Acto ayer tarde en el Colegio de Médicos de Sevilla
Acto ayer tarde en el Colegio de Médicos de Sevilla - ROCÍO RUZ
COLEGIO DE MÉDICOS DE SEVILLA

«A los enfermos no nos gustan los médicos prepotentes»

Expertos debaten sobre la gestión clínica y la ética del cuidado

Amalia F.Lérida
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El Colegio de Médicos de Sevilla fue este lunes escenario de una mesa redonda en la que destacados expertos sanitarios debatieron sobre la gestión clínica y la ética del cuidado en la relación que se establece entre el enfermo y el profesional sanitario que lo trata.

Organizado por el citado ente colegial y el Foro Andaluz Humanismo y Empresa la temática central fue la relación médico-paciente, mermada por la falta de tiempo de los facultativos hoy día, especialmente en la Atención Primaria que es la puerta de entrada al sistema.

El acto fue presentado por el secretario general del Colegio de Médicos de Sevilla, Juan Manuel Contreras y moderado por el cardiólogo Julio Ribas Comas. Intervinieron el profesor José María Cruz Fernández, presidente de honor de la Sociedad Española de Cardiología; Cristóbal León-Salas Rabadán, especialista en Medicina Intensiva; el ex director gerente del hospital Fremap, José Luis Cabello Flores, el jefe de servicio de Cuidados Críticos y Urgencias del hospital San Juan de Dios del Aljarafe, José Luis García Garmendia y la coordinadora de Enfermería de hospitalización de ese centros anitario, María Paz Borrero Esteban.

En su intervención Julio Ribas reconoció que no todos lo médicos tiene esa empatía tan necesaria con el enfermo aunque sean unos excelentes clínicos y cientificos, y lamentó que las teconologías, concretamente el ordenador, distorsione esa relación que hasta «impide mirar al paciente».

De lo que siente un enfermo y qué necesita sabe mucho Cruz Fernández ya que el prestigioso cardiólogo ha sufrido una grave enfemedad que lo ha situado al otro lado de la mesa y de la cama. «En la Facultad —dijo— aprendemos a ser médicos pero no nos preparamos para ser pacientes. La vida me ofreció la oportunidad de vivir en primera persona esa situación. Hace 25 años sufrí un cancer. Perdí la mitad de mi lengua pero gané toda una vida. Cristina, mi mujer, fue mi tabla de salvación. Hace casi 8 años pasó ella misma por un cáncer de mama. Somos unos afortunados. Con la ayuda de Dios y de todo nuestro entorno lo hemos superado».

Aseguró que vivir la enfermedad «te enriquece como persona y te hace, como médico, más humilde, más comprensivo y con mayor empatía».

A él le hizo comprender qué es lo que espera realmente un paciente de su médico. «Aprendí —siguió— que, además de su capacidad profesional, necesita que le transmita confianza también como persona y que le guíe para poder tomar la mejor decisión».

Cruz Fernández destacó que los pacientes esperan información veraz, esperanza sin engaños y, a veces, no que se les garantice el éxito pero sí la toma de postura del médico cuando preguntan: «¿Usted que haría en mi caso?».

«No nos gustan como pacientes médicos prepotentes, paternalistas ni que actúen a la defensiva, atiborrándonos de pruebas en ocasiones de dudosa eficacia para eludir su responsabilidad. Tampoco que descarguen en nosotros la responsabilidad de nuestro propio tratamiento tras una explicación fría, aséptica y, a veces, de difícil comprensión de las distintas opciones terapéuticas», apostilló el cardiólogo.

No pasó por alto cuando tiempo después de su enfermedad tuvo que asumir el papel de cuidador y entonces, se dio cuenta también de las necesidades que tienen los familiares.

Otra faceta de la relación médico-paciente es la de los servicios de urgencias y cuidados críticos.

Allí están los enfermos con alto riesgo de lesiones graves o de fallecimiento y «sin embargo, estas unidades logran obtener una supervivencia de un 90% utilizando gran cantidad de medios técnicos y humanos que dan soporte a los fallos orgánicos que se producen», dijo José Luis García Garmendia.

Explicó que, a pesar de que el sufrimiento producido por una patología grave y las molestias derivadas de la aplicación de estas técnicas se mitigan con medicamentos sedantes y analgésicos, es necesaria una valoración integral del enfermo y su familia, con un abordaje de todas las necesidades humanas en una situación como esa.