«A Espadas no puedo aconsejarle en la oposición, yo siempre goberné»
rocío ruz
alfredo s. monteseirín

«A Espadas no puedo aconsejarle en la oposición, yo siempre goberné»

juan j. borrero
sevilla Actualizado:

Le gusta contar que la política municipal es como un bólido siempre acelerado en el que uno sólo puede manejar el volante. Lleva doce años montado en el sillón del alcalde de Sevilla del que se bajará esta semana. En el último año casi ni le dejaron el volante. «Ha sido muy duro», confiensa. Y se le nota el trayecto recorrido: en la permanente reivindicación de sus «logros» tras una histórica derrota de su partido que le ha dolido pero de la que no parece sentirse responsable. Una derrota de sus siglas que dice admitir pero a la que responde con cierto resentimiento. Él nunca perdía, aunque sólo ganó una de las tres elecciones que le llevaron a la Alcaldía. Ahora se va sin destino político, pero ha dejado como pista en su blog personal un poema de Robert Frost que concluye: «Podría volver si no me siento satisfecho con lo que he aprendido al haber muerto». Dice que sólo es un verso. Esta es una entrevistas que el alcalde no quería hacer «porque son muchas despedidas ya». No hablamos de setas ni mercas, para que sólo sea el retrato interior de un político a la hora del adiós.

—Además de doce años, ¿qué ha pasado entre aquel alcalde que llegaba tras disputarle la primarias a Rodríguez de la Borbolla, y el alcalde que esta semana se despide del cargo?

—Muchos años en los que me he sentido muy feliz de tener un encargo tan importante para una persona con vocación de servicio público, como es ser alcalde de una de las ciudades más importantes del mundo.

—Le comentaba lo de las primarias, porque usted estará a favor de ese modelo de elección interna. ¿Qué le parece lo de Rubalcaba?

—Yo soy hijo de las primarias. Eso fue el espaldarazo necesario para conseguir disputarle la batalla a dos personajes como eran Alejandro Rojas Marcos y Soledad Becerril. A mí me vino muy bien, me dio mucha fuerza. Creo en las primarias, pero creo que están para reforzar el liderazgo del que llega nuevo como alternativa a lo que supone el Gobierno en una u otra institución. El partido hace bien en hacerlas y creo que Rubalcaba va a tener un respaldo auténtico de la militancia que le vendrá muy bien.

—¿Cree que uno de sus errores políticos fue no aspirar a la secretaria provincial del PSOE?

—No. Fue una decisión personal que tomé muy consciente, sobre todo buscando no fragilizar desde el punto de vista institucional mi papel como alcalde. La Alcaldía y la realidad política de Sevilla necesita ser preservada de determinado tipo de cosas y no me arrepiento de haberlo hecho.

—¿Usted el 22-M ha sido un perdedor o un ganador?

—Bueno, yo me he sentido bastante mal. Sabía de la dificultad, siempre la cosa ha estado muy igualada y las circunstancias no eran muy proclives, y la verdad es evidente que el candidato del PP se ha aprovechado de esa circunstancia. Pero no me esperaba un resultado de 20 concejales y por tanto me he sentido muy apesadumbrado, pero no ya desde una perspectiva partidista sino preocupado porque el trabajo que hemos hecho en todo este tiempo puede ponerse en riesgo como consecuencia de la involución que un resultado de estas características puede suponer desde el punto de vista social, cultural... Es volver a las andadas, retroceder, andar para atrás, porque es evidente que las posiciones que representa el PP en esta ciudad son muy retrógradas. Yo diferencio mucho a la gente de derecha de corte liberal europea de esa otra derecha, que se ha venido a llamar la derecha extrema, que representa lo más retrógrado del pensamiento político. Creo que hay un sobrepeso en el PP de esas posiciones.

—¿Y cree que la derecha que ha ganado con una mayoría absoluta histórica en Sevilla es esa?

—Hay mucha gente muy reaccionaria.

—Pues lo que usted llama involución ¿no es lo que la mayoría llama cambio o regeneración política?

—Pues es todo lo contrario. Se trata de volver a los tiempos de la falta de cohesión social, los comportamientos más inmovilistas, las actitudes más contrarias a lo que hemos ido labrando en la sociedad española estos últimos años. Se trata de la reivindicación permanente y total de las épocas predemocráticas, cuestiones superadas a lo largo de este tiempo. Y estoy convencido de que eso no es bueno para Sevilla.

—¿Algo tiene usted que ver como alcalde en el cambio político histórico, o como usted llama en esta involución de la política en Sevilla?

—Creo que es una cuestión generalizada en el contexto del país, de todos los países. En España, el PSOE ya está pagando electoralmente las consecuencias de la crisis, igual que en Inglaterra, en Francia los conservadores y hasta parece que el amigo de Aznar, este... Berlusconi. La gente culpabiliza de la crisis al que gobierna.

