Santa Catalina, en la encrucijada, cuando no había quien la salvara
Santa Catalina, en la encrucijada, cuando no había quien la salvara - J. J. COMAS GONZÁLEZ
PATRIMONIO

El vía crucis de Santa Catalina

Catorce años, catorce estaciones de fatigas que ha tenido que superar el templo hasta verse por fin restaurado

SevillaActualizado:

Pasará el tiempo y en el recuerdo quedará cómo Sevilla abandonó a su suerte durante años un monumento que, además de su altísimo valor artístico, arquitectónico y sentimental, reunía entre sus centenarios muros todas las etapas históricas de la ciudad. Santa Catalina, desde su cierre definitivo aquel 4 de junio de 2004, ha pasado un auténtico calvario, un vía crucis. Catorce años, como catorce estaciones, que bien podrían resumirse en un manual de cómo echar balones fuera. Hoy, 24 de noviembre de 2018, volverán a abrirse las puertas del templo para que regresen las imágenes que llevan exiliadas 5.286 días. Volverán los hermanos y feligreses a la casa en la que crecieron en la fe, donde se bautizaron y se casaron. Volverán las generaciones que no lo conocieron. Otros no podrán volver.

En el gozo por la reapertura de uno de los templos más importantes, hoy es un día para echar la vista atrás y aprender de los errores. Que nunca nadie olvide el vía crucis que las instituciones y hasta la sociedad civil ha sometido a este monumento a la desidia durante tantos años. No se salva nadie.

En aquella Sevilla de hace casi tres lustros, en este ABC se hablaba sobre todo del metro, y también de las Atarazanas. No han cambiado mucho los temas de debate desde entonces, señal de que la ciudad no es capaz de superar sus retos. Y eso mismo le pasó a Santa Catalina que, a lo largo de catorce años, ha rellenado cientos de páginas con promesas que llamaban a la esperanza y que acababan en papel mojado.

Una de las últimas misas en Santa Catalina
Una de las últimas misas en Santa Catalina - J. J. COMAS GONZÁLEZ

En noviembre de 2003, un informe del arquitecto Francisco Granero hacía saltar todas las alarmas: Santa Catalina estaba muy enferma. El párroco de por aquel entonces, Antonio Hiraldo, avisó de que había numerosas filtraciones de agua y deslizamiento de tejas. Ésta fue la primera estación del vía crucis. En año de elecciones generales y andaluzas, justo tras los atentados del 11 de marzo en Madrid, todos prometían oro, incienso y mirra. La recién estrenada consejera de Cultura de la Junta, Rosario Torres, declaraba en una entrevista en ABC nada más tomar posesión que «Santa Catalina entra en los planes inmediatos de la Consejería». El Ayuntamiento, lejos de la batalla electoral, se ponía de perfil. Y Granero ponía la pelota en el tejado municipal: «Santa Catalina es una gran oportunidad para ponerse la medalla al valor urbanístico». Nadie recogió el guante, aunque a primeros de junio de aquel año Urbanismo anunció que dedicaría 8.000 euros a obras de urgencia. Y ahí se quedó todo. Apenas unos días más tarde, el día 4, la Virgen de las Lágrimas salía del templo. Se cerraban las puertas. Nadie podía imaginar que no regresaría hasta 5.286 días después. Segunda estación.

El Salvador, un oasis

Pasaron cuatro años en los que nadie movió un dedo. Todo se quedaba en buenas intenciones. En 2008 reabrió el Salvador, un ejemplo de movilización civil y de las administraciones para salvar una joya patrimonial. Entonces, se acordaron de Santa Catalina. Urbanismo intentó lavar sus vergüenzas y anunciaba que había iniciado ya el proyecto de restauración integral. Sin embargo, por el templo no asomó durante meses ni un sólo técnico. La Junta y la Iglesia habían fracasado en su objetivo de reunir los 500.000 euros que hacían falta para acometer la primera fase, la relativa a las cubiertas.

Entonces, el Ayuntamiento sí se erigió como salvapatrias. En Urbanismo estaba, precisamente, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, curiosamente hermano de la Exaltación y, actualmente, delegado del Gobierno. Se comprometía a iniciar antes del final de aquel año las obras. Era un «empeño personal», decía. En 2009, comenzaron estos trabajos presupuestados finalmente en 807.000 euros y aportado a medias entre la Gerencia y la Consejería, que concluyeron en 2010.

La actriz María Galiana participó en la manifestación por Santa Catalina
La actriz María Galiana participó en la manifestación por Santa Catalina - VANESSA GÓMEZ

#SalvemosSantaCatalina

Así, hasta 2012. Se cumplían ocho años de la clausura y nadie le había metido mano a las siguientes fases. La situación del Monumento Nacional era crítica, no en vano, el arquitecto lo advertía: «Se está cayendo». Entonces, la plataforma civil #SalvemosSantaCatalina liderada por José Javier Comas González promovió una serie de manifestaciones ante el templo lanzando un SOS para sensibilizar a las administraciones. Se pedía un convenio a tres bandas (Ayuntamiento, Arzobispado y Junta de Andalucía) y se aportaba una cuenta bancaria para ingresar los tres millones necesarios para la restauración. La Iglesia, pese a que se le criticó su «tímida actitud», puso sobre la mesa los 500.000 euros necesarios para las cubiertas, aunque tanto el Consistorio como la Junta le adeudaban 360.000 euros del adelanto de la financiación de las obras de la primera fase. La Junta no volvió a poner un duro.

En este contexto, la gran crisis económica supuso otro gran obstáculo. La Archidiócesis no tenía liquidez, ya que había priorizado las obras en Santa María la Blanca. En el gobierno de la ciudad estaba el popular Juan Ignacio Zoido, que en campaña prometió que durante su mandato quedaría restaurado el templo. No se cumplió, aunque el Ayuntamiento se comprometió a financiar al 50% con el Arzobispado la segunda fase, que comenzó en 2014. Antes de las elecciones municipales de 2015, Zoido firmó un convenio por el que Emasesa patrocinaría parte de la tercera fase. Sin embargo, al llegar Espadas a la Alcaldía, anuló el convenio. En 2016, el Ayuntamiento aununció que aportaría la mitad del dinero necesario y, en abril del año siguiente, comenzó la obra. Sin embargo, al poco tiempo un juzgado ordenó paralizarlas. La denuncia de la constructora San José, encargada de la segunda fase de los trabajos, por discrepancias sobre las cantidades a pagar con el Arzobispado, paralizó las obras. Para más inri, el apoderado de dicha empresa era el por entonces hermano mayor de la Exaltación, José Manuel Marcos, cofradía a la que la Archidiócesis reclamó el pago de 600.000 euros por la parte alícuota de su propiedad en el templo por las obras.

La iglesia de Santa Catalina en la fase final de las obras
La iglesia de Santa Catalina en la fase final de las obras - VANESSA GÓMEZ

Los trabajos se reanudaron en verano y hoy, 24 de noviembre de 2018, tras catorce años, cinco meses y 20 días, la iglesia reabrirá sus puertas para acoger a las hermandades exiliadas. Mañana, día de la festividad de Santa Catalina y de Cristo Rey, quedará inaugurada. Se acaba así el vía crucis de un templo. Sirva esta historia para recordar para siempre cómo no debe afrontarse la rehabilitación de un monumento en Sevilla.