José Manuel Gata Gata en su consulta de IENSA en Sevilla
José Manuel Gata Gata en su consulta de IENSA en Sevilla - Juan Flores
Día Mundial contra el Alzheimer

«Los enfermos de Alzheimer se duplicarán en veinte años y la ayuda a la dependencia será crucial»

El prestigioso neurólogo sevillano José Manuel Gata Gata recuerda el fracaso de la vacuna contra esta enfermedad: «Hay que ir con calma y no precipitarse para no crear falsas expectativas»

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El neurólogo sevillano José Manuel Gata Gata se formó en el Hospital Virgen Macarena de Sevilla y en el Hospital La Paz de Madrid. Pertenece a la Sociedad Española de Neurología y trabaja en el Instituto de Especialidades Neurológicas (IENSA). Tiene una gran experiencia en tratamientos de esclerosis múltiple, ictus, epilepsia, Parkinson, deterioro cognitivo, demencias y Alzheimer.

Hoy se celebra el Día Mundial contra esta enfermedad, de la que están diagnosticadas más de ochocientas mil personas en España, de las que más de 115.000 son andaluces. Las cifras reales podrían ser muy superiores porque se estima que entre el 30 y el 40 por ciento de los enfermos de Alzheimer están sin diagnosticar. Sólo el Hospital Virgen del Rocío atiende a más de cuatro mil pacientes.

¿El Alzheimer es una enfermedad en expansión?

Probablemente nos estamos enfrentando ya a uno de los más grandes retos que tiene planteada la sociedad en general y la medicina en particular. El progresivo envejecimiento de la población hace que ciertas patologías propias, o más frecuentes en personas de edad avanzada, cobren especial importancia por el aumento de su frecuencia y las consecuencias derivadas de sus cuidados. En concreto, según los últimos datos publicados en la actualización de la Guía de práctica clínica en Demencias de la Sociedad Española de Neurología, se estima que el número de pacientes con demencia debida a la enfermedad de Alzheimer en el mundo se encuentra alrededor de los 40 millones y se espera que esta cifra se duplique en los próximos 20 años.

¿No hay medicamentos que puedan frenar su avance o ralentizarlo?

De los fármacos que disponemos en el momento actual hay que distinguir, en primer lugar, los que han demostrado ser capaces de frenar la progresión del deterioro cognitivo, fundamentalmente aumentando los niveles de acetilcolina, que es la sustancia química que se pierde con la muerte neuronal. Y en segundo lugar, los que van dirigidos a otros síntomas que pueden aparecer, o no, a lo largo de la evolución de la enfermedad. Por ejemplo, es frecuente encontrarnos en estos pacientes alteraciones del sueño o conductuales. Mientras los primeros tienen una dosis más o menos fija, de los segundos hay que utilizar siempre la mínima dosis eficaz para evitar que los efectos secundarios superen a los beneficios.

¿Tiene esperanzas de que se pueda curar algún día?

Vamos por el buen camino. Gracias al esfuerzo ímprobo de los investigadores y después de alguna que otra sonada decepción como la famosa «vacuna contra el Alzheimer» de infausto recuerdo, se están desarrollando varias líneas de investigación con resultados prometedores en los ensayos clínicos que nos permiten mirar al futuro no muy lejano con optimismo.

Decía el doctor Hugo Galera hace dos semanas en una entrevista con ABC que se están creando falsas esperanzas en la curación del cáncer con ensayos clínicos que al final acaban en nada. ¿Eso puede pasar con el Alzheimer?

Eso es lo que precisamente tratamos de evitar. Con la vacuna empezaron a morir pacientes de Alzheimer por encefalopatías relacionadas con la vacuna. A veces se precipitan las cosas y eso tiene consecuencias. Hay que ir con calma y no echar las campanas al vuelo.

¿Cuáles son las vías de investigación actuales?

Fundamentalmente, se están centrando en la búsqueda de biomarcadores fiables. Para entendernos, resultados analíticos en sangre, líquido cefalorraquídeo, pruebas de imagen como PET Tau PET amiloide, etc., que nos permitan asegurar el diagnóstico precoz del que hablábamos. Algunos son ya una realidad, hasta el punto de que comenzamos a hablar de la fase preclínica de la enfermedad, es decir, antes de que aparezcan los síntomas. En cuanto al tratamiento, ya están en marcha varios ensayos clínicos con fármacos dirigidos a eliminar la acumulación de amiloide y contra la proteína Tau, que es lo que, sin ser la causa inicial, desencadena la muerte neuronal.

¿Lo padecen más mujeres que hombres?

No existe una clara diferencia entre sexos y, aunque algunos estudios señalan una incidencia mayor en mujeres, y es cierto que hay más diagnosticadas de enfermedad de Alzheimer, parece más relacionado con la mayor esperanza de vida de las mujeres respecto a los hombres.

«A partir de los 65 años el porcentaje de enfermos de Alzheimer se duplica cada cinco años. Es preocupante»

¿Cuánto más vivamos más riesgo tenemos de padecerla?

Claramente, sí. La edad es el marcador de riesgo más importante, hasta el punto de que menos del 1 por ciento de personas con menos de 50 años tienen demencia; en mayores de 65 años ya sube ese porcentaje al 5% y luego se duplica cada cinco años a partir de los 65. Si hacemos la cuenta, la cifra es más que preocupante.

¿Se están dando casos en personas cada vez más jóvenes?