—Pues el alcalde de Dos Hermanas no ha tenido tanto problema para mantener su mayoría absoluta

—Porque tenía un colchón mayor.

—Tampoco los alcaldes del PP que llevan gobernando muchos años en capitales andaluzas han tenido problemas para revalidar e incluso ampliar sus mayorías absolutas

—Claro porque se castiga al partido del Gobierno en el país. Merkel en Alemania ha sido castigada y, en Italia, el otro también ha perdido en Milán. En estas elecciones municipales no ha sido el único efecto, pero ha sido determinante.

—En su despedida pidió perdón, pero no especificó por qué. ¿Puede hoy decirlo?

—Yo pedí disculpas, porque prefiero disculparme a pedir permiso. Es mi manera de hacer las cosas. Un alcalde no debe estar ahí por estar, sino para hacer cosas. El que las hace tiene posibilidad de equivocarse. Lo que no puede ocurrir es doblegarse y espero que el nuevo alcalde sea capaz de hacer lo que yo he hecho, no doblegarme. Nadie debe marcarle la agenda política e institucional. Si en algún momento yo he percibido que una medida concreta podía darme disgusto o deterioro electoral no por eso he dejado de afrontarla. Yo por ganar votos en determinados barrios no me voy a convertir en xenófobo, en racista, en discriminatorio. No les voy a regalar los oídos a quienes están en contra de la igualdad, o tocarle las palmas a los que plantean posiciones contrarias a los derechos humanos y civiles.

—¿Me está diciendo que hay barrios de Sevilla que se han ganado electoralmente con argumentos xenófobos y racistas?

—Ha habido tentaciones para agitar e incendiar determinadas zonas para sacar rédito electoral, con argumentos próximos al racismo y la xenofobia. Hay sectores dentro de la derecha que no tienen pudor en utilizar estos argumentos.

—Es una denuncia muy grave. ¿Tiene datos o está tan documentada como la que ha dado origen a la crisis de los pepinos?

—Le digo que una buena parte de la derecha española está en una actitud involucionista, está agitando permanentemente antivalores con respecto a la convivencia en una sociedad democrática.

—Esta denuncia suya ha surgido precisamente tras la pregunta sobre por qué tenía que disculparse ante los sevillanos

—Si, efectivamente tengo que pedir disculpas por las cosas que no hemos hecho bien. No basta con la buena voluntad. Mis disculpas son porque he sido un alcalde que ha preferido la acción a la omisión. Pecar por hacer lo que tenía que hacer, más que por no hacer las cosas que debiera o por temor a la crítica.

—No ha sido su fuerte, pero ¿ha mejorado en autocrítica?

—Sí, le puede preguntar a la gente que me rodea, al magnífico equipo que me ha acompañado estos años. Lo soy. Otra cosa es darle cuartos al pregonero.

—¿Puede confesarme dos... o tres errores?

—Bueno, hemos hecho bien los aparcamientos rotatorios, pero no hemos sido capaces de hacer los de residentes, por una serie de circunstancias, aunque todo tiene su explicación. Es un ejemplo muy práctico y evidente. Creo que hay una especie de falacia de que no hemos sido capaces de explicar las cosas. Las cosas han terminado por explicarse por sí solas. La mayoría de las veces los contrarios han denostado a quienes lo han hecho más que a lo que se ha hecho. Tengo ya una sana envidia de cómo está siendo acogido el comienzo de este nuevo ciclo, a mí no me dieron ni un segundo. Desde antes de llegar la actitud de determinado sectores, la derecha, fue terrible. Ahí está la demonización que se hace de Izquierda Unida. Cuando era la Izquierda Unida de la pinza era muy buena y cuando apoya al PSOE se demoniza. Cuando el PA apoyaba al PP qué bien, cuando lo hizo con el PSOE amenazaron a Alejandro. Parece que los progresistas somos más respetuosos con el resultado electoral mientras los de derechas lo reclaman como si fuera su derecho natural.

—¿No cree que de la Izquierda Unida que dice de la pinza a la de hoy en Sevilla va tanta distancia como la que hay entre Luis Pizarro, Concha Caballero o Luis Carlos Rejón con Rodrigo Torrijos y Carlos Vázquez?

—Nada tiene que ver, nada, es verdad —dice en tono de queja, irónico—. La diferencia es con quiénes pactan.

—¿No conoce el debate interno en IU sobre el desvarío de Sevilla?

—No lo creo. Lo único que puedo decir es que he tenido en Izquierda Unida un socio muy leal que ha trabajado con su forma y estilo —que no es el de los socialdemócratas—, mucho más de lo que se pueda suponer. Tengo muy pocas cosas que reprocharle a IU. Mire, lo que intento explicar es que estoy más cerca de los del 15-M que de los pijos y de los carcas. Prefiero a la izquierda, es más acorde con mis ideas y es mejor para la sociedad.

—¿El 15-M representa a los valores de la izquierda?

