Juanita Reina
Juanita Reina - EFE

Dos décadas sin Juanita Reina

El día de San José del año 1999 la copla enmudeció y Sevilla se estremeció por el fallecimiento a los 74 años de Juanita Reina Castrillo, la gran «Reina de la Copla»

SevillaActualizado:

Dicen que el 19 de marzo de 1999 la copla enmudeció. Ese día falleció en una clínica sevillana rodeada de su familia la gran señora de la copla, Juanita Reina, artista que paseó por todo el mundo su arte y humanidad antes de descansar para siempre en el lugar que el cementerio de San Fernando de Sevilla tiene reservado para los grandes. Aquel día, la voz de «Francisco Alegre», «Capote de grana y oro», «Madrina», «Yo soy esa» o «Las cinco farolas» se apagaba rodeada de sus familiares en una clínica de la capital andaluza tras una larga enfermedad. El Ayuntamiento de Sevilla acogió la capilla ardiente antes del funeral, celebrado en la Macarena, que despidió a quien había llevado a Sevilla por bandera, la ciudad que tanto quería y que tanto la quiso.

Primogénita de nueve hermanos, vivió en el barrio de la Macarena y aprendió a bailar en la Academia de Enrique El Cojo. Fue devota de la Virgen de la Macarena, de quien fue Camarera de Honor. El 14 de junio de 1964 contraía matrimonio en su basílica con Federico Casado Algrenti «Caracolillo», donde «una multitud esperaba a los novios» que recibieron la bendición del cardenal Bueno Monreal, y fruto del cual nació su hijo Federico, hoy psicólogo y experto en comunicación y cine.

Dijeron las crónicas de entonces que con su muerte, «Sevilla se estremeció, con Juanita Reina se ha ido parte de su historia y de su sentir aunque ella, generosa, nos dejó su arte en las muchas coplas con las que deleitó a los sevillanos, a los andaluces, a España y al mundo entero». «Que le pongan lazo negro a la Giralda», escribía Manuel Ramírez, «se nos ha ido la Reina de la copla para inundarnos los ojos de lágrimas y que por el corazón de su Macarena —su Virgen, su barrio, su vida y su muerte— corra el repeluco emocionado de una Sevilla que la amó en la misma medida en que ella, Juanita, le quiso: con toda su alma», escribió.

Portada del 20 de marzo de 1999
Portada del 20 de marzo de 1999 - ABC

«Mujer extraordinaria»

«Ha sido una mujer extraordinaria por su bondad, su entrega a la ciudad y su arte», recordaba Soledad Becerril. Para Sara Montiel, fue «una artista maravillosa que marcó un estilo y una época, tanto en las canciones del maestro Quiroga, como en el cine, especialmente con sus éxitos de los años cuarenta»: títulos como «La Blanca Paloma», «La Lola se va a los puertos» o «Sucedió en Sevilla», hasta un total de quince películas. Para Raphael supuso «uno de los grandes ídolos de su vida, e incluso se iba día tras día al gallinero de los teatros donde actuaba», mientras que Florinda Chico se declaraba «la más ferviente admiradora». Carlos Herrera recordaba «desolado» bajo el título de «Azabache», el musical presentado en el Auditorio de la Expo’92 en el que el comunicador la escuchó por última vez: «era el arte que anda, la sevillanía pura, la copla creada y recreada en una persona que inventa una forma de decir la copla y luego la siguen un montón de personas», escribía. Manuel Ríos dijo de ella que, según su biógrafo José Blas Vega, «nadie puede negarle el importante papel que ha representado durante cincuenta años en la canción, convirtiéndose en una figura mítica». «Sevilla y España entera la van a llorar. Era una diosa de la copla, un monstruo», afirmaba Carmen Sevilla, y Santiago Castelo recordaba que Rafael de León la definió como «una cantaora». «Una dama de los escenarios y un referente obligatorio para entender la España de los años cuarenta, cincuenta y sesenta».

Entre los reconocimientos que recibió a lo largo de su vida se encuentran la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, el lazo de dama de la Orden de Isabel la Católica, la Medalla de Oro de Andalucía, una glorieta en el Parque de María Luisa, a título póstumo recibió el reconocimiento de hija predilecta de Sevilla y la fundación con su nombre construyó su mausoleo en el Cementerio de San Fernando, por suscripción popular.