dios.

Su eminencia permanecerá hasta hoy domingo en la ciudad para visitar y conocer la Archidiócesis. Celebró ayer una multitudinaria misa en el convento de la Compañía de la Cruz por el aniversario de la muerte de santa Ángela de la Cruz, a mediodía se reunió con monseñor Asenjo y por la tarde participó en una acto mariano en la Basílica de la Esperanza Macarena.

A los sacerdotes congregados en la calle Becas les recordó la importancia de respetar el breviario: «Pienso que es bueno recordar nuestra verdadera misión: rememorar a Cristo, que mantuvo el silencio durante treinta años en Nazaret. Un silencio que no estaba vacío. A los sacerdotes no nos debe bastar con dar la misa, hay que buscar tiempo para encontrarse con Dios».

Como hiciera en «La fuerza del silencio», Sarah ahondó ante la comunidad sacerdotal en el poder imperioso del silencio, y tomó el ejemplo de quien le nombrara cardenal: «Benedicto ha renunciado a su labor papal para demostrar a la Iglesia que debemos estar en silencio. La encíclica más bella que nos puede escribir es demostrarnos que hay que hablar con Dios».

El cardenal ve en los teléfonos un peligro del que «debemos alejarnos» porque «nos distancia» de nuestros semejantes. «El verdadero problema es el ruido interno que nos atormenta. Tenemos cosas en la mente que nos hacen estar fuera. Una persona puede decir muchas cosas pero no dice nada porque sus palabras no nacen del silencio. La liturgia comienza cuando empezamos a estar silenciosos», espetaba.

Al igual que hiciera previamente con el clero en Santa Clara, el cardenal Sarah habló con ABC para exponer su preocupación por «una sociedad hiperactiva y consumista». «La cultura actual nos empuja a una actividad frenética que nos invita a consumir y alejarnos de Dios. Una cultura que cuenta sólo lo que podemos tocar y calcular», expresó con recelo.

Tras visitar a las hermanas de la Cruz, Sarah reclamó que la Iglesia necesita a religiosas como ellas. «Viven en un ámbito muy pobre, para imitar a Cristo pobre, y viven descubriendo a Jesús en la pobreza de la gente, para servir a la gente. El papa Benedicto dice que si a la gente no le hemos dado a Dios, no le hemos dado nada. Estas religiosas son, realmente, una providencia hoy, no sólo para Sevilla sino para la Iglesia entera», dijo.

Consciente de las polémicas que salpican en la actualidad a la Iglesia, señala que «no podemos dar la impresión de que la Iglesia hoy es sólo pedofilia u homosexualidad. Hay miles de sacerdotes fieles, no sé cuántos pedófilos, pero son 400.000 sacerdotes en el mundo y no son todos así. Como las religiosas con las que he estado hoy –por ayer–, que son santas. Cristo se encontró con la adúltera, y le dijo “vete y no peques”. Es un problema en la sociedad, y sólo se habla en la Iglesia, porque la quieren destruir».