Un agente de la UFAM en el despacho donde se entrevista con las víctimas
Un agente de la UFAM en el despacho donde se entrevista con las víctimas - ABC
Violencia machista

Casi un millar de mujeres de Sevilla están bajo vigilancia policial por el riesgo de sufrir una agresión

La Unidad de Familia y Mujer de la Policía Nacional es el primer recurso al que acuden las víctimas que piden ayuda

SevillaActualizado:

La noticia saltaba hace unos días en Palma de Mallorca. El recién llegado jefe superior de Policía destituía a los dos responsables de la Unidad Familia y Mujer (UFAM), un inspector y una subinspectora, por no haber evaluado correctamente el riesgo que corría una mujer que denunció el acoso de su expareja. La denuncia se tramitó como un delito de daños y la víctima, que se llamaba Sacramento Roca, acabó asesinada. ¿Pero cómo trabaja esta unidad que es el primer recurso al que acuden las mujeres víctimas de violencia machista a cualquier hora, los 365 días del año?

En su despacho de la jefatura superior de Blas Infante, la inspectora jefa de la UFAM de Sevilla recibe a ABC. La entrevista se interrumpe nada más empezar porque uno de los agentes de la unidad se acerca para ofrecerle una caja de bombones. «Esto es un regalo de una de las últimas mujeres que hemos atendido. Me quedo con esto». Sobre los errores que se pueden cometer en la valoración del riesgo de las mujeres que denuncian maltrato es tajante: «No tenemos una bola de cristal. Tenemos que tener claro que cuando hay una víctima mortal, el único culpable es su asesino. Podemos mejorar en la protección y sobre todo, que es muy importante, en prevenir conductas mediante la educación».

Entrevistas con los agresores

En estos momentos, la UFAM tiene en su base de datos 855 mujeres de Sevilla bajo vigilancia policial. Cada una de ellas tiene asignado un agente protector, como se denomina al policía que se encarga de su seguimiento mediante llamadas telefónicas, visitas a su domicilio y algo que es menos conocido, las entrevistas con los agresores para que no se acerquen a la denunciante. «Los citamos en dependencias policiales y si no acuden, los vamos a buscar si hace falta». ¿Y son muchos los que atienden a razones? «Bueno son muy pocos los que acuden a la entrevistas de manera voluntaria», admite esta inspectora que lleva al frente de la UFAM desde 2015, cuando se creó la unidad para aglutinar los casos de violencia machista, la que se ejerce en el ámbito doméstico (de hijos a padres por ejemplo), las agresiones sexuales y los asuntos en los que hay implicados menores.

La falta de medios es una realidad que nadie discute cuando se habla de la ley integral de violencia contra las mujeres. Pero la jefa de la UFAM matiza: «Ese problema no es exclusivo de la Policía Nacional. Hay tres juzgados en Sevilla que van hasta arriba de trabajo, fiscales que deben estudiar centenares de casos. Lo cierto es que el engranaje de todas las piezas policial, judicial y recursos sociales está funcionando, pero hay mucho terreno para mejorar».

Una ratio insuficiente

Esta responsable policial no quiere con sus palabras desanimar a ninguna víctima que quiera dar el paso. Por eso se reserva el dato de cuántos agentes protectores tienen encomendada la vigilancia de casi ese millar de mujeres. Sin embargo, es fácil llegar a la conclusión de que la ratio que asume cada funcionario es elevadísima. La Unidad Familia y Mujer la componen una veintena de agentes, sumando a los funcionarios que se encargan de la investigación de los casos. Sólo hay que hacer un cálculo rápido para saber que cada agente puede hacerse cargo de más de cien mujeres perfectamente.

Ese casi millar de mujeres que están bajo protección llegaron alguna vez pidiendo ayuda a la Policía. A todas ellas las derivaron a la inspección central de la UFAM que hay en la comisaría de Blas Infante. Allí, los agentes están acondicionando poco a poco una sala para que las denunciantes puedan sentirse más cómodas. Los propios policías han ido llevando juguetes, que sus hijos ya no utilizan, porque muchas de las víctimas llegan con sus pequeños de la mano. «Hay que intentar preservar en la medida de lo posible a esos niños». A veces, el recurso de los juguetes no funciona y el policía se tiene que echar mano al bolsillo y llevarse al pequeño hasta la máquina de golosinas y patatas fritas mientras su madre presta declaración.

