la última de...| Román Barabash Neila, PREMIO DE EXCELENCIA MIR EN DERMATOLOGÍA
«La Dermatología española es fuerte e imparable»
Retengan este dato: en cinco años, el departamento de Dermatología del Virgen del Rocío recibe tres premios de excelencia mir, siendo este el segundo año consecutivo en obtenerlo. Román Barabash Neila es su destinatario.

—Me ha dicho su jefe, el doctor Julián Conejo Mir, que es usted un auténtico líder, que trabaja cómodamente en equipo y que, pese a su talla, es un tipo humilde. Yo creo que le cae usted muy bien…
—Eso me lo trasmite él, en muchas ocasiones con su actitud, así que será verdad. Lo del trabajo en equipo siempre es fácil con un grupo como el nuestro.
—Sin exagerar ni un ápice mantiene el doctor Conejo Mir que «los viejos médicos aprenden de los residentes y son los que los reciclan». Estoy seguro de que no le llevará la contraria al jefe…
—¡Ni se me ocurre! Es muy curioso y gratificante ver el trasvase de conocimientos que se produce entre las distintas generaciones de profesionales, pero que conste que es bidireccional…
—El premio que se le otorga, en realidad, viene a reconocer de forma implícita que es usted el mejor residente del Virgen del Rocío donde, creo, hay cuatrocientos residentes de todas las especialidades…
—La verdad que estoy muy contento y agradecido.
—¿Estos premios se dan por alguna investigación singular o cuáles son los baremos que hay que alcanzar para lograrlo?
—Influyen diferentes méritos de la actividad desarrollada durante la residencia, incluyendo aspectos de docencia, investigación y, como no, de labor asistencial, que para mí es siempre la fundamental.
—¿Por qué eligió estudiar Dermatología?
—Es una especialidad completa, médica y quirúrgica, y está llena de retos y avances continuos….. y, por supuesto, por que no tenía guardias. !! Odio dormir fuera de casa!!!
—Hoy por hoy es una de las especialidades preferidas entre los estudiantes de Medicina. ¿Da mucho dinero la estética?
—Eso parece, aunque en los tiempos que vivimos esa bonanaza no es la que era.
—También los avances en el cáncer de piel son considerables. ¿Piensa como dicen algunos dermatólogos que la mejor manera de tomar el sol es en un chiringuito y con la gorra playera puesta?
—Hombre un poco de crema fotoprotectora no viene mal además. Yo a mis pacientes con cáncer cutáneo que viven atemorizados por el sol, les insisto en que tienen que disfrutar de su tiempo de ocio sin angustias, por su puesto yendo a la playa, pero que lo hagan con sentido común.
—Últimamente hemos visto reconstrucciones faciales verdaderamente asombrosas. ¿Qué papel juega la dermatología en ese tipo de intervenciones extremas?
—Son trabajos en los que intervienen múltiples disciplinas de la salud y los dermatólogos tenemos nuestro lugar.
—Volvamos a su premio. Creo que ganarlo, anteriormente, te prorrogaba seis meses el contrato con la empresa. ¿Ahora en qué consiste?
—Actualmente es un premio económico, aunque lo más importante es la motivación que genera y la satisfacción del reconocimiento de los compañeros.
—Usted ha trabajado, publicado y estudiado durante cuatro meses en San Francisco, en uno de los mejores servicios de Dermatología de EE.UU. ¿Es fundamental salir fuera?
—Para mí ha sido una experiencia increíble y te abre mucho la mente con respecto a nuevas formas de trabajar y otras realidades de organización de sistemas sanitarios. Además la ciudad es genial.
—No obstante tengo entendido que España es una de las potencias internacionales reconocidas en su especialidad…
—Sin duda, y no creo que haya nada fuera a lo que no podamos aspirar o a lo que no lleguemos nosotros. La Dermatología española es fuerte e imparable.
—¿Se ve usted trabajando en España o fuera de España?
—(Risas) Para eso soy más «tradicional». Me gustaría quedarme en mi ciudad, la verdad.
—¿A veces una buena caricia es la mejor medicina para una piel maltratada?
—Estoy de acuerdo. Mis pacientes favoritos son las personas mayores y aunque con ellos en ocasiones, no hay posibilidades de mejoría médica, te agradecen de forma conmovedora que mantengas una actitud cariñosa.
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