Ernesto Carmona en su despacho en el Centro de Investigaciones Químicas de Sevilla
Ernesto Carmona en su despacho en el Centro de Investigaciones Químicas de Sevilla - Vanessa Gómez
Entrevista

Ernesto Carmona: «Ningún profesor que saque su plaza debería ser funcionario de por vida, haga lo que haga»

El catedrático, investigador y único sevillano que ha obtenido el premio Rey Jaime I cree que el sistema es demasiado rígido en España y no favorece la atracción de talento y excelencia para las universidades

SevillaActualizado:

Un simposio internacional con grandes profesores e investigadores de todo el mundo rendirá homenaje la próxima semana en Sevilla a Ernesto Carmona Guzmán (Sevilla, 1948), catedrático de Química e investigador del Instituto de Investigaciones Químicas. Ganador de multitud de premios, entre ellos, el Rey Jaime I en Investigación Básica, trabajó durante su juventud en el Imperial College London, en el equipo del Nobel de Química Geoffrey Wilkinson.

Cuando acabe este curso, Carmona dejará la Universidad a la que ha dedicado casi toda su vida, y empezará a colaborar con Cáritas, Cruz Roja o alguna otra ONG. «Sé que hay gente que necesita ayuda, especialmente en los barrios periféricos de Sevilla, y yo quiero ayudar, enseñando un poco de inglés o cualquier otra cosa», cuenta a ABC. Su mujer es voluntaria en un comedor social.

Acaba de cumplir 70 años y no quiere jubilarse...

Me podría haber jubilado con 65 pero me gusta mi trabajo y la Universidad me permite acabar este curso por haber cumplido los 70 con las clases iniciadas. En junio sí tendré que dejarlo.

Muchos catedráticos de la Universidad de Sevilla más jóvenes que usted se prejubilaron hace casi diez años con casi el cien por cien de su sueldo.

Casi, no, el cien por cien. Creo, incluso, por cosas extrañas de Hacienda, que cobraban un poco más que en activo.

Usted fue uno de los pocos que dijo que no.

En efecto, y nunca me planteé aceptar esa oferta. Como le dije antes, me gusta mi trabajo, tanto la investigación como la enseñanza. Tengo muchos amigos que se acogieron a ese plan y lo entiendo: es normal que uno esté cansado y a veces el ambiente no es el mejor.

Con ese plan de prejubilaciones se perdió mucha «materia gris» en la Universidad de Sevilla.

Sí. Pero cuando uno tiene ganas de irse, lo mejor es que se vaya y deje paso a otros con más ganas.

¿Y no le parece un despilfarro de recursos públicos? Pagar el sueldo a alguien por no trabajar...

Supongo que sí. Aunque por cosas extrañas, no sé si de Hacienda o de la Administración, se comentó en su día que ese plan le salía rentable a la Universidad. Yo nunca lo comprendí pero eso dijeron. Es verdad que ese plan no se aplicó solo en la Universidad de Sevilla sino en otras universidades españolas. La primera creo que fue la de Barcelona.

Ha sido el único científico sevillano que ha ganado el premio Rey Jaime I de Investigación. Debe de sentirse muy orgulloso.

Claro que me siento orgulloso pero no sabía que fuera el único sevillano que lo había ganado (repasa mentalmente algunos nombres antes de continuar). Fue un reconocimiento muy importante para mí. Creo que he tenido mucha suerte.

También fue premio extraordinario de Licenciatura y Doctorado, y trabajó en Londres con el equipo de Geoffrey Wilkinson, premio Nobel de Química. ¿También eso fue suerte?

Bueno, yo también creo que la suerte hay que buscarla. Y es cierto que me esforzé mucho en la carrera, en la tesis y en toda mi carrera académica.

¿Cuantas horas estudiaba?

Muchísimas. Diez, doce horas diarias. Hubo un año en la Facultad que hice dos cursos juntos.

A pesar de eso, le dio tiempo a echarse novia...

Sí, aunque sólo la veía un rato los domingos. En aquella época eso no era tan raro. Recuerdo que en mi clase eran muchos los estudiantes que se esforzaban para tratar de conseguir las mejores notas.

¿Cree que los universitarios actuales se esfuerzan tanto como los de su época?

Hay de todo: gente muy comprometida dispuesta a hacer todo el esfuerzo necesario para triunfar en su campo profesional; y gente sencillamente que no lo está. Yo les digo para motivarlos que el mundo está en sus manos y que depende de ellos. Y les recuerdo lo que decía Ramón y Cajal: «La clave del éxito se resume en dos palabras, trabajo y perseverancia».

¿Y le hacen caso?

Algunos, sí; otros, no.

Hace algunos años pude entrevistar a la bioquímica Margarita Salas, discípula de Severo Ochoa, y le pregunté si estaba de acuerdo en que la generación actual de universitarios españoles «es la mejor formada de la historia», como sostienen nuestros gobernantes y algunos partidos políticos. Ella me dijo que no lo cree. ¿Cuál es su opinión?

Yo tampoco lo creo. La diferencia que yo veo respecto a los universitarios de hace treinta o cuarenta años es que seguramente los buenos alumnos de las promociones actuales son muy muy buenos, excepcionales, tal vez los mejores de siempre, pero, por el contrario, antes había una masa media muy grande en cada clase que estaba muy motivada, con un alto nivel cultural y académico. Creo que esa masa media se ha perdido y eso desmotiva mucho al profesor: ver a tantos estudiantes sin ningún interés por las clases. Yo echo en falta a ese grupo numeroso de estudiantes que antes se preocupaban y le daban vida a la universidad y a las clases.

¿Cuántos estudiantes así, de los de antes, puede haber en una clase actual de cualquier facultad?

