Entrevista a Carlos Infantes Alcón
«Se está perdiendo la vocación por la medicina y se está dejando de mirar a los ojos de los pacientes»
El cirujano cardiovascular sevillano Carlos Infantes Alcón, nuevo presidente de la Academia de Medicina de Sevilla, advierte que la tecnología está deshumanizando la profesión médica y advierte del paso de la «generación brújula» a la «generación radar»

Carlos Infantes (1944) se licenció en Medicina en la Universidad de Sevilla y se formó como cirujano cardiovascular junto al profesor Ramiro Rivera, pionero en injertos cardíacos en Andalucía. Estudió e investigó en el Stanford University Medical Center, Santa Clara Valley ... Medical Center, los dos en California, y en Hospital Sainte-Justine pour les Enfants de Montreal (Canadá). Realizó su tesis doctoral sobre válvulas cardiacas en la Universidad de Stanford, donde conoció a uno de sus maestros, el doctor Norman Shumway . Ha sido durante 32 años jefe de Servicio de Cirugía Cardiovascular del Hospital Universitario Virgen Macarena y durante 18 profesor de la Facultad de Medicina de Sevilla. Es miembro de la Sociedad Española de Cirugía Cardiovascular, académico correspondiente de la Real Academia de Medicina y Cirugía de Sevilla y Premio Galeno de la Fundación del Colegio de Médicos de Sevilla. Hace unos días fue elegido presidente de la Academia de Medicina de Sevilla.
¿Hay que sacar a la Academia de Medicina del letargo?
No está en letargo. Hay que sacarla a la calle y acercarla más a los ciudadanos. Tenemos que colaborar más con la sociedad.
¿Cómo?
Los jueves siempre tenemos una reunión en la sede de la Academia y organizamos mesas redondas a la que asistimos los académicos y en la que aprendemos mucho. Por ejemplo, si hacemos conferencias sobre patología del alveolo pulmonar o sobre la fisiopatología renal, son temas que interesan poco al ciudadano medio, no médico, con lo que las asistencias se concentran principalmente en académicos y amigos del conferenciante. Vamos a seguir haciendo y potenciando este tipo de sesiones, pero vamos a esforzarnos para que sean más abiertas e interesantes para el público en general..
Usted organizó hace algún tiempo una mesa redonda sobre medicina y tauromaquia. ¿Es ése el modelo?
Es un ejemplo. Lo hicimos en la Fundación Cajasol y asistieron Curro Romero, Espartaco, Peralta y los médicos de las plazas. Creo que la primera pregunta que le hice a Curro Romero, al igual que una historia clínica ante un paciente, fue por qué se ponía delante de un toro.
¿Y qué respondió él?
Hizo una media verónica intelectual y dijo: «por las fatiguitas que pasaba». Todo el mundo aplaudió y la charla tuvo mucha repercusión en la ciudad. Sigue siendo medicina, pero con mucha mayor proyección a la sociedad. Es lo que yo pretendo, que nuestro trabajo sea útil e interesante para la gente.
¿Cuál es la edad media de los académicos de Medicina de Sevilla?
Ronda los ochenta años.
¿No habría que rejuvenecer un poco la institución?
Esa palabra no me gusta porque puede malinterpretarse como que las personas mayores no tienen nada que aportar y eso es falso. Yo mismo tengo 77 años. Pero sí creo que convendría incorporar a la Academia a profesionales en activo que podrían aportar muchas cosas a la institución. Conjugar experiencia y juventud.
Hay muchos académicos e hijos de académicos en la historia de esta institución, la más antigua del mundo en su clase con una trayectoria de más de tres siglos. ¿Los hijos de académicos tienen más fácil ser académicos que los que no?
Sí, tenemos esa endogamia, aunque esto no ocurre no sólo en Medicina sino en Judicatura, abogacía y otras muchas profesiones como arquitectura y otras. Tenemos sagas de académicos que son, en muchos casos unas estrellas en lo suyo. Yo no soy hijo de médico, pero normalmente si tu padre es médico tienes muchas probabilidades de ser médico. Con las academias pasa igual. En mi opinión, esto tiene una parte negativa porque parece injusto que un hijo de un médico tenga ventajas sobre uno que no lo sea; pero también tiene una parte buena, porque ese hijo de médico sabe que un médico tiene que saber sacrificarse, tener empatía y ser médico también a las doce de la noche. Ya viene parcialmente entrenado y es vocacional.
