Medición médica de las dimensiones de un lunar
Medición médica de las dimensiones de un lunar - Nieves Sanz
Salud

La detección del melanoma de forma precoz eleva la supervivencia al 90 por ciento

La dermatóloga Teresa Ojeda alerta de que la ciudadanía no asume los riesgos que supone la sobreexposición al sol y apuesta por la autoexploración y las revisiones médicas anuales como factores para «salvar vidas»

Sevilla Actualizado: Guardar
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La aparición de «quemaduras» en la piel estos días sigue siendo habitual entre aquellos que se encuentran disfrutando de sus vacaciones en la playa, en la montaña o en el campo. Como habitual es, lamentablemente, que la ciudadanía no sea consciente de los riesgos que asume al exponerse a la radiación solar, entre ellos, sufrir una enfermendad en la piel como el cáncer.

El más conocido y peligroso, aunque no el más habitual, es el melanoma, cuya detección a tiempo por los sanitarios puede llegar a elevar la supervivencia de los pacientes al 90 por ciento. Así lo ha asegurado a este periódico la doctora Teresa Ojeda Vila, dermatóloga del Hospital Quirónsalud Infanta Luisa de la capital andaluza.

Ella, con años de experiencia a sus espaldas, se muestra convencida de que la población, a pesar de la «tabarra» que dan los dermatólogos y el papel de difusión de los medios de comunicación en este sentido, «no» tiene conciencia de los riesgos y peligros de la sobreexposición al sol», como demuestra el hecho de que siguen registrándose «muchos casos» de personas con las típicas lesiones solares, sobre todo, en niños, donde son «muy peligrosas».

No por sabidas, pierden importancia las recomendaciones habituales que ofrecen los dermatólogos para aquellas personas que inician su periodo estival con el propósito de evitar esas «quemaduras». «Protección solar con factor 50, renovar su aplicación cada dos o tres horas y evitar la exposición directa en las horas centrales del día».

Pero Ojeda añade algunos consejos más sobre la protección física con el uso de gorras, gafas de sol o situarse en las zonas de sombra. Estos comportamientos ayudan a prevenir que en un futuro lejano, o no tanto, se pueda sufrir algún tipo de enfermedad en la piel como un cáncer, cada vez más habitual en edades jóvenes.

El más mortal

El cáncer más frecuente es el carcinoma basocelular, que puede llegar a afectar a una de cada tres personas. Aunque no suele ser causa de muerte, sí tiene un alto poder de destrucción de tejidos. Según la especiailsta de Quirónsalud Infanta Luisa, este tipo de cáncer aparece en zonas del cuerpo fotoexpuestas como la cara, pudiendo afectar a los ojos o la nariz, incluso causando su pérdida.

El más conocido y peligroso es el melanoma, pero por suerte no es el más frecuente. De hecho, sólo el cuatro por ciento de los cánceres de piel detectados es melanoma, que causa el 80 por ciento de las muertes provocadas por esta enfermedad cutánea. El melanoma, en estadio avanzado, presenta «una gran capacidad metastatizante», esto es, puede migrar y afectar a cualquier órgano del cuerpo humano, ya sea hígado, cerebro o pulmón.

Los estudios sobre esta enfermedad son constantes para conocer más en profundidad y con detalles la evolución del melanoma, que pueden surgir de la mutación de lunares existentes en el cuerpo que pasan a ser cancerígenos o de aquellos lunares que salen «de novo» y directamente salen afectados.

En España, donde existen 5.000 nuevos casos al año de melanoma, la incidencia es de diez casos cada 100.000 habitantes y está en aumento. En Andalucía, donde aproximadamente se diagnostican 700 nuevos casos al año, no existen datos oficiales de esta enfermedad, si bien, la propia Teresa Ojeda incluyó en su tesis doctoral, titulada «Tendencia del melanoma. Década 2000-2009», un registro de los casos que existían durante este decenio en 14 hospitales públicos andaluces, que representaba el 64,1 por ciento de la población.

En Sevilla, los hospitales incluidos fueron el Virgen del Rocío y el Virgen Macarena. El registro de Sevilla de 2000 a 2009 en los citados hospitales fue de 845 casos, con un incremento de más del 60 por ciento del número de diagnosticados desde el año 2000 al 2009. «No es la incidencia real pero mostraba una evolución preocupante».

La tasa de mortalidad se ha estancado, mientras la incidencia en la población sigue en aumento

Para la dermatóloga Teresa Ojeda, la autoexploración para conocer «nuestras manchas y lunares» y las revisiones médicas son dos de los factores que más pueden influir para «salvar vidas», pues de una u otra forma conlleva una detección precoz del carcinoma o el melanoma. De hecho, detectar el melanoma en un estadio precoz o T1, esto es, de forma incipiente, eleva la supervivencia a cinco años a un 90 por ciento. En estadios más avanzados (T4), se reduce al 40 por ciento. Es decir, si un médico diagnóstica este 2019 un melanoma en estadio precoz, dentro de cinco años, nueve de cada diez pacientes estarán sanos.

Aquí radica la insistencia de los especialistas en que ante cualquier cambio o modificación que se detecte en los lunares del cuerpo o la aparición de uno nuevo, se consulte al médico. «No tiene que ser un melanoma, pero si lo es y se coge a tiempo, se está salvando una vida». Para una mejor autoexploración, los especialistas en la materia hacen hincapié en la regla ABCD, así como en un seguimiento fotográfico de los lunares de nuestro cuerpo.

La incidencia del melanoma en la población continúa en ascenso, si bien, Teresa Ojeda, dermatóloga del Hospital Quirónsalud Infanta Luisa y del Hospital Virgen Macarena, subraya que la tasa de mortalidad se ha estancado, en parte, gracias al aumento de las consultas a especialistas ante cualquier duda por parte de la ciudadanía. Esto supone mayor número de detección de la enfermedad en estadios poco avanzados.

En esta estabilización del número de muertes por este tipo de cáncer, también influye la accesibilidad a los médicos especialistas en esta materia durante los últimos quince años. No obstante, insiste la doctora en que la gente «se sigue quemando».

La curación del melanoma sigue pasando irremediablemente por el quirófano. Una vez extirpado, algo que debe hacerse «lo antes posible», se analiza y en función del grosor del mismo, lo que marcará la gravedad, se pone en marcha un tratamiento para cada paciente.