Irene Villa, durante su intervención - FOTOS: FELIPE GUZMÁN

Ejemplos para vivir que de verdad importan

Irene Villa, Haze y Nando Parrado dieron testimonios de sus vidas y experiencias a más 1.500 jóvenes, a los que quisieron mostrar que no hay barreras ni límites en la vida

sevilla Actualizado:

Más de 1.500 jóvenes fueron ayer la respuesta a la convocatoria del IV Congreso «Lo que de verdad importa», confirmando el rayo de esperanza de que no todo está perdido en el caldo de una sociedad inmersa en una grave crisis de valores. Porque a esos jóvenes que acudieron al encuentro les interesaba aquello que pudieran exponer tres modelos de supervivencia y superación y aprender formas de vivir y de asumir la vida al escuchar experiencias que, a veces, rozan el límite del terror, de la desesperación o del desencanto.

f. guzmán
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La presencia de Irene Villa, que venía a sustituir a Shane O’Doherty, ex terrorista arrepentido del IRA, que no pudo asistir al Congreso, fue el regalo de la jornada con esa inyección de optimismo y de tolerancia que irradia. El suyo es un caso de superación física y psíquica, de romper barreras propias y ajenas, y de huir de cualquier forma de rencor o dramatismo, y, por ello, su mensaje sigue la senda del aserto de que nada es imposible, que se puede superar cualquier adversidad, por muy cruda que sea. Pocas, muy pocas personas, habrán podido remontar con matrícula de honor un atentado terrorista y sus secuelas. En su caso, la pérdida de las dos piernas y de tres dedos de una mano. Pero cuando se escucha a Irene Villa nada se advierte, porque ella lo siente y lo transmite así. Tanto que, la propia narración del atentado, con imágenes en pantalla de ella y su madre tiradas en el suelo, destrozadas, no lleva al pasado terrible sino a un presente de felicidad, logros y consecuciones. Irene no pierde la sonrisa, porque no cuesta nada sonreír, cuando cuenta cómo aquella mañana, con 12 años, le preguntó a su madre: «mamá ¿y si nos ponen una bomba a nosotras?» «No, hija, sólo se las ponen a gente importante», le respondió María Jesús González. «Después nos grabaron en las peores imágenes, las que dieron la vuelta al mundo». Ahí empezó su historia de supervivencia, las operaciones, el dolor, el reconocerse en un espejo de cuerpo entero: «esta soy yo»... Pero no iba a vivir amargada, no se lo permitió a sí misma y decidió con 12 años: «He nacido sin piernas». No era resignación era que no quería acabar «condenada a la tristeza y a la autocompasión». Por eso eligió entre las dos opciones que le dio su madre: «vivir amargados, sufriendo o maldiciendo o mirar hacia adelante y ser feliz». La suya ha sido y es una carrera de fondo: es periodista, psicóloga, deportista —apasionada del esquí, disciplina en la que tiene dos medallas de oro—, hace piragüismo, motonieve, buceo... No ha sido fácil, pero sus máximas de que «se puede ser feliz en cualquier circunstancia», de que no hay que perder la sonrisa, de que no existen límites ni barreras, de que «lo que no te mata te fortalece», de que «el fracaso enseña lo que el éxito oculta»... son claves contundentes, las claves que transmitió ayer junto a la seguridad de que «el odio es un lastre con el que no se puede vivir». Y por eso ha perdonado a aquellos que quisieron romperle la vida, aunque «otra cosa es la justicia». «No digas nunca no puedo», paseándose en el escenario, con esas piernas que «ahora son de titanio, de robocot». El público, de pie, no dejó de aplaudir la mejor lección de «Lo que de verdad importa».

f. guzmán
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También importa la lectura de la vida de Haze, el rapero de Los Pajaritos y su «si yo pude, tú puedes» —que cantó al final de su intervención—, venciendo la inercia de un ambiente que lo abocaba a la droga y la delincuencia. Su vida, sus primeras zapatillas de marca de segunda mano, los veles de compra, la ayuda de Caritas o de las hermanas de la Cruz, las ilusiones rotas, su obsesión por el dinero... y su caída en la droga, el alcohol, los porros, las rayas, el ácido y en un delito menor que lo llevó a la cárcel y ese mes y un día que necesitó «para descubrir lo que de verdad importa». Recordó a los que se quedaron en aquel camino: David, el Nano o el Demonio. Su primera maqueta, que vendió a tres euros desde su casa y que lo catapultó al éxito —hoy tiene publicados cuatro discos y prepara el quinto mientras estudia primero de Filología Hispánica—. El amor, el deporte y el deseo de aprender fueron los ejes de su vida desde entonces, una vida que ha encauzado en la ayuda a los demás, dando charlas y participando en coloquios en los que este hombre que cree en Dios pero «no en el poder eclesiástico», y que se atreve a comparar un cani a un obispo por sus «cordones de oro», «desnuda el alma», para mostrar que lo que de verdad importa es la lucha y la actividad.

f. guzmán
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El testimonio final correspondió a Nando Parrado, superviviente del accidente aéreo de los Andes, que lanzó a los jóvenes la importancia del trabajo en equipo, del liderazgo, del consenso, a los que su experiencia le hace unir la «suerte». Aquel terrible hecho le dio el aprendizajde de que «hay preguntas que no tienen respuesta», como la muerte en el mismo accidente de su madre y su hermana, a las que invitó a aquel viaje. El relato de aquel accidente y de la decisión de comer de los cuerpos de compañeros y amigos, sobrecogió, pero de ello queda el sentimiento de superviviencia que ahora le hace valorar la vida infinintamente y disfrutar cada instante. «Lo más importante que aprendí es que lo importante es el ahora», dijo a los jóvenes.