Callejón de la Inquisición junto al Castillo de San Jorge. - ABC

Los fantasmas de la Inquisición siguen aterrorizando Triana

En los alrededores del Castillo de San Jorge se viven «experiencias paranormales»

Sevilla Actualizado: Guardar
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Hubo un tiempo en el que por las aguas del Guadalquivir flotaban toneles de madera con cadáveres en su interior. A los pies de Triana, una densa bruma arrastraba el hedor de la carne quemada, mientras se escuchan los gritos desgarradores de los herejes. Almas en pena vagaban en busca de consuelo, tras ser ajusticiados, quemados y torturados por Tribunal de la Inquisición. Siglos más tarde, las ánimas de aquel tiempo continúan aterrorizando a los sevillanos.

Podría ser sugestión, una alucinación o simplemente una imagen confusa que el cerebro no es capaz de procesar. Sin embargo, son muchos los que aseguran que en el entorno del Castillo de San Jorge, los fantamas de la Inquisición siguen rondando cuando cae la noche, entre penumbras, provocando el pánico a quienes los ven.

Los apasionados de los fenómenos paranormales justifican estas apariciones espectrales por el pasado del edificio que hoy alberga el mercado de Triana. Porque durante un siglo y medio, el Castillo de San Jorge fue la sede del Tribunal de la Santa Inquisición, aprovechando las cárceles ya existentes de esta antigua fortaleza árabe. Allí se encarcalería, juzgaría y ajusticiaría a miles de infieles y herejes, que tal vez, nunca descansaron en paz. Aquí empieza la leyenda.

«No ha sido uno, ni dos, ni tres, sino muchas las personas que se han encontrado con lo imposible en el mercado de Triana. Aseguran haber visto la figura de una niña vestida de blanco, como de comunión, que se pasea por los pasillos de la plaza de abastos» explica a ABC Manuel Blasco, investigador y delegado de la Sociedad Nacional de Parapsicologia TCI en Sevilla.

Blasco asegura haberse entrevistado con el personal que trabaja en el mercado que le han contado terroríficas vivencias, como miembros del equipo de seguridad que han dejado su puesto de trabajo o han tenido que huir por la noche, esperando en la calle a que amaneciera, «porque no se atrevían a entrar».

Apariciones espectrales en el Callejón de la Inquisición.
Apariciones espectrales en el Callejón de la Inquisición.

La escena que estas personas relatan es muy parecida. Afirman haber visto extrañas luminarias que se movían. Incluso la figura de una niña vestida de blanco que emitía luz, paseaba, jugaba y se escondía entre los puestos. Después, simplemente, desaparecía. Algunos detallistas, cuenta Manuel Blasco, han oído risas y voces de niños a primera hora cuando aún no se han abierto las puertas del mercado.

«Incluso se han encontrado radios que se encienden solas o cámaras de seguridad que han grabado el movimiento, a pesar de que no había nadie en el interior. Hay quien dice que esta aparición puede ser la de una de las niñas ejecutadas por la Inquisición en el antiguo Castillo de San Jorge», añade este apasionado de lo inexplicable.

El callejón de las apariciones

Un día como hoy, hace ahora tres años, dos amigos de Manuel realizaron una singular investigación en el Callejón de la Inquisición. José Luis Hermida y Paco Gallardo recibieron el aviso del extraño suceso vivido por un joven sevillano.

Escena de la muerte de Torrigiano.
Escena de la muerte de Torrigiano. - ABC

El protagonista de esta historia era un miembro de la banda de La Esperanza de Triana que regresaba a casa tras un ensayo. Eran aproximadamnte las dos de la madrugada. En la calle Castilla le esperaban su madre y su hermana en el coche para recogerlo. El joven las llama por teléfono avisando de que llegaría al punto de encuentro en unos minutos. Estaba ya a punto de cruzar el Callejón de la Inquisición.

«Pero cuando estaba cruzando el Callejón, este joven afirma que hay una sombra negra que se le echa encima. Es la figura de un monje, con sotana y capucha. Él siente que se acerca, le atraviesa y en este momento, pierde el conocimiento» relata Manuel Blasco. «Cuando se despierta, sale corriendo pero el monje sigue allí, lo describe con sandalias, con un rosario, y echa a correr. Dice que el monje sale detrás de él, pero que no se mueve, como si no se separara de él».

Cuando llega a casa, cuenta Blasco, empieza a buscar información sobre el Callejón de la Inquisición, y por casualidad se encuentra con una pintura que representa la muerte de Torrigiano después de ser torturado por la Inquisición. Este joven llega a identificar a uno de los monjes que estaban contemplando la escena, con el monje que supuestamente le había atacado.