Escaladores y bandas croatas, obsesión de la Policía durante el verano
El robo en viviendas es una de las modalidades delictivas de la temporada estival - PEPE ORTEGA

Escaladores y bandas croatas, obsesión de la Policía durante el verano

En el estío, ladrones conocidos como «hombres araña» estudian las viviendas para colarse en ellas gateando por las fachadas hasta ver un hueco

JOSÉ LUIS GARCÍA
SEVILLA Actualizado:

La alteración sustancial de los hábitos que supone la llegada del verano tiene un reflejo significativo en el mundo de la delincuencia, y, por ende, en el del trabajo policial destinado a evitarla. Y es que en este tiempo, tanto el calor como la «vida hacia el exterior» propia de la cultura mediterránea se conjugan para facilitar la aparición de un tipo de delincuencia muy propio de estos lares: los escaladores, más conocidos en el imaginario popular como «hombres araña».

Son éstos profesionales en la materia de gatear por las fachadas para colarse allá donde vean un hueco abierto y arramblar con lo que encuentren dentro del piso elegido. En Sevilla hay «censados» en los archivos policiales unos treinta, de los que quince están actualmente en prisión. Los demás andarán ahora mismo oteando por las calles en busca de lugar propicio para actuar.

Les dará lo mismo entrar de día que de noche. Y lo harán como lo han hecho toda la vida, a pecho descubierto, sin subterfugios, ni aerosoles de esos a los que luego recurren para justificar su sueño profundo quienes se encuentran el piso desvalijado y no saben explicar cómo no se han despertado.

El inspector que manda el Grupo de Robos de la Brigada Provincial de Policía Judicial es claro en este punto, al calificarlo como una leyenda urbana. Lo mismo que las supuestas marcas en las fachadas y en los porteros automáticos, aunque en este caso haya tras ellos una cierta realidad histórica, ya que el sistema se detectó hace más de veinte años en unos ciertos clanes de delincuentes del Norte de España. Pero hoy ya es más que un mito que sigue apareciendo año tras año.

Si bien las circunstancias son las mismas de cualquier verano, el escalo resulta ser un tipo delictivo en alza en Sevilla, ya que los investigadores han detectado una nueva modalidad, y es aquella que se dedica a la sustracción de las bicicletas que se «guardan» en las terrazas. De allí se las llevarán sin importarles trepar hasta un segundo o un tercero. Suelen actuar por parejas y mientras uno sube, el otro recoge la bicicleta cuando su compinche la tira o la descuelga. En este punto, el jefe del Grupo de Robos es claro: se evitarían muchos de éstos si por la noche se guarda la bicicleta dentro de la vivienda.

Si bien los escaladores tienen mucho de autóctonos, la segunda pesadilla de los investigadores de robos la constituyen las bandas organizadas de croatas que, con periodicidad casi mensual, recalan en Sevilla como parte de una ruta que se inicia en Cataluña y baja por la costa mediterránea —caso de la detenida hace unos días en Málaga tras «trabajar» en Sevilla—, hasta acabar en Extremadura.

Suelen ser grupos de tres o cuatro personas, jóvenes y con primacía de mujeres que son verdaderas especialistas en el sistema del «resbalón», o sea, en abrir las puertas de los pisos que no tienen la llave echada ni el cerrojo puesto utilizando un trozo de plástico. Tardan en actuar apenas unos minutos y su botín siempre son joyas y dinero que inmediatamente envían a su país, por lo que las recuperaciones son casi imposibles.

Pese a que el «resbalón» es su especialidad, si le tienen un especial «cariño» a un piso, no dudarán en recurrir a la palanqueta o al destornillador, en lo que las jóvenes croatas que integran estas bandas también están versadas.

Es por esto que desde la Policía se recuerdan año tras año las habituales normas de protección de las viviendas, sobre todo para aquellos que se van de vacaciones. A ellos se les aconseja que haya «movimiento» en el piso, para lo que se recomienda que alguien de confianza dé una vuelta de vez en cuando y mueva persianas, visillos y luces.

Aunque los especialistas lo tienen claro: cualquier medida de prevención es válida siempre y cuando los amigos de lo ajeno no se encaprichen del piso. Si es así, mala cosa.