Foto de familia de la promoción de Derecho 1973-1978
Foto de familia de la promoción de Derecho 1973-1978 - Raúl Doblado

La Facultad de Derecho de Sevilla acoge el acto de celebración del 40 aniversario de la promoción 1973-78

Un centenar de antiguos alumnos vivieron este sábado una jornada de recuerdos del periodo de la transición española

SevillaActualizado:

El salón de Grados de la Facultad de Derecho de la Universidad de Sevilla se llenó este sábado de miembros de la promoción 1973- 1978, que celebraron el 40 aniversario de su licenciatura. Fue una jornada de reencuentros y de recuerdos entrañables para un centenar de antiguos compañeros de clase en la antigua facultad de la Fábrica de Tabacos.

En la actualidad, muchos desempeñan puestos relevantes como magistrados, catedráticos, notarios, registradores, abogados del Estado, altos funcionarios, empresarios o políticos. Entre ellos, el juez Baltasar Garzón, el abogado Fernando Osuna, el magistrado Heriberto Asencio, el abogado del Estado Carlos Pérez- Embid, Juan Manuel López Benjumea o Isidoro Beneroso, quienes se encontraban entre los asistentes al acto de conmemoración.

Esta promoción coincidió con el inicio y el final de la Transición política en España, comenzando en el curso 73/74 en las postrimerías del franquismo y concluyendo en 1978 en las vísperas de la aprobación de la Constitución. «Aquel momento histórico de profundos cambios políticos y de legislación que nos tocó vivir nos obligó a madurar más rápido que otras generaciones», aseguró Jesús Cruz Villalón, catedrático de Derecho del Trabajo y Seguridad Social en la Universidad de Sevilla y miembro de esa promoción.

Una opinión compartida por el juez Baltasar Garzón, quien recordó que «terminamos la carrera al final del franquismo y ejercimos nuestra profesión con la Constitución». Dijo sentirse «un privilegiado por estudiar en la Universidad de Sevilla con profesores como Manuel Olivencia o Manuel Clavero Arévalo»y en la que adquirió «una formación humanística en una época en la que no podíamos estar ausentes».

El acto, al que asistió el decano del Colegio de Abogados de Sevilla, José Joaquín Gallardo, estuvo presidido por el decano de la Facultad de Derecho, Alfonso Castro Sáenz. El letrado del Colegio de Abogados Alfonso Carpintero fue el encargado de presentar a Miguel Rodríguez-Piñero y Bravo Ferrer, miembro permanente del Consejero de Estado y presidente emérito del Tribunal Constitucional, quien fue profesor y decano de la facultad de Derecho durante el periodo de esta promoción.

Miguel Rodríguez-Piñero, quien ya tiene una calle en Sevilla cerca de la actual Facultad de Derecho, reivindicó «el papel del jurista en la sociedad». Según afirmó, «la Constitución ha permitido los cambios jurídicos y sociales en España; sin embargo, la especialización en Derecho ha originado más competitividad y dificultades de diálogo».

En su opinión, «en los últimos 40 años se ha producido una profunda transformación de la sociedad, se ha cambiado el ordenamiento jurídico, así como la idea de que el Estado es soberano. Se han abierto las fronteras no sólo en el ámbito económico. Existe un ordenamiento supranacional, por lo que el derecho estatal es incompleto y subsidiario de tribunales europeos». Rodríguez-Piñero indicó que «para los juristas no es tan fácil dar una respuesta, ya que pueden haber varias y todas son correctas. La solución justa ya no se sabe cuál es. No sólo hay que saber las normas sino también las interpretaciones legales». También expresó su «preocupación por el peligro que supone que ‘especialistas’ de otros ámbitos, como economistas o ingenieros, elaboren un ordenamiento jurídico fuera de la juridisprudencia».

El presidente emérito del TC hizo una defensa de la Constitución. «Fue fruto de un diálogo y de un consenso entre todos y aporta los valores que inspiran las relaciones sociales, culturales e incluso deportivas. Debe ser la norma de referencia porque racionaliza nuestra convivencia y paz social».

Sin embargo, matizó que la «Constitución tiene problemas. Hemos importado dificultades de otros países. Además, la Democracia no puede ser un recuento de votos cada cuatro años. El marco de convivencia requiere de una reforma constitucional, no sólo por el conflicto catalán, que no es nuevo, que se remota a hace más de 300 años, sino porque no debe quedarse en un discurso, sino que debe ser un texto vivo, de manera que nuestros hijos y nietos hagan suya la idea de consenso y solidaridad que hubo en los años de su creación y vean la Constitución como un proyecto de futuro».