Enrique Parrilla en su sede sevillana de Lantia
Enrique Parrilla en su sede sevillana de Lantia - ABC
ENTREVISTA

Enrique Parrilla: «Sevilla puede ser el Silicon Valley del sur de Europa»

El fundador de Lantia, que tiene contratos con Amazon, Google y Apple, entre otras, cree que su mayor potencial de crecimiento está en en la tecnología y el conocimiento

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A Enrique Parrilla, barcelonés de nacimiento y sevillano de adopción, le gusta la fuga de cerebros a la inversa y eso es justo lo que hizo hace diez años: venir de Houston (Texas, EE.UU.) a Sevilla para crear Lantia, una empresa pionera en el mundo de la autoedición que factura más de 3 millones de euros y da empleo a unas cuarenta personas en el edificio de Deutsche Bank de la Plaza de la Madgalena. Gracias a sus contratos con Amazon, Apple, Google, Kobe, Planeta y Penguin Random House, la empresa que fundó con su hermano Iván y Chema García se ha convertido en una referencia internacional en el sector editorial por su innovación tecnológica. «Mi padre era de Paradas y emigró a Barcelona, donde yo nací y estuve hasta los 13 años», cuenta.

-Y vino a Sevilla. ¿Notó mucho el cambio de ciudad?

-Yo en Barcelona era un charnego pero sacaba todos sobresalientes en el colegio. Aquí sufrí un poco de desarraigo y suspendí varias asignaturas en el Instituto Velázquez, entonces uno de los mejores de Sevilla, junto con el San Isidoro. Fui aprobando pero suspendí Selectividad en Junio. Y eso fue lo mejor que me pudo pasar porque ya no quedaban plazas para estudiar Informática en Sevilla y me fui a hacer primero de Informática a la Universidad de Huelva. Aquello fue un poco desastre y entonces decidí ir a Houston a estudiar Ingeniería Informática.

-¿Por qué Houston?

-Yo no creo en el destino pero se alinearon varias circunstancias. Con 18 años conocí a mi mujer por un intercambio. La conocí en Sevilla pero era de Houston. Y yo desde pequeño quería ser astronauta, así que acabé en su universidad, que tenía un programa de cooperación con la NASA.

-¿Se sintió en casa allí?

-A Houston fui con un poco de miedo a sufrir desarraigo pero allí había gente de Corea, de la India, de todo el mundo. En Texas me sentí en casa porque a nadie le importa de dónde eres ni cómo has llegado allí, si en avión, en barco o en patera. El que vale es que se queda.

-¿Sus padres qué le dijeron?

Me apoyaron pero mi madre hubiera preferido que me quedara en España. Ella me dijo que si tenían que vender el coche para que yo estudiara allí lo vendían. La primera vez que vi aquella universidad me quedé impresionado: la biblioteca tenía cinco plantas enormes. La de Física de Sevilla no ocuparía ni una planta de esas. Era una oportunidad que no podía dejar pasar. Entonces costaba la matrícula unos 4.000 dólares el semestre. Luego subió y tuve que ponerme a trabajar para pagármela.

-¿Y el inglés?

-Me hicieron una prueba y me dijeron que debía hasta de callarme. Pero me puse a estudiar inglés como un loco. Yo iba con el nivel de inglés de COU en España, que es muy pobre, así que imagínate. Pero lo logré. Me maté a estudiar y volví a convertirme en estudiante de sobresaliente. Tuve grandes profesores y grandes mentores.

-¿Y qué pasó cuando terminó sus estudios allí?

-Me fue muy bien porque coincidió con la explosión de las puntocom. Internet entonces era magia negra y se dio una situación extraordinaria: a un chaval sin experiencia, recién licenciado, le pagaban un sueldo de ejecutivo del Ibex. Me llovieron las ofertas de empleo. Llegué un jueves y el lunes me metieron en un avión y ya no paré: San Francisco, Nueva York, Seattle. Las empresas pensaban que el mundo se acababa el mes que viene y que como no estuvieran en Internet las iban a echar del planeta. Y todo era dinero, consultores, contrataciones. En dos años trabajé con petroleras, hospitales, hoteles, telecomunicaciones. Adquirí la experiencia que en otras condiciones hubiera tardado dos décadas en conseguir. Luego me lo monté por libre con una consultora.

-¿El posterior batacazo de las puntocom le afectó mucho?

-Lo perdí todo. Teníamos un proyecto muy grande con una petrolera a la que le íbamos a crear un inventariado de sus tuberías, piezas, pozos, etcétera. Fuimos contratando gente y entonces llegó el 11 de Septiembre y todas las empresas congelaron los proyectos de desarrollo. No nos despidieron pero no nos volvieron a contratar. La caída fue espantosa. En cuatro meses nos quedamos sin dinero y el día 10 de ese mes llegó un tipo con una taladradora para cambiar la cerradura de la oficina. Allí no se enfadan si no pagas, simplemente te mandan al señor de la taladradora y ya sabes que al día siguiente no vas a poder entrar en la oficina. Podríamos decir que Bin Laden se cargó la primera empresa que creé.