Los agentes están acondicionando una estancia para los niños que acompañan a las madres
Los agentes están acondicionando una estancia para los niños que acompañan a las madres - ABC

Esa toma de manifestación se aplaza cuando la víctima llega herida o en un estado de ansiedad importante. «Entonces se traslada al médico y después continuamos con la denuncia». Por eso, un trámite fundamental para que el sistema se eche encima del agresor, como es la denuncia, puede durar horas. Según datos del Observatorio de la Violencia sobre la Mujer del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), en el segundo semestre del año, a los juzgados sevillanos llegaron 1.434 mujeres; la mayoría (1.029) eran casos de denuncias que habían tramitado los cuerpos policiales a partir de la denuncia de la víctima. Y en sólo 80 casos la Policía intervino de oficio sin que mediara petición de ayuda.

Cuestionarios controvertidos

Después de recoger la denuncia, un policía recibe a la víctima y en esa entrevista, que se basa en un cuestionario, el agente tiene que definir el riesgo en una escala que va desde el no apreciado al muy alto. Éste último determina que hay muchas probabilidades de que la denunciante sufra una agresión grave.

Desde que se establecieron esos cuestionarios para valorar policialmente el riesgo y que el juez tiene en cuenta para acordar medidas de protección, el Ministerio del Interior los ha modificado en varias ocasiones. En el verano de 2016 se presentaban los nuevos test de evaluación que sustituían a los que estaban en vigor desde 2007. Entre 2012 y 2013 habían sido asesinadas nueve mujeres que habían sido evaluadas previamente por los cuerpos policiales.

Sin embargo, esos nuevos test tampoco funcionaron para el caso de Stefani María González, una vecina de 26 años, vecina de Olivares, a la que tampoco detectaron riesgo un mes antes de que la apuñalara mortalmente su expareja. Interior anunciaba este pasado mes de octubre una nueva revisión de los cuestionarios.

Uno de los agentes de la UFAM acompaña al hijo de la última víctima de Sevilla
Uno de los agentes de la UFAM acompaña al hijo de la última víctima de Sevilla - Raúl Doblado

A falta de unos cuantos días para cerrar el año, en la estadística de víctimas de violencia machista computa una vecina de Sevilla. Se trata de Fátima, la joven vecina de Los Pajaritos que fue asesinada por una expareja en el rellano de la escalera del bloque donde ambos vivían. Es, sin duda, la peor experiencia que les ha tocado vivir este año a los agentes de la UFAM; los primeros que acudieron a la calle Carena tras los compañeros de Seguridad Ciudadana que se encontraron a la víctima, ya sin vida, en el suelo.

«Lo peor es cuando los niños se quedan callados después de transmitirles una noticia tan terrible como el asesinato de su madre»

Parte del trabajo que desempeña esta unidad quedó reflejado a la perfección con la portada que publicó ABC al día siguiente del crimen. En la fotografía de Raúl Doblado se veía a uno de los agentes de la UFAM acompañando y protegiendo con su brazo a uno de los hijos de Fátima. «Esa fotografía decía mucho y os lo agradecemos», señala el agente protagonista de aquella portada.

Mientras el Grupo de Homicidios se afanaba en aclarar las circunstancias del crimen y en la localización del autor, la prioridad para otros funcionarios era aislar a los menores –las otras víctimas de aquel asesinato– de cualquier presión. Incluso taparon con sábanas los restos de sangre que había en la escalera para que el más pequeño de los dos, que estaba en su casa, no los viera. «Sacamos al niño de la casa después de que se llevaran el cuerpo de la madre. Antes habíamos llamado al director del colegio de la hermana para que la sacara de la clase y la aislara. Por encima de todo no queríamos que se enterara de lo que le había pasado a su madre por las redes sociales».

Con los dos niños ya en comisaría, tocó contarles lo que había pasado. En este punto de la entrevista, a la inspectora de la UFAM, con muchos años de experiencia en temas de menores, le cuesta seguir. «Lo peor es cuando se quedan callados después de transmitirles una noticia así». ¿Le ocurrió a algunos de los dos hermanos? «Sí, al niño y eso es preocupante». A la inspectora se le cae el uniforme en ese instante y sale a relucir su faceta personal, la de madre. «Es muy difícil no pensar en los tuyos cuando ocurren cosas así».