—No, no representa nada, es un movimiento plural y diverso que tiene muchos componentes. Y la verdad dice cosas muy sensatas y otras muy utópicas, pero vamos que a mí ese movimiento me gusta, va a dinamizar la izquierda, mientras detesto el de los legionarios o los del nacionalcatolicismo que creo es una carga terrible para la derecha de hoy y para el conjunto de la sociedad española.

—¿Y no es un lastre para el progreso de la sociedad los políticos y la política que se sustentan todavía en las dos españas?

—No, no creo que sea ningún tipo de lastre. Yo creo en la política donde la ocupación de unos y otros es meterse con el contrario, eso también puede pasar en el ámbito del periodismo. En cuanto a las dos españas, yo conozco mejor que nadie lo que significa esa expresión porque por parte de padre provengo de una, y por parte de madre de otra. Soy hijo de la reconciliación nacional, pero de lo que nadie me puede convencer es de que son lo mismo unos que otros.

—Pasando de las ideas a la gestión. ¿Minusvaloró la micropolítica en sus gobiernos?

— No, lo que pasa es que eso no tiene tanta importancia desde el punto de vista público como tiene la macropolitica. Si me preguntara de qué estoy más orgulloso ...—Era la siguiente pregunta. —Pues le diría que no es que Sevilla tenga metro, o la descontaminación, las grandes infraestructuras... sino la polítca que hemos hecho en los barrios, algo que no destaca porque desde el primer momento forma parte de la cotidianeidad. La gente lo tiene asumido. Me siento orgulloso de que Sevilla tenga más cohesión social y territorial. Luego viene el día a día. Yo he estado permanentemente encima de los servicios municipales para que dieran una buena respuesta al ciudadano. He sido muy exigente.

—¿Su mayor frustración?

—(Silencio, suspira). Se me han quedado muchas cosas en el tintero. Alguien dirá: ¡más todavía! Hay cosas pendientes, pero si me pregunta por mi frustración fundamental es que hemos estado a punto de conseguir técnicamente el pleno empleo. Hemos trabajado muy duro para que la ciudad no lo confiara todo al ladrillo, hemos apostado por la industria productiva (habla de Abengoa, de Renault, de Heineken, del A-400m y el Puerto) y, sin embargo, las cifras de desempleo son hoy muy altas.

—En marzo de 2010 usted se dirigió a los sevillanos con una primera carta de despedida («Gracias a Sevilla, que me ha dado tanto»). Griñán había anunciado que no repetiría como alcalde. ¿En aquel momento pensó abandonar el Ayuntamiento?

—Sí. Hace dos años yo le dije a Manuel Chaves, secretario general en Andalucía, que no iba a seguir por consideraciones de carácter personal y político. Chaves me dijo que lo comprendía pero que no lo contara. Al cabo del año, se lo comenté también a Griñán y le planteo que desde mi punto de vista la mejor forma de hacer el relevo era una determinada. No volveré sobre este aspecto, no fue asumida la propuesta y no tengo más que contar. Yo pensaba que debía irme y dejar paso a alguien de dentro para que se rodara como futuro candidato. No se entendió así. Todos me pidieron que me quedara hasta el final y aquí estoy, cumpliendo hasta el último segundo lo que me pidió mi partido y asumiendo el compromsio que adopté con la ciudad. No ha sido fácil, no ha sido fácil. Pero de una de las cosas que me siento más orgulloso ha sido cómo hemos llevado la cohabitación entre alcalde y candidato. Nos hemos respetado los espacios perfectamente. He dado mi pasito atrás y él ha sido generoso.

—¿Un consejo para Juan Espadas?

—Yo no puedo darle consejo a Juan Espadas sobre cómo hacer oposición, porque nunca he estado en la oposición, siempre he estado en posiciones de Gobierno. Ahora bien, Juan Espadas como referencia del PSOE en Sevilla se va a encontrar con un momento difícil por la deuda municipal (explica que, no obstante, es el ayuntamiento menos endeudado de los de las grandes capitales). En estas dificultades la tentación de la derecha cuando gobierna es hacer las cosas sin tener en cuenta a la gente que puede quedarse atrás. El gran empeño y tarea que va a tener Juan Espadas es controlar y estar atento para que esa situación de penuria de las arcas municipales no la paguen los que más necesitan, para mantener la cohesión social. que hemos conseguido.

—¿Alguna nota sobre la mesa para Juan Ignacio Zoido?

—Que no se deje doblegar. Que haga valer el papel de un alcalde y se rebele frente a los intentos que va a tener de supeditarse a los que se consideran mandamases de la ciudad.

—¿Una despedida para Antonio Rodrigo Torrijos?

—Creo que a pesar de perder un concejal ha conseguido resistir. Ha hecho un buen trabajo. Agradezco mucho su lealtad institucional.

—¿El sábado irá a la toma de posesión?

—No. Yo convoco el Pleno pero no tengo que ir.

—¿Qué hará ese día?

—Ya no está en la agenda del alcalde.