La Catedral respira
Unos trabajadores flanquean el pilar cuyos sillares ya han sido sustituidos. NIEVES SANZ

La Catedral respira

POR MARÍA JOSÉ CARMONA
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Uno de los dos pilares del trascoro de la Catedral cuyas grietas obligaron a sustituir la piedra, está prácticamente terminado. Así lo aseguraron ayer el vicario general de la Archidiócesis, Francisco Ortiz; el maestro mayor del Templo Metropolitano, Alfonso Jiménez, y José Luis Manzanares, coautor con Jiménez del proyecto de sustitución de dos pilares del trascoro de la Catedral cuyas grietas han obligado a cambiar las piedras que lo revestían por otras diez veces más resistentes.

Como ya adelantó ABC, las obras en los pilares terminarán el próximo verano, concretamente a finales de junio, aunque el pasado viernes ya se colocó el último de los sillares del pilar situado a la izquierda del trascoro. Esas obras cuyos estudios previos comenzaron en 1997, tienen un coste de casi 1,4 millones de euros que aporta el Ministerio de Cultura. Los mencionados estudios anteriores a las obras así como los andamiajes que han sido necesarios han sido costeados por el Cabildo Catedral que aportó alrededor de 1,2 millones de euros.

Con motivo de la visita que ayer se giró a las obras, Alfonso Jiménez dijo que esos trabajos han permitido además de recuperar esos pilares constatar que la Catedral «respira» diariamente. Aunque el movimiento registrado por el sistema de auscultación electrónica con el que se ha dotado a los pilares suele ser de milímetros, ha habido días en los que en la clave se han llegado a registrar elevaciones de hasta dos centímetros debido a la humedad y a la temperatura.

Ese movimiento, que es predecible y que no representa peligro alguno para el monumento gótico más grande del mundo, ha sido aprovechado para quitar los sillares de endeble piedra arenisca procedente de canteras gaditanas que recubría la fábrica de ladrillo de los pilares, y para poner los nuevos, diez veces más resistentes. El maestro mayor afirmó que los pilares estaban partidos por los terremotos y porque probablemente la Catedral de Sevilla sea la que menor resistencia de la piedra tiene de todo el mundo.

Para que la sustitución esté siendo posible se ha recurrido a una estructura metálica que, como dijo Jiménez, actúa como una «férula». Cuando acabe la sustitución de los sillares, el pilar se pondrá definitivamente en carga y las que actualmente soportan los tubos metálicos de apeo serán transferidas a la columna. Sólo cuando se haya alcanzado la máxima resistencia se retirará la estructura. Para la sustitución se pudo recurrir al hormigón armado pero finalmente se optó por desmontar y volver a montar los sillares y todo ello manteniendo el templo abierto al culto y a las visitas.

Limpieza en el resto

El resto de los pilares no necesitan ser sustituidos porque su estado no lo aconseja. No obstante, según adelantó Alfonso Jiménez, podrían limpiarse los más cercanos para unificar el color entre ellos.

En la sustitución se han movido aproximadamente 47 metros cúbicos de piedra lo que ha supuesto manipular un peso total de unas 98 toneladas. La pieza más pesada, tiene 290 kilos y la más ligera 95. En total están siendo sustituidos 576 sillares.

Las obras propiamente dichas comenzaron el 25 de mayo de 2007 y se han desarrollado en tres tramos. Se calcula que el pilar cuya piedra ha sido sustituida se contruyó hacia 1435 bajo la dirección del maestre Carlín. Entre 1918 y 1925 el arquitecto Joaquín de la Concha sustituyó todo el forro decorativo de la base