Los bolardos del Casco Histórico cambian de tamaño, altura y color, incumpliendo la normativa
Los bolardos del Casco Histórico cambian de tamaño, altura y color, incumpliendo la normativa - VANESSA GÓMEZ

El Casco Histórico de Sevilla está lleno de bolardos que incumplen la normativa

Estos elementos tienen que tener una altura mínima de 0,70 metros y pintura reflectante en su coronación

La separación mínima entre los bolardos ha de ser de 1,20 metros, quedando prohibido el uso de cadenas entre ellos

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Paseando por zonas del Centro Histórico de Sevilla salta a la vista cómo los bolardos que se suceden por espacios emblemáticos van cambiando de color, tamaño, medidas e, incluso, de estilo. Una falta de criterio que va en consonancia con pavimentos de hormigón parcheados; aceras estrechas que aparecen y desaparecen; bordillos altos, bajos o rotos; buzones de basura delante de edificios centenarios; pasos de cebra despintados; parterres secos; plazas históricas tomadas por coches y motos; baches; losas levantadas y fachadas con suciedad inscrustada.

El arquitecto Fernando Mendoza, Premio Nacional de Restauración y Conservación de Bienes Culturales y Premio Europa Nostra, no sale de su asombro ante la «falta de coordinación, la ausencia de una autoridad única para el control urbano y visual». Asimismo, critica la ineficacia de la «Gerencia de Urbanismo con tantos y tantos funcionarios que ganan unos sueldazos». Mendoza denomina «orgía de bolardos» a la disparidad de modelos que pueden verse de estos elementos del mobiliario urbano, que en su mayoría no cumplen la normativa. Según las características técnicas que desarrollan la Ordenanza de Circulación de Sevilla, los bolardos han de tener una «altura mínima de 0,70 metros debiendo señalizarse en su coronación y en el tramo superior del fuste con una franja de pintura reflectante o cualquier otro material que cumpla la misma función». Nada que ver con los bolardos que se suceden por esas calles.

Además, deben disponerse «de forma alineada, no deberán obstaculizar los pasos o los itinerarios peatonales y la separación mínima entre los mismos será de 1,20 metros, quedando prohibido el uso de cadenas entre ellos». Cuando se instalen en las aceras, «se situarán en el tercio exterior siempre que la anchura libre restante sea igual o mayor de 1,50 metros».

El Ayuntamiento dice que la normativa es muy reciente, del año 2015, y que los bolardos que ahora se están poniendo cumplen con ella. Cita como ejemplo los de obras recientes, como las llevadas a cabo en las calles San Vicente o Trastamara. «El Conjunto Histórico —sigue Mendoza— debería visualizarse tanto en pavimentos comunes como en la unidad de los elementos de mobiliario urbano, como son los bolardos, las papeleras, los buzones de basura y las señales de tráfico, entre otros».

En su opinión, al no existir una autoridad única cada departamento municipal, se actúa con «total discrecionalidad en las reparaciones y actuaciones en el mobiliario urbano». No pasa por alto Mendoza la ausencia en Sevilla, con las elevadas temperaturas que sufre, de fuentes para beber agua o de servicios públicos. Hablar de los espacios verdes y de los alcorques vacíos o con los tocones a la vista gastaría «ríos de tinta», indica el prestigioso arquitecto.

«¿Dónde están los árboles que Juan Espadas dijo que iba a sembrar en todos los alcorques vacíos de la ciudad?», se pregunta Fernando Mendoza. «El otro día me encontré con Antonio Muñoz, el delegado de Habitat Urbano, Cultura y Turismo y me dijo que había problemas con las empresas suministradoras de jardinería, de modo que no se sabe aún cuándo se plantarán», se lamenta el Premio Nacional de Restauración y Conservación de Bienes Culturales 2008. En una ciudad cuyo único recurso es el turismo, Mendoza aconseja «invertir en mejoras urbanas y en esos pequeños detalles que hacen agradable el paseo».