¿Se puede «controlar» esa endogamia?
Lo que pretende la junta de gobierno que presido, es que si hay una plaza vacante, por ejemplo, de Neurología, veamos primero quiénes son las figuras que hay en nuestro entorno y preguntarles si quieren venir, es decir, que la propuesta parta de dentro y no de fuera. Pero si el buen candidato es hijo de otro académico, no será óbice. Ahora va a ingresar el doctor Francisco Trujillo, una referencia nacional sobre la que no hay discusión. También, a propuesta de varios compañeros, pensamos que un cirujano de calidad y joven, como el doctor Salvador Morales, o el cardiólogo de la proyección nacional como el Prof. Cruz Fernández, deben formar parte de la institución académica. Queremos que las plazas salgan, en definitiva, cuando haya un profesional con las características adecuadas para ocuparlas, y no por la obligatoriedad de que las plazas estén ocupadas.
¿Cuántas plazas de académicos pueden cubrirse legalmente?
Cincuenta, aunque hay algunas sin cubrir. Queremos crear una figura para los académicos, que podría llamarse emérito o similar, que sin merma alguna de los atributos de los académicos en cuestión, nos permita liberar plazas para personas que estén en activo.
¿Cómo financian sus actividades?
Los académicos numerarios pagan una cuota mensual y de ahí se paga casi todo. Nos ayuda mucho un acuerdo con el SAS para hacernos cargos de las peritaciones judiciales en cualquier tema de controversia respecto a la actuación de un médico o de la organización sanitaria. Los hacemos los académicos y el dinero se lo queda íntegramente la Academia. Antes hacíamos unos cien o ciento veinte al año, pero ahora todo está un poco parado con la pandemia. Tenemos también benefactores como el Colegio de Médicos de Sevilla o la Maestranza de Caballería, colegio de médicos de Huelva, compañías médicas, constructoras y privados que ayudan con equipamientos.
¿Se está perdiendo esa vocación que caracterizaba antes a las profesión médica?
He escrito un trabajo, que publicaré en breve, titulado «Vocación y profesión: concepto o nomenclatura». Lo ideal sería que todos los médicos tuviesen un porcentaje importante de vocación. Yo siempre he dicho que cuando uno es joven tiene que ser un poco quijote pero que cuando llega a cierta edad y no tiene algo de Sancho Panza es que se ha equivocado en la vida. En la época de los brujos de la tribu no había apenas nada para curar, pero se mantenía una fe absoluta en lo que hacían los brujos con unas pocas hierbas o cuatro lagartijas. El médico ha ido perdiendo la fe en su trabajo conforme ha avanzado la tecnología y disminuido la vocación.
¿Que Medicina tenga una nota de corte tan alta en Selectividad puede apartar a gente con mucha vocación sanitaria pero no tan brillante en los estudios?
Yo llamo a los médicos con vocación «la generación brújula». Yo fui uno de ellos porque quería ser médico desde pequeño. Ahora se da más «la generación radar», que depende de la nota que llegue. Eres lo que la sociedad te permite ser. Conozco casos de personas brillantes que me han dicho que iban a intentarlo en la cirugía cardiovascular, pero si no les salía bien montaban una ferretería o cualquier otro negocio. Esa es la generación radar, la que se mueve de un lado a otro.
¿Echa de menos la época en la que todos los médicos escuchaban el latido del corazón con un fonendoscopio?
Creo que eso no se debería perder, igual que palpábamos el hígado en un silencio absoluto, o mirabas los ojos a un paciente a ver si había anemia o no en la época en la que apenas había laboratorios. Tener un médico que se sepa todas las técnicas y esté al tanto de la última tecnología, pero a las tres de la tarde no quiera saber nada más de sus pacientes hasta el día siguiente no ha sido una gran ganancia. O llega alguien y le espeta a un paciente que tiene un cáncer sin ninguna empatía. Es legal, es sincero, pero hay que cuidar la psique de los pacientes
¿Los laboratorios y la tecnología han ido deshumanizando al médico y despegándolo del enfermo?