-¿Se quedó sin nada?

-Mi mujer trabajaba y ése era un colchón para saber que en la calle no te ibas a quedar, aunque nuestro nivel de vida se fue al garete. No obstante, yo ya estaba pensando en nuestra próxima oportunidad, en crear otra empresa.

-Estuve doce años en Houston trabajando para empresas petroleras, hospitales, etcétera. ¿Cómo acabó creando una volcada en la edición de libros?

-Siempre fuimos una empresa tecnológica y vimos que podíamos aplicar nuestros conocimientos tecnológicos a la industria editorial. Mi hermano tenía una editorial al uso y me insistió mucho que fuera a conocer la imprenta con la que trabajaban. A mí no me atraía mucho las máquinas ni las tintas pero conocí la impresión digital y me quedé impresionado. Vi libros en alemán, en francés, en inglés y aquello era un pedazo de empresa. ¿Cómo estaba esto en Sevilla y yo no me había enterado? Y entonces quise hacer cosas con ellos. Les pregunté quién era su mejor cliente y a qué se dedicaba. Era la autoedición. Yo ni sabía lo que era. Y vi que el proceso de edición de un libro seguía haciéndose de una forma muy artesanal y que el producto era muy estático y apenas admitía cambios. Yo estaba acostumbrado a trabajar con metadatos y vi que había mucho por hacer tecnológicamente en todo ese proceso. Nos pusimos manos a la obra y automatizamos la autoedición.

-¿Hasta qué punto?

-Hasta un punto impensable en ese momento. Somos capaces de gestionar un gran volumen, de unos 160 libros al mes. Una gran editorial puede editar unos 15 libros. Hicimos un software y lo licenciamos. Ese fue el principio

-Tienen en cartera a 27.000 autores de muchos países.

-Sí, de todos los países hispanoparlantes, EE.UU., Inglaterra, Australia y otros. Hay autores que empiezan por nosotros y luego acaban en Planeta y luego a lo mejor vuelven con nosotros. Muchas editoriales se han quedado sin cantera de nuevos autores y se han metido en este mundo enormemente competitivo. Vimos que ese software que creamos interesaba a los editores de las editoriales también les interesaba: tripas, correcciones, comentarios al texto, comentarios de autor, las distintas versiones de la portada, versiones digitales, epub, pdf, una sola página web con toda la información. Eso no lo tiene nadie.

-¿El modelo de negocio de la edición va en esa dirección?

-Yo creo que sí, pero también espero conseguir que autores que se han publicado en autoedición lleguen a las editoriales y a convertirse en best-sellers. Ya lo hemos conseguido con tres, que van a publicar en Alfaguara, Suma de Letras y Ediciones B. Se ha demostrado que el modelo funciona. Ese modelo del autor que está mirando al mar esperando a que su agente le diga cuánto le van a dar por su novela ha desaparecido. El autor de hoy en día tiene que moverse, tener contacto con sus lectores y ser activo en las redes sociales y encontrar plataformas para comunicar.

-¿La gente lee menos que antes o es que se venden menos libros impresos?

Se venden menos libros impresos pero se lee más y en muchos soportes. No hay más que coger un autobús o a un tren y ver quetodo el mundo está con su tableta o con su kindle. El volumen de libros va a más, pero se imprimen menos.

-No sólo se dedica a la industria editorial.

No. Ahora mismo Lantia tiene dos actividades principales: la edición y el internet de las cosas. En la primera trabajamos con Amazon, Planeta, Penguin Random House, Google. En el segundo campo trabajamos con Telefónica, Vodafone y empresas de telecomunicación del norte de Europa.

-¿Cómo logró contratar con Google, Apple y Amazon ?

A base de dar por saco. Fuimos a una feria internacional, la de Francfort y nos presentamos en el stand. El primer año nos ningunean y nos dan un folleto y un correo electrónico,pero al año siguiente ya somos más conocidos y nos pasan con un comercial. Al final haces los contactos y si tienes algo que aportar, contratas con ellos.

-¿Los reyes de las empresas tecnológicas son gente normal, aparte de ser unos genios en lo suyo?

-Son gente poco habitual, aunque tengan fallos porque son humanos. Yo, en todo caso, los calificaría de excepcionales.

-¿Por su inteligencia?; ¿por su intuición?

No, por su determinación. Tienen una idea y no paran hasta que la ponen en práctica.

-¿Le dijeron muchas personas en España, antes de irse a EE.UU., que lo mejor que le podía pasar era hacer unas oposiciones y sacarse una plaza de funcionario?

