Detalle de la Cruz del Arquillo, antes de sufrir los recientes ataques vandálicos
Detalle de la Cruz del Arquillo, antes de sufrir los recientes ataques vandálicos - Fran Piñero

La cruz del Arquillo y el fin de la Inquisición en Sevilla

El crucifijo, que ya fue objeto de ataques en 2008, encierra una compleja historia

Fran Piñero
SevillaActualizado:

El reciente ataque vandálico a la Cruz del Arquillo de Sevilla vuelve a poner de actualidad una pieza escultórica que pasa de lo más desapercibida en el conjunto de la Plaza de San Francisco, tanto en su aspecto como en su historia.

El crucifijo, que ya fue objeto de ataques físicos hace ahora más de una década (2008), y de algunas restauraciones y trabajos de limpieza hasta nuestros días, se integra a la perfección en la fachada del Ayuntamiento hispalense por el aspecto de su material, casi mimético con el conjunto.

Como si no quisiera exhibirse del todo, en especial si se compara con la evidencia de la Cruz de las Culebras, en la plaza del Salvador, la Cruz de San Jacinto o la «Santa Cruz» de Cerrajería, la que remata la construcción de Diego de Riaño es símbolo de un pasado que no lo es tanto: la Inquisición.

La cruz pasa desapercibida en el conjunto
La cruz pasa desapercibida en el conjunto - Fran Piñero

Ese es el apelativo por el que se conoce al crucifijo, compartido con el de «Las siete cabezas», en referencia al número de querubines que se distribuyen a lo largo de este pétreo «madero» que simula lo arbóreo… desde 1903.

Tres siglos, dos cruces

No obstante, la cruz integra la intersección de la Sala Capitular con el Arquillo desde 1703, y no precisamente para servir como recuerdo del extinto Convento Casa Grande de San Francisco, sino como indicio del último auto de fe celebrado en la plaza.

Inicialmente, la escultura era lisa, sencilla, pero al no encajar con la estética plateresca se optó por cincelar una nueva, añadiéndosele los motivos vegetales y celestes ya referidos.

El cambio del crucifijo no fue el único que experimentó este rincón, especialmente con la reforma de Demetrio de Los Ríos en el siglo XIX. Para empezar, la escultura la flanqueaban dos puertas, mientras que una de ellas se convirtió en ventanal, la que daba acceso a la Sala de los Fieles Ejecutores de la Justicia Real (el crucifijo también se conoce como «de los Ejecutores»).

Fachada del Ayuntamiento donde se encontraba el balcón de forja
Fachada del Ayuntamiento donde se encontraba el balcón de forja - Fran Piñero

Y, lo más vistoso, llegó a haber un balcón de forja sobre la Sala Capitular, que hoy es fachada «lisa», realizado por el autor del Giraldillo, Bartolomé Morel.

El fuego del Santo Oficio

Sin embargo, lo que la cruz representa es el último auto de fe celebrado en la plaza de San Francisco, no en toda la ciudad. Hubo que avanzar hasta prácticamente el final el siglo XVIII para ver el fin de las ejecuciones.

El último caso de muerte en la hoguera, por ejemplo, se produjo en 1781 y tuvo como paradójica protagonista a una monja a la que se acusó de intensa herejía, como «demostraron» las 157 páginas de su sentencia.

El «Quemadero» se encontraba en el Prado de San Sebastián, lugar al que llegó la anciana y ciega «Beata Dolores», nunca retractada de defender el molinosismo, doctrina del místico Miguel de Molinos.

Sevilla, por tanto, tuvo el poco honroso honor de ser el último lugar de España (y el primero, justo 300 años antes) en desarrollar una ejecución inquisitorial con fuego.

Valencia podría el epílogo, por horca, durante la Década Ominosa, cuando los tribunales se conocían como Juntas de fe.

Lugar donde se encuentra, «semioculta» la cruz
Lugar donde se encuentra, «semioculta» la cruz - Fran Piñero

La llegada al trono de Carlos IV, en el último tercio de la centuria, supuso una importante búsqueda del progreso social, pareja a una pérdida de privilegios de la aristocracia y, sobre todo, la Iglesia.

Pero el fin de la Inquisición llegaría con José Bonaparte y, con carácter definitivo, con la Regencia de María Cristina. En 1834 se firmó el Real Decreto de su abolición.

La Cruz del Arquillo no sólo no se retiró, sino que fue renovada 70 años después, y restaurada del vandalismo en 2008.

Además, existe una segunda cruz, prácticamente réplica, adquirida por el Conde de Aguiar, Andrés de Parladé, que puede contemplarse en uno de los patios de la Casa Guardiola. Entonces palacio del noble. Hoy lugar de celebración de eventos.