Fernando Savater presentó en Sevilla su libro «A caballo entre milenios», unrecorrido por los grandes hipódromos

SEVILLA. Alberto García Reyes
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Aprovechando el marco de la exposición «Mil años del caballo en el arte hispánico» que se celebra en el Real Alcázar, el escritor y filósofo Fernando Savater estuvo ayer en Sevilla para presentar su último libro, «A caballo entre milenios».

En esta obra, Savater cuenta sus experiencias en las grandes carreras de caballos del mundo, empresa que le llevó un año, para abrir una puerta a la reflexión social de la que siempre se ha hecho eco el vasco.

«Decidí cumplir un sueño que había tenido desde siempre —explicó ayer el escritor—, que es dedicar todo el año 2000 a ver todas las carreras. Nunca lo había podido hacer porque el primer gran problema es que me hacía falta dinero, así que se me ocurrió ir a una editorial y prometerles un libro».

Savater confiesa que asiste al turf desde que tenía cinco años porque «para mí los caballos son una metáfora del amor a la vida, representan el momento maravilloso por el que el mundo se justifica a sí mismo». Sin embargo, el autor no sólo se ha centrado en los entresijos de los hipódromos para dar rienda suelta a su escritura: «En mi vida todo se da a la vez. Cuando estoy en un hipódromo recuerdo otras cosas y por eso en este libro mezclo todo tipo de reflexiones. Cuento, por ejemplo, cómo cuando salgo de un hipódromo tras una carrera me llaman al teléfono para decirme que han asesinado a un amigo mío». La problemática del terrorismo siempre está muy presente en toda la obra reciente del filósofo hasta el punto en que cuando se le pregunta, haciendo referencia a la virtud de los purasangres para correr, que si él se parece a ellos porque no teme correr riesgos, Savater responde: «El caballo de carreras es una obra de arte transgénica que adquiere la capacidad de correr por herencia genética, al igual que yo adquirí la de correr riesgos. De hecho, yo nací el mismo día y año que Salman Rushdie. Creo en la genética y en las astrología, pero probablemente ambas son falsas». Eso sí, aunque ama mucho a los caballos, su jerarquía está clara: «Sólo me afecta que maten a las personas».