-Muchos alumnos y algunos profesores en el instituto. Y mi madre. Creo que es un problema cultural relacionado con la posguerra, cuando no se tenía para comer. Tener un despacho y algo que comer. Mi madre, cuando me metí a empresario, tenía un gran disgusto encima. Con la carrera que tienes te podías preparar unas oposiciones, me decía.

-¿Y su padre?

-Mi padre era diferente. No pensaba como mi madre, aunque ella también me apoyó.

-En Andalucía uno de cada dos egresados quiere ser funcionario y solo uno de cada cuatro se plantea montarse su propia empresa. En Cataluña y el País Vasco no es así.

-Todo depende de los peces de la pecera en la que tú estés. Yo cuando estaba en Houston estudiando y tomaba un café veía que un tío aparcaba un lamborghini en la puerta o veía a otro con un avión privado. Tienes esas referencias. Si en tu entorno la referencia es un tío que no le da el palo al agua y tienes sus cinco semanas de vacaciones al año, entonces no actúas de la misma manera. Importa mucho el entorno socioeconómico en el que te mueves. Es importante que nos quitemos los complejos.

-¿El sistema político en Andalucía y otras zonas de España favorece esta mentalidad poco emprendedora?

-Sí, aunque curiosamente es en EE.UU. donde menos se apoya económicamente desde los poderes públicos a los emprendedores. Si preguntas por una subvención se llevarían las manos a la cabeza. ¡Qué cosas tienen estos europeos! te dirían.

-¿Cuántos impuestos tuvo que pagar allí por su primera empresa?

-27 dólares. Y la abrí en menos de veinte minutos. Le pregunté a la funcionaria por impuestos y tasas y me dijo que qué impuestos. Que cuando empezara a ganar dinero hablaríamos de impuestos. Aquí es muy diferente. Hay muchas más trabas burocráticas e impuestos que frenan la inversión.

-¿Sería más efectivo quitar trabas burocráticas y tasas e impuestos que dar subvenciones?

-Yo creo que sí.

Camareros en Sevilla

-Usted contrata en su empresa a ingenieros e informáticos y titulados superiores pero de las 255.000 contratos que se hicieron en agosto en Sevilla, el 21 por ciento eran de camarero y el 18 por ciento de administrativo. Sólo el 14 por ciento de los empleados en Sevilla en lo que va de año tiene estudios universitarios

-Yo tengo a gente muy joven, muchos con su primer trabajo. Un veinte por ciento son ingenieros y luego tenemos unos perfiles muy variados, sobre todo de Humanidades, salvo para los puestos de programadores, lógicamente. Buscamos sobre todo actitud. Si la actitud es buena, se queda. Lo que hacemos aquí es tan avanzado que sabemos que es imposible llegar aquí sabiendo. Queremos gente que sea capaz de trabajar en equipo, que tenga ilusión y quiera crecer profesionalmente. Formación continua. Yo les digo que espero que dentro de cinco años no estén aquí y que hayan crecido profesionalmente.

-Sostiene Manuel Villalón, creador del fondo Southup Ventures, que Sevilla es ahora mismo uno de los mejores lugares del mundo para crear una empresa tecnológica

-Estoy totalmente de acuerdo. En Sevilla se vive mejor que en Silicon Valley. Pero hace falta un elemento canalizador. Hay que fomentar esa idea de ciudad del conocimiento e intentar atraer a empresas más grandes. ¿Por qué Google no tiene oficinas en Sevilla? Habría que buscar terrenos y poner estímulos, que dijera el Ayuntamiento no te cobro el IBI durante dos años. Sevilla podría conseguirlo si hubiera voluntad de hacerlo

-¿Le ve tanto potencial a la ciudad?

-El día que la gente se dé cuenta del potencial que tiene Sevilla me va a salir mucha competencia. Para mí, Sevilla puede ser el Silicon Valley de Europa. Yo conozco aquello y allí no había nada salvo buen clima. California es como Andalucía y Silicon Valley tiene buen clima y el terreno era barato cuando dos o tres señores muy conocidos de grandes corporaciones tecnológicas pusieron allí sus empresas hace veinte años. Y luego llegaron muchísimas empresas más. Las empresas del conocimiento van a los sitios donde mejor se vive, no necesitan un río como la industria convencional. Se puede diseñar chips o lo que sea en cualquier sitio. Sevilla tiene un aeropuerto internacional y se puede recorrer la ciudad andando. Incluso se puede vivir sin coche, un lujo increíble para un estadounidense. Y no es caro: si comparamos con Silicon Valley es baratísimo.

-¿Por eso trajo su empresa a Sevilla?

-Yo tenía mi actividad en EE.UU. y tenía miedo de traer mi empresa a Sevilla pero probé un verano. No dije nada a nadie y en Houston nadie se enteró. Tiré de teléfono, ordenador. Esto es un chollo. Aquí se vive estupendamente y se puede gestionar una empresa internacional.