Los farmaceúticos tienen a veces serios problemas para descifrar las recetas. ARCHIVO

La escritura jeroglífica del siglo XXI

JAIME CONTRERAS
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La escritura jeroglífica empezó a usarse en el antiguo Egipto hacia el año 3.100 a.C., y gracias al descubrimiento por parte del erudito francés, Jean Françoise Champollion, de la Piedra Rosetta pudimos dar con la clave para descifrar el significado que ocultaba esta escritura tras sus signos.

Hoy en día, en pleno siglo XXI, nos encontramos con un sucedáneo a este tipo de escritura: las recetas médicas. Sin duda, se trata de un problema que involucra a todos los agentes del proceso de salud: médico, paciente y farmacéutico, y que afortunadamente parace estar en vías de solución.

Esta es la intención que persigue la Fundación Farmacéutica Avenzoar, en colaboración con las Facultades de Medicina y Farmacia, y la Fundación del Colegio de Médicos de Sevilla, con la organización de las II Jornadas Médico-Farmacéutica sobre la receta médica.

La finalidad de estas jornadas es concienciar tanto a médicos como farmacéuticos de que deben actuar conjuntamente, ya que el paciente requiere que el proceso esté unificado. Sin duda alguna, una comunicación efectiva entre estos sectores profesionales siempre va a ir en beneficio de los pacientes, que de esta forma recibirán una atención sanitaria de mayor calidad y más personalizada que la actual.

Según el Presidente de la Fundación Farmacéutica Avenzoar, Avelino Romero «la receta médica es un documento sanitario de vital importancia, pues en ella plasma el médico el tratamiento para el padecimiento que ha diagnosticado y es la primera piedra de la acción dispensadora del farmacéutico». En este sentido, se están estudiando todos tipo de fórmulas para solventar el problema de comunicación existente entre médicos y farmacéuticos. Parece que la solución a este jeroglífico es la receta eléctronica que, con todas sus ventajas e inconvenientes, se convertirá, salvando las diferencias, en la Piedra Rosetta del siglo XXI.

Se trata de un plan muy ambicioso que se implantará a medio plazo, aunque tiene dos incovenientes. El primero sería presupuestario, ya que se requiere una fuerte inversión para dotar a los centros de salud y farmacias de un sistema informático adecuado que permita una comunicación efectiva entre ambos. La segunda dificultad la encontramos a la hora del montaje de esta compleja red.

Pero esto es el futuro, ahora mismo nos encontramos con recetas que poseen una letra inteligible. A este respecto, Romero afirma que «esta legislado que las recetas se escriban con claridad, pero es comprensible la dificultad que tienen los médicos a la hora de escribir cuando tienen que enfrentarse a un número elevadísimo de pacientes». Fernando Peña, farmacéutico y ponente de las jornadas, añade al respecto que «hay veces en las que cuesta trabajo descifrar el fármaco recetado. En estos casos, se paraliza el proceso y ante la duda, nos ponemos en contacto con el médico para que nos aclare el producto».

Peña también afirma que «hoy por hoy, la utilización de las recetas informatizadas está aumentando» y añade que el gran problema al que se enfrenta el médico no es que las recetas se hagan a mano o no, sino que se trata de de una «cuestión de tiempo», ya que en apenas dos horas tienen que ver a un elevado número de pacientes.