El expapa, esta mañana en la sala de vistas
El expapa, esta mañana en la sala de vistas - Juan Flores
Tribunales

El expapa del Palmar de Troya y su mujer, condenados a seis y cinco años de cárcel, aunque no entrarán en prisión

El juez, en sentencia firme, suspende la pena durante un lustro si no vuelven a delinquir y pagan más de 36.000 euros

SevillaActualizado:

Un total de seis y cinco años de cárcel han sido las penas impuestas por el juez de lo Penal número diez de Sevilla a Ginés Hernández, quien en su día fuese el máximo representante de la iglesia cristiana palmariana como papa Gregorio XVIII, y a su esposa, quien responde a las iniciales N.A.T.G., por el asalto que llevaron a cabo en la madrugada del 10 de junio del pasado año a las instalaciones de esta secta en la finca La Alcaparrosa del pueblo sevillano de El Palmar de Troya con el ilícito propósido de hacerse con el dinero de la recaudación de la orden.

Tras alcanzar un acuerdo de conformidad entre las partes, la Fiscalía y la acusación particular han rebajado de manera considerable sus iniciales peticiones de cárcel, que eran de diez años para cada uno. El expapa y su esposa, quien también dejó los hábitos de religiosa, han reconocido expresamente los hechos y han mostrado su conformidad con las penas que se le han impuesto.

En sentencia «in voce» y firme, el juez David Candilejo ha condenado al que fuera máximo representante de la iglesia palmariana a dos años de cárcel por un delito de robo con violencia e intimidación en casa habitada y a dos años por cada uno de los dos delitos de lesiones de los que venía acusado, tras agredir al padre Jesús María y al padre Silvestre, que también estaba acusado en este procedimiento y que ha quedado absuelto.

Su mujer, de otro lado, ha sido condenada a dos años de cárcel por el robo con violencia, otros dos por el delito de lesiones agravadas y uno más por el otro delito de lesiones.

«E n cinco años no podrán cometer ningún delito. Doy muchas oportunidades, pero las quito igual de bien»

El matrimonio tendrá que indemnizar solidariamente a los dos religiosos agredidos en el asalto a la iglesia del Palmar de Troya en la cantidad de 32.972 euros por las lesiones y secuelas causadas a los dos curas. Tampoco podrán acercarse a las instalaciones de la iglesia palmariana en una década, ni por supuesto a ninguna de las dos víctimas.

Tras escuchar la condena, la defensa ha pedido la puesta en libertad de Ginés Hernández, que se encuentra en prisión provisional por estos hechos desde el 13 de junio del pasado año, y la suspensión de la ejecución de la pena privativa de libertad para ambos condenados.

La Fiscalía y la acusación particular, en representación de la iglesia cristiana palmariana, no se han opuesto a la suspensión siempre y cuando abonen la responsabilidad civil subsidiaria en un año y hagan frente a una multa de 1.728 euros en el caso del expapa y de 1.440 euros, en el caso de su esposa.

Además, el matrimonio, que carece de antecedentes penales, no podrá delinquir durante cinco años y tendrán que abonar las multas y las indemnizaciones en un año, «un tiempo prudencial». De no cumplir estos requisitos «innegociables», ingresarán en prisión, según les ha advertido el juez de forma insistente: «Confío en ustedes. En los próximos cinco años no podrán cometer ningún tipo de delito. Doy muchas oportunidades, pero las quito igual de bien».

«Han asumido su compromiso de cumplir ante la rebaja de la pena de las acusaciones, si no los cumplen, revocaré la suspensión porque entenderé que han hecho aquí ficción y me han engañado», ha añadido el juez.

De otro lado, el magistrado, el mismo que juzgó el caso del supuesto amaño en las oposiciones de la Policía Local de Sevilla, también ha aceptado la petición de la defensa de poner en libertad a Ginés Hernández. Así lo recoge en la sentencia que se ha dictado hoy y en la ejecutoria de la misma, tras lo que se dará traslado de lo acordado al centro penitenciario y el expapa podrá salir de prisión esta misma tarde.

Los hechos

La madrugada del 10 de junio de 2018, Ginés Hernández y su pareja, con el ánimo de hacerse con el dinero proveniente de la recaudación de la orden y mediante una escalera telescópica, superaron el muro perimetral del recinto antes de despuntar el alba. El expapá abandonó la iglesia parlmariana en la primavera de 2016.

Ginés Hernández aprovechó su conocimiento de los horarios y rutinas de la orden. Una vez en el interior, aguardaron «ocultos» hasta que sobre las 16:30 horas de aquella jornada, «sabedores de que la puerta que da acceso a las dependencias del monasterio permanecería abierta, se introdujeron en la zona en la que se ubica la imprenta y las habitaciones de los superiores», vistiendo ropas negras, con sus rostros ocultos con pasamontañas y portando efectos como una navaja, dos caretas de payaso, bridas, cinta americana, dos alicates y una palanqueta. Todo para neutralizar la resistencia de personas que se interpusiesen en su plan depredatorio.

Una vez en la estancia de la imprenta, fueron sorprendidos por el conocido como padre Silvestre, identificado como A.R.M.G.

En ese momento, Ginés Hernández, esgrimiendo la navaja y con el ánimo de menoscabar su integridad física, se dirigió al padre Silvestre, iniciándose un forcejeo entre ambos, en el que religioso resultóherido en el costado y extremidades.

La pareja de Ginés Hernández «se unió a la agresión esgrimiendo un martillo que encontró y con el que alcanzó en la cabeza» al padre Silvestre, quien en el transcurso de la disputa, «temió por su vida» y, tras arrebatarle la navaja al acusado, «le asestó una puñalada» a la mujer en el costado, «golpeándole acto seguido en la cabeza».

El sacerdote logró después «accionar la alarma de la estancia», con lo que acudieron a la misma varios religiosos, entre ellos el padre Jesús María, siendo éste atacado y agredido por ambos intrusos, tras lo cual el padre Silvestre, «temeroso por ello de la vida y la integridad física» de su compañero, «se hizo con la navaja que se hallaba en el suelo y asestó una puñalada a Ginés Hernández, alcanzándole en el costado y propinándole varios puñetazos para neutralizar la posibilidad de nuevas agresiones».