Probablemente no es que se estén dando casos en personas más jóvenes, sino que la incorporación a la práctica clínica de nuevos criterios diagnósticos y de las nuevas técnicas diagnósticas de biomarcadores, nos permiten llegar a una detección más precoz y precisa, no necesitando, como hasta hace muy poco tiempo, esperar a que la enfermedad evolucione a un cuadro clínico definido.

¿Es fácil de diagnosticar?

Como en otras enfermedades, el cuadro clínico establecido es fácil de reconocer. La dificultad estriba en diferenciar, ante síntomas iniciales, cuáles son debidos al declive cognitivo que ocurre por un envejecimiento normal de los que son patológicos

¿Hay algún síntoma inequívoco de estar desarrollando esta enfermedad?

No. Fundamentalmente, los síntomas incluyen trastornos de memoria, de atención, concentración, funciones ejecutivas y alteraciones conductuales que determinan una afectación en las actividades de la vida diaria que conlleva la pérdida de autonomía del paciente, precisando de ayuda o supervisión por otros. Aunque hablamos del cerebro como un solo órgano sabemos que distintas zonas se encargan de distintas tareas, de manera que cualquier patología que lesione a las neuronas encargadas de una de ellas va a manifestarse con síntomas muy parecidos. Por eso, en neurología hablamos del «síndrome de demencia» como un conjunto de síntomas que nos permite localizar la zona o zonas dañadas, lo que nos orienta hacia las pruebas complementarias más adecuadas para investigar la causa de ese daño.

¿Su diagnóstico precoz ayuda como en el cáncer a evitar o ralentizar su progresión?

Sin poder compararlo al objetivo que se persigue en el cáncer, el diagnóstico precoz es fundamental por tres razones fundamentales. La primera es descartar aquellas otras enfermedades que afectan al cerebro de las que hablábamos antes y que tienen un tratamiento eficaz, curativo o capaz de frenar la progresión del daño para limitar este lo más rápidamente posible. Nos referimos al grupo de las llamadas demencias tratables, como por ejemplo una hidrocefalia a presión normal o una demencia debida a patología tiroidea. La segunda razón es que, aunque sabemos que los tratamientos de los que ahora disponemos no son curativos, sus beneficios, por lógica, serán más apreciables cuanto antes se inicien y el cerebro esté menos lesionado. Y por último, pero no menos importante, un adecuado diagnóstico precoz evitará retrasos en la correcta indicación de los nuevos fármacos que se están desarrollando.

«Si entrenamos nuestro cerebro manteniéndolo activo a lo largo de toda la vida, estaremos mejor preparados para soportar la agresión que supone el Alzheimer»

¿Se puede prevenir de alguna manera esta enfermedad?

En Alzheimer hablar de prevención como tal es difícil, ya que aún no sabemos la etiología, la causa. Pero esto no significa que no haya nada que hacer. Respondiendo la pregunta de otra manera, sabemos que en un paciente ya diagnosticado la progresión de su enfermedad se ve agravada cuando, además, presenta factores de riesgo vascular (hipertensión arterial hiperlipemia, diabetes, obesidad, sedentarismo, etcétera) y ya comienzan a aparecer estudio epidemiológicos en los que se ven resultados positivos al controlar estos factores de riesgo. Por otro lado, los neurólogos cada vez damos más importancia a la llamada reserva cognitiva, es decir, cuanto más entrenemos nuestro cerebro manteniéndolo activo a lo largo de nuestra vida, mejor preparado estará para soportar la agresión que supone la enfermedad. En resumen, podríamos decir que educación es prevención. Aunque desgraciadamente a todos nos viene a la mente el recuerdo de grandes figuras de nuestro país que la han padecido.

¿Los cuidadores de pacientes de Alzheimer necesitan mas atención?

Hablar de Alzheimer es siempre hablar de un diagnóstico familiar donde no podemos nunca olvidar a los cuidadores de los enfermos, ya que son ellos los que en mayor o menor medida viven y sufren la evolución de la enfermedad. Para el neurólogo, la presencia de un cuidador fiable es imprescindible, ayudándonos desde el diagnóstico y reconociendo síntomas que han podido pasar desapercibidos al paciente o simplemente este no recuerda. A lo largo de la progresión de una enfermedad que le va a suponer cada vez más dedicación al paciente a medida que va perdiendo autonomía personal, toda la ayuda que sea posible prestarle es poca. En este sentido, me gustaría destacar la labor de las asociaciones de enfermos que, en no pocas ocasiones, suplen necesidades que otras altas instancias no saben o no pueden solucionar. Cada vez es más necesario cuidar al cuidador, ya que de ello depende que nuestros pacientes lleven una vida digna.

Dice que altas instancias no pueden o no saben. ¿Se refiere a la aplicación de la Ley de Dependencia? Ha habido casos en que se ha aprobado la ayuda cuando hacía meses que había muerto el solicitante.

Me refiero a todo eso, evidentemente. Y a que un cuidador necesita flexibilidad laboral porque se va a tener que coger bajas laborales no solo para él mismo sino por los cuidados que tiene que darle al paciente del que cuida. Al cuidador tenemos que ayudarle desde todos los ámbitos porque la pérdida progresiva de autonomía del enfermo de Alzheimer no la pueden soportar económicamente muchas familias. A la sociedad, es decir, a todos nosotros, nos sale mucho más barato tener un paciente en casa, cuidado por un familiar que reciba una ayuda pública, que tenerlo en un hospital.