El pavo y el pato que protagonizan esta singular relación en el Alcázar - ABC

La entrañable relación de «amistad» entre un pato salvaje y un pavo real en el Alcázar de Sevilla

Esta historia de «amor animal» comenzó hace ya ocho años en los jardines de los Reales Alcázares

SEVILLA Actualizado: Guardar
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Esta es la historia de una singular amistad entre un pato y un pavo que comparten sus días, su comida y la atención de los focos en el Real Alcázar de Sevilla desde hace ya ocho años. Nada ha podido separarlos en todos estos años, ni la diferencia de especie, ni la edad ni el hecho de que ambos son del mismo sexo. Lo suyo, como aseguran los jardineros del conjunto monumental, es «amor animal».

Todo empezó hace casi una década, con la llegada de bandadas de patos salvajes, de la especie ánade real, a los jardines y pequeñas albercas de los Reales Alcázares de la capital hispalense. De hecho, llegaron a desplazar y «comer el terreno» de los patos comunes, como explica a ABC el capataz del Alcázar, José María Moreno.

«Cuando yo llegué, hace casi veinte años, sólo había patos comunes, que eran de niños que los habían comprado en el mercadillo, pero que cuando se hacían grandes los soltaban aquí. Después, lo ánades llenaron el Alcázar. Sin embargo, una extraña enfermedad terminó con la mayoría de ejemplares de pato salvaje que quedaban en los jardines».

De aquellos patos de vivos colores sólo quedó uno, triste, solo y cojo. Pero pronto encontró compañía y consuelo con otra ave, también macho, que había perdido su pareja. Era un pavo real. Desde entonces, son inseparables, todo el día juntos, excepto para dormir.

Las noches las pasan separados. El pavo duerme en altura, oculto entre una arboreda cerca de la zona de aperos de los jardineros. Pero cuando sale el sol, su amigo el pato ya está esperando pacientemente a que su compañero baje de las ramas. Entonces, ya se pueden ir juntos en busca de comida.

El rancho de la jornada, que diariamente le traen los operarios del Alcázar, se complementa con las aportaciones los turistas, que quedan encantados con la pintoresca estampa de un pato y un pavo que pasean juntos. Eso sí, mucho cuidado con acercarse demasiado «porque el pato no quiere que se acerquen al pavo; si alguién lo hace, el pato se lanza a picotear los zapatos o los cordones de los turistas», comenta el capataz de los Reales Alcázares.

Siempre juntos, a la sombra y al sol, para picar pan o descansar en el cesped. Una pareja irrompible que pone la prueba las relaciones entre especies en el mundo animal.