En el convento del Socorro de la calle Bustos Tavera la actividad se incrementa en estos días. En la cocina, las monjas no cesan de elaborar pestiños, sultanas, mantecados y cocadas. Díaz Japón

Dulces de conventos de clausura, pan de cada día

SEVILLA. María José Carmona
Actualizado:

Por San Marcos y Bustos Tavera huele a pestiños. Ningún vecino se extraña porque, llegando el frío, en el convento de Santa María del Socorro, como en tantos otros de Sevilla y de su provincia, las monjas se afanan en preparar los dulces que desde el 6 al 8 de diciembre podrán comprarse en la exposición de productos de artesanía de los monasterios de clausura que en esta edición se celebra en el Real Alcázar.

Durante el resto del año, a través de los tornos, también pueden adquirirse los delicados productos que las religiosas de vida contemplativa llevan décadas elaborando para poder subsistir y mantener el preciado patrimonio que guardan y miman en los inmuebles en los que viven.

En el convento del Socorro, de Concepcionistas Franciscanas, los patios y claustros son, como sus moradoras, alegres. Las doce religiosas que lo habitan en la actualidad saben que son las herederas de otras mujeres valientes que llegaron a América hace siglos.

Desde entonces, los encalados muros del convento han visto pasar a decenas de religiosas, todas ellas consagradas a Jesucristo y a María Inmaculada, bajo cuyo amparo no dejan de pensar en cómo pedirle a Dios por todos los que lo necesitan sin por ello olvidar que hay que continuar con la tarea diaria.

Por eso, entre macetas de adpidistras, pequeñas palmeras, coquetas fuentes -con conchas de alabastro y azulejos del Gran Poder-, sor Jesús María, sor Elena y sor Gemma, acompañadas por el resto de las hermanas, como Sor Elisa, baten huevos y los mezclan con almendras y azúcar, o con limón y coco, según ancestrales recetas, que harán las delicias de entendidos y profanos.

TODO EL AÑO

Cada vez son más las personas que saben que cualquier día es bueno para acercarse a un convento y comprar los dulces que elaboran las monjas, pero las Concepcionistas Franciscanas de la calle Bustos Tavera insisten en que nunca se repite lo suficiente, que siempre es buen momento para degustarlos.

Puede ocurrir que quien va a un convento a por alguna de esas exquisiteces se encuentre con que no hay el dulce concreto que se ha ido a comprar. Ello es debido a que todas las especialidades se elaboran con productos naturales y, por descontado, sin conservantes, lo que impide que se puedan preparar grandes cantidades y la economía de los monasterios no es precisamente boyante.

En el convento del Socorro, la cocina y la sala de envasado dan al claustro principal. Batidoras, mangas pasteleras, coladores, cuencos, boles y peroles impecables ayudan al trabajo.

Desde hace unas semanas, las monjas se emplean, aún más si cabe, en preparar sus especialidades cuya elaboración, aseguran, no es complicada, sobre todo porque entre los ingredientes de primera calidad que emplean no faltan el esmero, el tesón, los rezos y el deseo de que Sevilla vuelva demostrar su generosidad y a dejar sin existencias la muestra de los dulces de las monjas.