Plaza del Museo con el monumento a Bartolomé Esteban Murillo en el centro, presidiendo la entrada principal de la pinacoteca sevillana
Plaza del Museo con el monumento a Bartolomé Esteban Murillo en el centro, presidiendo la entrada principal de la pinacoteca sevillana - Raúl Doblado
Año Murillo

El éxito de las exposiciones eleva el prestigio de Sevilla en los circuitos del arte

Profesionales, políticos y gestores culturales subrayan el impacto positivo generado por toda la programación en torno a Murillo

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El éxito tiene tantos padres putativos que el Año Murillo ha logrado una rara unanimidad en Sevilla, donde la especialidad es precisamente sacudirse las responsabilidades de los fracasos. Nada de eso ha pasado con la conmemoración del cuarto centenario de Bartolomé Esteban Murillo, el artista plástico más renombrado de Sevilla con permiso de Velázquez. Profesionales de la cultura y el turismo, políticos de diferente color, especialistas y gestores culturales coinciden en unas cuantas lecciones que deja el aniversario, concentrado en 2018 pero que tuvo su primera extensión en 2016 con la muestra de Focus y llega a su término este fin de semana.

Los tres millones de espectadores en todas las actividades etiquetadas bajo el marchamo de «Año Murillo» que el Ayuntamiento ha recontado dejan la impresión de que Sevilla ha dado con el santo grial que llevaba mucho tiempo buscando: cómo hacer que su rico patrimonio histórico-artístico redunde en beneficio de sus habitantes. Las que siguen son algunas de las enseñanzas que deja el Año Murillo en la voz de sus protagonistas, consultados por ABC.

Punto de inflexión

El concejal de Hábitat Urbano, Turismo y Cultura, Antonio Muñoz, tiene claro que el año dedicado al artista ha supuesto «un punto de inflexión comparable al que supuso la Expo en 1992». ¿Por qué? Por dos motivos: «Ha sido un proyecto de ciudad y eso fue una decisión estratégica de no concentrar todos los actos en una sola sede, refrendada después por una participación espléndida de muchos actores, desde la Iglesia a los activistas culturales más vanguardistas». Muñoz es consciente de un éxito con el que no se contaba a priori: «Me llegan a decir estos resultados al principio del mandato y no me lo hubiera creído», reconoce con humildad.

Resurrección del Museo

La consejera de Cultura, Patricia del Pozo, lo tiene claro: «Lo más importante es que el público ha respondido a las exposiciones de calidad. El público es muy agradecido y los números del Museo de Bellas Artes (451.882 visitantes) marcan el camino para todos los museos andaluces de mantener una oferta de nivel en Andalucía». La consejera considera que el Año Murillo ha sido «un motor para el turismo y la cultura de Sevilla y ahora hay que aprovechar el éxito». En este sentido, Del Pozo dice que lo conseguido por el Bellas Artes debe ser de «estímulo» para otros museos andaluces, fomentando exposiciones temporales incluso propiciando el diálogo artístico con préstamos: «¿Por qué no voy a poder ver un picasso en Sevilla?». Ahora queda el desafío de desatascar la ampliación del museo.

Prestigio institucional

La directora del área municipal de Cultura, Isabel Ojeda, mantiene que la programación ha elevado el «prestigio institucional» de la ciudad en sí, lo que ha facilitado los préstamos de obras de arte con la «poderosa imagen de marca» que asociaba Sevilla y Murillo. Además, ha generado «credibilidad como ciudad» y «confianza en hacer una programación sostenida en el tiempo». El concejal Muñoz lo resume de un modo gráfico: «La ciudad se ha hecho un poquito mayor, ha dado un saltito en cultura y turismo». Incluso ha vencido muchas reticencias internas que sentían la fecha como una amenaza. La directora del Museo de Bellas Artes lo expresa de manera gráfica: «Cuando se abordan proyectos con ilusión, profesionalidad y recursos necesarios, se alcanzan los objetivos o incluso se superan las expectativas más ambiciosas».

Obra expuesta en el Museo de Bellas Artes
Obra expuesta en el Museo de Bellas Artes - Raúl Doblado

El buen paño en el arca

Ese es el punto de partida de las impresiones de Gustavo de Medina, presidente de la Asociación Sevillana de Empresas Turísticas, quien tira de refranero para titular la experiencia: «El buen paño en arca se vende. Se ha visto que aplicando técnicas de marketing, unificando bajo un eslogan y comunicando adecuadamente, las visitas aumentan exponencialmente como se ha visto». De Medina reclama aplicar el modelo a la conmemoración magallánica: «Hace falta un presupuesto -que con Murillo ha sido casi escaso-, establecer un cronograma y desarrollar el producto». «El patrimonio de Sevilla es enorme y Murillo enseña que funciona muy bien si se prevé con antelación», sostiene. El concejal de Turismo echa en falta incluso un «marketing más agresivo» en nichos de mercado muy específicos.

