«Comunidad incluida, cocina completa, buen precio...»

Se suele decir que la vida del estudiante pasa entre libros, exámenes y, por supuesto, juergas. Pero una parte muy importante de esa vida es el lugar en el que se aloja el alumno y en el cual desarrolla gran parte de su actividad. Pisos, residencias y colegios mayores son las opciones tradicionales, a las que ahora se añade la convivencia con mayores o el alquiler de habitaciones.

SEVILLA. R.M.M.
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«Comunidad incluida, cocina completa, aire acondicionado, todo incluido»... estas palabras son muy comunes para cualquier estudiante de fuera que emprende la búsqueda de alojamiento.

Los más avisados comienzan esa búsqueda en junio. Sin embargo hay una excepción: si se quiere gozar del privilegio de estar en uno de los colegios mayores de la ciudad, es necesario que los jóvenes realicen antes la reserva, ya que en muchos lugares hay lista de espera. Ya sea por la comodidad de no hacer ninguna tarea de la casa o por el gran número de servicios que ofrecen (instalaciones deportivas, piscinas, actividades culturales), los colegios mayores toman cada vez más fuerza en la vida universitaria. El precio es más elevado que el de un piso (un promedio de 80.000 pesetas), pero a cambio el joven sólo tiene que dedicarse a estudiar, olvidándose de todo lo demás.

PISOS COMPLETOS

Para encontrar un buen piso de estudiante, el verano es el mejor momento. Puntos importantes son no tener que pagar durante el verano para mantener el piso durante el siguiente curso y gozar de una habitación individual dentro de él. Además, si hasta hace poco era común no tener siquiera televisor, ahora se ofrecen todo tipo de electrodomésticos, incluso aire acondicionado.

Una de las dudas a la hora de alquilar un piso es si la convivencia entre compañeros será difícil, sobre todo cuando los inquilinos son desconocidos hasta el momento de mudarse. Para ello lo mejor es prevenir, y buscar gente con aficiones y ritmos de vida parecidos, pero si la convivencia es un desastre, el estudiante tiene derecho a no quedarse hasta el final del contrato.

Los que prefieren un piso lo hacen por la independencia que ello supone al carecer de horarios o porque resulta más barato que un colegio mayor. Pero también está el programa de convivencia con personas mayores, discapacitados y madres que necesitan ayuda, donde a cambio de colaborar con las tareas de la casa, los jóvenes tienen alojamiento y comida. Además estas tareas se realizan en horarios compatibles con los estudios. El programa está puesto en marcha por el Sacu (en el pabellón de Uruguay), donde también se puede consultar la bolsa de alojamiento y vivienda.

Y si estas opciones no satisfacen al estudiante, cada vez hay más familias y personas que viven solas que alquilan habitaciones individuales, al estilo de una residencia pero sin tantos jóvenes, lo que puede resultar muy bueno a la hora de estudiar. El precio de estas habitaciones suele ser menor que el de un colegio mayor y residencia, y la convivencia se hace más fácil al haber menos personas.