Sí, en cuanto empiezan a aparecer ya no hay que palpar la barriga, sino que pides una ecografía; ya no hay que escuchar el corazón sino hacer una ecocardiografía. La separación es cada vez mayor. El médico se está viendo forzado en función del tiempo disponible a ordena mil pruebas que hace un técnico que no habla ni conoce al paciente. Y el médico lee delante del paciente todos los informes que le han escrito otros profesionales, unos con mucha experiencia y otros con poca. Y al final saca una conclusión no individualizada con ese paciente al que apenas has mirado a los ojos.
Con la telemedicina que la pandemia ha acelerado va a ser aún más difícil...
Atender a un paciente por teléfono no es lo ideal, sino un mal menor en casos muy concretos. La tecnología irá ayudando, porque en esa consulta telefónica, recibiremos datos del paciente: temperatura, electrocardiograma, analíticas básicas…obtenidas por teléfono, relojes inteligentes y mini laboratorios individualizados..
¿Se puede ser un fenómeno en la técnica y un mal médico en la práctica?
Sí, porque la empatía es fundamental. Al paciente que llega con un problema con solución, hay que decirle que se lo vamos a solucionar y si la solución tiene el 98 por ciento de posibilidades de salir bien, no debemos decirle que hay un 2 por ciento de posibilidades de que muera. No se puede faltar a la verdad, pero hay que transmitir la luz a la salida del túnel. Hay muchas formas de decir las cosas y hay que transmitir esperanza.
¿Cómo se puede ser un buen médico si sólo tienes 7 minutos para ver a un paciente y has de ver a 60 en ocho horas?
No se puede ser un buen médico sólo con siete minutos para cada paciente. No ver la cara de los enfermos es la antítesis de la profesión médica. Yo en mi clínica cito a mis pacientes de hora en hora y, si sobra tiempo, me dedico a otra cosa.
¿Y mira el ordenador?
No, apunto las cosas en un papel. Miro al paciente, no a la máquina, que no es mi paciente. Después dicto la historia y se digitaliza..
La atención primaria está desbordada en toda España.
Sí, porque no hay profesionales suficientes para atender a todo el mundo, pero es que tampoco se pueden contratar más porque no los hay. Los médicos de familia y los pediatras se van fuera de España porque ganan el doble o el triple que aquí. Y también hay un poco de abuso de algunos pacientes, esos que dicen que «hoy estoy de médicos». Todo esto hay que reestructurarlo.
Hasta hace poco nuestros políticos decían que teníamos la mejor sanidad pública del mundo.
Nos han hecho pensar eso, pero no es verdad. Quizá tengamos la mejor en relación precio/calidad, puesto que es gratuita y universal. Se tardará mucho, pero es cierto que te atenderán, tengas dinero o no. En Estados Unidos, si no tienes un seguro privado, estás perdido.
Usted fue a la Universidad de Stanford a formarse como cirujano cardiovascular cuando acabó la carrera en Sevilla...
No sabía nada de inglés y empecé a hablar el idioma en pocas semanas porque si no no comía. Me fui con 26 años.
El doctor Ramiro Rivera, pionero en los injertos aorto-coronarios, fue sumaestro.
Es mi maestro, porque afortunadamente vive con 90 lúcidos años. Sí, él me ayudó mucho y luego, cuando estaba formado, me avisó de una plaza libre en el Hospital Virgen Macarena. Ahora no hay maestros y se les ha perdido el respeto. El sistema MIR es muy interesante, pero a cada residente le tira su tierra y cuando vas fuera de tu ciudad solo quieres acabar tu formación y volver a tu tierra, de modo que te da igual el jefe de servicio de allí. Me dijo uno de mis amigos que cuando te jubilas, eres una gloria en tu hospital; al año siguiente serás ya una vieja gloria; y al año siguiente una vieja, sin más.
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