Madre María de la Purísima en un acto en Sevilla fotografiada por Jesús Martín Cartaya
Madre María de la Purísima en un acto en Sevilla fotografiada por Jesús Martín Cartaya - Martín Cartaya

La fidelidad de Santa María de la Purísima

Hoy día 18 de septiembre es un día grande para las Hermanas de la Cruz. Se celebra la festividad de Santa María de la Purísima y se cumplen nueve años de su Beatificación en Sevilla

Gloria Gamito
SevillaActualizado:

El «darse a todos sin pesar, sin medir, sin contar», su sonrisa franca, su amor, su entrega, y su fidelidad en lo pequeño y en lo grande a Jesús y al camino marcado por Santa Ángela, son el distintivo de Santa María de la Purísima, la segunda santa de las Hermanas de la Cruz. Sus enseñanzas diarias y las vivencias compartidas las guardan en su corazón las religiosas que la tuvieron como Madre General y algunas, además, como maestra de novicias, así como las numerosas personas que tuvieron el privilegio y el honor de tratar con ella y de comprobar de cerca su finura espiritual. Pero ella es ejemplo de vida y amor para todos porque siguió a Jesús en el camino de la humildad y la pobreza y se desvivió por los necesitados y los enfermos. Hoy 18 de septiembre, festividad de Santa María de la Purísima, se celebra el noveno aniversario de la beatificación, y esta tarde a las siete habrá misa solemne en la capilla de la Casa Madre, que oficiará el vicario general de la Archidiócesis, Teodoro León.

Santa María de la Purísima, en el mundo María Isabel Salvat Romero, nació en Madrid en 1926 en una familia acomodada y de alto nivel social, en el barrio de Salamanca. Uno de sus abuelos fue ministro de Alfonso XIII. Se educó en las Irlandesas y conocer a las Hermanas de la Cruz y la figura de Sor Ángela cambió su vida. Sencilla y alegre, era muy culta y hablaba tres idiomas: inglés, francés e italiano.

En 1944, con 18 años, ingresó en las Hermanas de la Cruz y al año siguiente tomó los hábitos. En 1947 hizo su profesión temporal y los votos perpetuos en 1952. Estuvo destinada en Lopera y Valladolid y fue superiora en Estepa y Villanueva del Río y Minas, pueblos donde aún la recuerdan por su bondad y su práctica radical del Evangelio. Tras ser maestra de novicias y consejera generalicia, en 1977 fue elegida Madre General, cargo que desempeñó 22 años hasta su muerte a causa de un cáncer.

Madre del Postconcilio

Madre María de la Purísima era muy austera y vivía la pobreza al extremo. Solía decir «de lo poco, poco». Siempre disponible para cuantos la necesitaban, infundía en las Hermanas una inmensa paz y serenidad y deseos de vivir como ella, y fomentó que fueran ángeles de paz como Sor Ángela les pidió. Otra de las frases que repetía era «¡Qué importa cómo actúen los demás conmigo! Da tanta paz el actuar bien con todos». También solía decir: «En la casa de Dios no hay tareas bajas, todas son altas», y se reservaba siempre las menos agradables. También, como Sor Ángela, siempre quiso hacer la voluntad de Dios, «la santidad está en unir nuestra voluntad a la del Señor en todo momento, y esto requiere mucha humildad». Ella veía a Dios como un Padre «que nos lleva siempre de la mano y en Él estamos seguras».

Pero sobre todo dedicó su vida a que no se desvirtuara el carisma fundacional de las Hermanas de la Cruz marcado por Sor Ángela. La fidelidad fue su objetivo y su lema. Una de sus frases era «Siempre, a pesar de todo, fiel». Y no solo fue fiel en su vida espiritual, en las pequeñas y grandes cosas de la vida diaria, sino en su largo período de Madre General. En unos momentos en que muchas congregaciones cambiaron sus hábitos e incluso sus carismas, ella quiso para sus monjas una sólida formación doctrinal y espiritual y que el Instituto se mantuviera fiel a las auténticas fuentes de la vida consagrada: a la regla y al espíritu de la fundadora, y docilidad y obediencia a la Iglesia y a su magisterio. Y así lo reconoció el cardenal Amato, representante del Papa en la beatificación, que la llamó «Madre del Postconcilio» porque llevó a cabo la verdadera revolución del Concilio Vaticano II con «fidelidad a los valores, no a las modas, a la sustancia, no a las apariencias». Como modelo de fidelidad siempre ponía a la Virgen y decía a las Hermanas: «Nosotras vamos a aprender de la Virgen a mantener fielmente nuestra unión con Cristo en todo lo que sea cruz, humillación, renuncia».

En un proceso de canonización muy rápido que manifestaba la prisa de Dios por glorificarla, Madre Purísima fue beatificada en el Estadio Olímpico de Sevilla el 18 de septiembre de 2010, solo doce años después de su muerte. Fue un acto precioso al que asistieron 45.000 personas llegadas de todos los lugares donde las Hermanas tienen convento y que presidió la Virgen de la Esperanza Macarena, que salió de su basílica expresamente para este fin. Casi 200.000 personas la acompañaron a la ida y a la vuelta en un recorrido inédito que culminó con la visita al Hospital Virgen Macarena para repartir Esperanza. En la ceremonia hizo la primera comunión la niña Ana María Rodríguez Casado, beneficiaria del milagro de la beatificación por intercesión de Madre Purísima. Desde el año pasado Ana María se forma como novicia en las Hermanas de la Cruz, siguiendo los pasos de su benefactora celestial.

Cinco años después, el 18 de octubre de 2015 tuvo lugar la canonización en Roma. Septiembre y octubre son por tanto meses fundamentales en el calendario de Santa María de la Purísima, donde las palabras más importantes son amor y fidelidad.