Tarde de cucaña en la zapata del río - Cristina Quicler Vídeo: Antonio Periáñez

Velá de Santa Ana en Triana 2018La cucaña, el arraigo de los trianeros más nostálgicos

Esta cita acuática está presente desde hace más de un siglo en la Velá de Santiago y Santa Ana

SevillaActualizado:

El pasado sábado Francisco Rivera Ordóñez recitó su pregón dando la bienvenida un año más a la Velá de Santiago y Santa Ana a la ribera del río Guadalquivir. Para aquellos que no están de vacaciones es una oportunidad agradable de interrumpir la rutina en una ciudad desolada y colorear un par de días con la alegría que sólo Triana sabe dar.

Este año, para más inri, los trianeros hinchan orgullosos el pecho con el reciente nombramiento de Fiesta Mayor de Sevilla, aunque para algunos esta catalogación no ha sido muy comprendida. Afortunadamente, siempre hay abuelos con memoria y madres con nostalgia que a través de sus batallitas personales saben transmitir la verdadera identidad de la Velá y de su cucaña.

Para los trianeros de generaciones la Velá no empieza cuando finaliza el acto en el antiguo Hotel Triana, sino cuando la primera bandera se erige en el extremo del mástil de la cucaña. Antaño el arrabal trianero no se parecía en absoluto al barrio que es ahora, hinchado de comercios dirigidos al turista y de apartamentos con huéspedes de quita y pon. Hubo un tiempo, no tan lejano, en el que los abuelos se asomaban al balcón para ver cómo la juventud literalmente se despeñaba en el río, algunos sólo por el lujo de poder darse un chapuzón.

La cucaña es mucho más que un barco con un mástil lleno de grasa, más que una mera competición, para muchas familias del barrio era poder sumar algún dinero extra o, si se era un auténtico virtuoso, incluso ganar una paletilla. En definitiva, era regalar unos días de fiesta entre tanta necesidad que invadía las paredes de Triana.

Una tarde de cucaña
Una tarde de cucaña - ABC

Velá de nombres propios

Durante toda su historia, hubo clanes familiares que despuntaban en el arte de deslizarse por el mástil, comenzaron a coexistir familias especializadas en la cucaña y que como auténticos cracks del fútbol eran vitoreados cada tarde en la zapata de la calle Betis. Familias como los Malinos o los Jeromos con cuidadas e identificativas técnicas que mantenían la cabeza de muchos entretenida sobre el poyete. Y el único estrato social que existía en ese momento se basaba en lo virtuoso que podrían o no ser sus piruetas encima del Gangui, nombre por el que se conoce a este barco.

Y si hablamos de popularidad, cabe mencionar a aquellos como Antonio Rodríguez Berrocal ‘Zeppelín’ o Paco Monclova, los cuales pusieron su grano de arena para que la Velá que se conoce hoy en día sea como es. El primero por ser un gran ciclista español y fomentar este deporte en los trianeros más pequeños, de ahí que cada año se celebre la Clásica Memorial Antonio Rodríguez Zeppelín. Mientras que Monclova, dueño de «Los Chorritos», instauró el olor de sardinas asadas de los espetos en la Velá.

En la actualidad, los nietos o bisnietos de aquellas familias probablemente no habrán pisado la grasa de la cucaña, pero a buen seguro han escuchado apasionadas historias de cómo sus antepasados pasaban «los días señalaítos» en remojo, pedaleando o surtiendo de víveres a sus semejantes. Cada año, se reviven aquellas hazañas que, al igual que las avellanas verdes, configuran lo que es y ha sido siempre la Velá de Triana. Tradición, familia y convivencia, ¿se necesitan más argumentos para aceptar que es una Fiesta Mayor de Sevilla?