Planificación con tiempo

«Seguro que Sevilla tiene efemérides dignas de darse a conocer, como mínimo, cada dos años». Quien habla es Manuel Cornax, presidente de los hoteleros sevillanos, que también valora el acontecimiento como una «experiencia positiva tanto por su repercusión nacional e internacional como por el número de visitas». Y eso que reconoce que la efemérides empezó «tarde» y «no se creía mucho que Murillo iba a funcionar». Pero ha funcionado: ha servido para alargar la estancia de los turistas y como atractivo para turistas de más alto nivel adquisitivo. Isabel Ojeda, responsable de Cultura, insiste en la planificación a largo plazo para sortear la lentitud de la burocracia municipal.

Experiencia aprovechable

El concejal Antonio Muñoz tiene claro que el éxito tiene que ver con «incorporar a todo el mundo» incluso los que, en principio, podían sentir que la programación iba a «canibalizar los presupuestos, pero no ha sido así». «Sevilla tiene el know how [arte de gestión] para eventos de esta índole, ahora nos falta crecer en exposiciones de nivel y grandes conciertos». La directora del museo también cree que «las cifras de visitantes de un público diverso y creciente confirman el potencial de conmemoraciones para desarrollar la actividad cultural y económica de nuestra ciudad».

Integración

El Año Murillo también enseña que cualquier conmemoración tiene que aunar cuatro grandes líneas: el gran público, la investigación científica, publicaciones de nivel y la divulgación didáctica. Además, esta efemérides ha permitido comprobar la coordinación entre turismo y cultura que tanto se ha venido persiguiendo.

Un hito científico

El congreso internacional celebrado en marzo de 2017 marcó un antes y un después en la valoración científica del pintor. El historiador y profesor Benito Navarrete, uno de los comisarios del Año Murillo y coordinador del congreso, subraya la relevancia del encuentro al haber abierto nuevos caminos a la investigación. «Las actas del congreso reflejarán además los nuevos enfoques metodológicos que han ayudado a entender su obra y en definitiva el centenario nos enseña a que hay mucho que aportar todavía para sacar al artista de unos prejuicios que han sido precisamente lanzados por quienes han querido controlar su obra desde al ámbito religioso y político, precisamente por su capacidad de llegar el público».

Detalle de la exposición que se clausura este fin de semana
Detalle de la exposición que se clausura este fin de semana - Raúl Doblado

Huella en la ciudad

Un apartado que permanecerá en la ciudad son las rutas de Murillo que coordinó el historiador Enrique Valdivieso, figura de referencia en el estudio del artista. Termina el Año Murillo pero en el callejero quedarán las huellas biográficas del pintor. «En las rutas de Murillo se encadenó la visita y el comentario a los diferentes edificios religiosos para los que pintó Murillo. En algunos de ellos se conservaban las obras que allí realizó el artista, pero en otros habían sido sustraídas por los franceses en 1810, por lo que se tomó la decisión de sustituirlas por reproducciones a tamaño natural que testimoniaban su cruel pérdida». El profesor Valdivieso, que también fue uno de los comisarios del Año Murillo, recuerda que en estas rutas se incluyeron también edificios simbólicos «como la Academia de Buenas Letras, la Casa de Pilatos o el Palacio de las Dueñas».

Copias para siempre

Valdivieso añade otra aportación que perdurará para siempre: las dos copias que representan el «Triunfo de la Inmaculada» y la «Apoteosis de la Eucaristía» que fueron robadas por los franceses en 1810 de la iglesia de Santa María la Blanca. «Al colocarse estas pinturas en los espacios originales que tuvieron en la iglesia, se ha recuperado el primitivo programa iconográfico que tuvo la iglesia y, al mismo tiempo, se ha transmitido el espléndido valor artístico y espiritual que poseían las obras de Murillo realizadas para este templo».

Biblioteca Murillo

Entre las publicaciones aparecidas durante la conmemoración destacan los catálogos de las exposiciones o la aportación de Enrique Valdivieso con «La escuela de Murillo» y la novedosa mirada de Benito Navarrete en «Murillo y las metáforas de la imagen». Otro libro exitoso fue «Corpus Murillo», de Pablo Hereza, jefe del Departamento de Gestión de Fondos Museísticos de la Junta. «Mi obsesión era liberar al artista de las capas críticas que lo han acompañado en su vida y obra. El primer volumen del «Corpus Murillo» así se ha entendido, y su recepción académica ha sido extraordinaria. El segundo volumen, ya en imprenta, aborda su pintura y dibujos en la parte de los grandes encargos comitenciales, y seguro que volverá a sorprender».