No lo sé. Pueden ser cinco. O diez. Antes eran muchos más.

¿Por qué cree que tantos universitarios han perdido interés por las clases o por obtener las mejores notas posibles?

Supongo que porque los valores han cambiado y el esfuerzo y la excelencia no atraen a muchos alumnos actualmente. Yo nací en 1948 y viví una etapa muy dura en España. Los que han nacido treinta o cuarenta años después no le dan valor a las cosas porque han vivido en un país bastante desarrollado con muchas necesidades cubiertas. Creo que esa relajación nos ha conducido a esto.

¿El ser humano tiende a la vagancia cuando se relaja?

Se tiende a perder el tiempo y me parece que tiene su lógica. En mi opinion, muchos padres se equivocan cuando tratan de proteger demasiado a sus hijos para evitarles sufrimientos, sacrificios y esfuerzos.

Nivel de exigencia

¿Se ha bajado mucho el nivel de exigencia académico?

Sí. El sistema educativo se ha degradado y eso también se nota en los alumnos que han llegado la Universidad. Aunque yo me siento contento con los míos.

¿La tendencia de «igualar por abajo» que inició la Logse en los años 80 tiene algo que ver con ese descenso?

Sí. También observo que es una tendencia desgraciada de nuestra sociedad, no sólo a nivel educativo. Lo mejor que tiene la vida es la biodiversidad: no hay dos seres humanos iguales de los más de siete mil quinientos millones. ¿Por qué nos empeñamos en igualarlos? Que cada uno llegue a donde quiera, pero que se ayude al que destaque. Hacer lo contrario es desincentivar el esfuerzo y la búsqueda de la excelencia.

¿Ha tenido que aprobar alguna vez a sus alumnos para no suspender a casi todo el mundo?

Yo exijo al máximo que puedo, creo que como todos los profesores de la Universidad de Sevilla, pero qué duda cabe que cuando uno comprueba que el nivel general es el que es, no puedes hacer otra cosa. Tienes que adaptarte al nivel que hay.

Algunos estudiantes de Periodismo que hacen prácticas en los periódicos tienen serios problemas con la sintaxis y la ortografía. Eso no ocurría hace dos décadas.

Entonces era imposible llegar a la universidad con faltas de ortografía. La formación básica antes era bastante mejor que ahora, a pesar de que los medios eran peores, los maestros estaban peor pagados y la tecnología era muy básica.

¿Con Internet se confunde a menudo información y conocimiento?

Probablemente, pero quiero decirle que Internet me parece una maravilla. No sólo puedo conectarme con cualquier universidad del mundo sino que puedo acceder a casi cualquier traducción o trabajo científico. Es verdad que a personas sin demasiada formación puede llegar a confundirles tanta información.

Esta falta de formación coincide con el desprecio de los poderes públicos por las Humanidades, convertidas en las asignaturas más prescindibles de todos los itinerarios educativos.

El desprecio por las Humanidades me parece inaceptable y empobrecedor. Literatura, lengua, filosofía, latín, son esenciales para el enriquecimiento intelectual y cultural de cualquier persona. A mí me sirvió mucho estudiar en latín, aunque ahora no me acuerde de mucho.

Algunas voces alertan de que los planes de estudio universitarios se están sometiendo en los últimos años al mercado laboral, en detrimento de una formación más integral y enriquecedora del alumno. ¿Qué opina?

No sé en otras facultades pero en la mía no estamos sometidos a las necesidades de las empresas. Creo que esto puede darse más en las universidades privadas que en las públicas.

Los ránkings

¿Por qué cree que no hay universidades españolas entre las doscientas mejores del mundo?

No hay ninguna, ni creo que la haya en el futuro, si no cambia radicalmente la universidad española. Hay buenas universidades en España pero el sistema español hay que cambiarlo.

¿Cómo?

El sistema funcionarial que la rige no es aceptable. Ningún profesor puede ser funcionario de por vida desde que saque su plaza. Entrar con 30 años y estar hasta la jubilación haciendo lo mismo, si uno quiere, sin que nadie le pida cuentas, es algo inaceptable. Tampoco está bien definida la carrera académica.

¿Cómo fue la suya?

Yo me fui a Inglaterra y estuve tres años allí formándome. Entonces yo tenía la seguridad de que después de formarme, tres, cuatro o cinco años, podría encontrar trabajo en alguna universidad española. Eso no existe ahora mismo. No hay camino para volver a pesar de que te hayas ido fuera a formarte mejor.

¿Cuál es el camino entonces?

Es más fácil si apruebas la carrera en tu ciudad, haces la tesis aquí y te quedas cerca de los departamentos donde se deciden las plazas. Manuel Alcaraz, un antiguo alumno mío que aún no ha cumplido los cuarenta años, es catedrático en Göttingen, una de las mejores universidades alemanas. Y no puede venirse aquí a trabajar, como le gustaría. Es uno de los profesores más brillantes que conozco.

¿Por qué no puede volver?

Por la rigidez de nuestro sistema. En las universidades británicas, francesas, alemanas y norteamericanas que copan esos ránkings, a alguien así se le contrataría inmediatamente, igualando incluso su salario con el que percibe en su universidad de origen, si es superior. Además, se le asignarían tres o cuatro laboratorios de investigación y tres o cuatro estudiantes para que hicieran la tesis con él y algún posdoctoral. Es así como se consigue ser puntero en investigación. Nuestro sistema no favorece que se atraiga a los mayores talentos.

¿Es posible con este sistema que tengamos algún Nobel español en el futuro?

Es muy difícil y cada día cuesta más trabajo. Las cosas no surgen solas y en la universidad española no se da la confluencia de las líneas de investigación que se necesitan para estar cerca de conseguir esos premios, aunque haya científicos buenísimos.