El busto del emperador estaba enterrado en el suelo de una nave agrícola en Écija - ABC
‘Caso Bustiano’

Así se fraguó la operación de rescate del busto del emperador Adriano

Los intentos por colocar la pieza en el mercado negro fueron la primera pista que siguieron los agentes del Equipo de Patrimonio de la Guardia Civil

SevillaActualizado:

El pasado 14 de junio, los integrantes del equipo de Patrimonio de la Guardia Civil de Sevilla pudieron gritar algo parecido a la archiconocida interjección ¡eureka! cuando en el suelo de una nave en Écija localizaron la pieza arqueológica más importante que estos Indianas Jones de verde han recuperado del mercado negro en las últimas décadas. Un busto romano de un militar ataviado con coraza de parada, de 75 centímetros de alto y 70 de ancho y que se asemejaba al que llevaban buscando desde principios de año, está en el centro de este éxito policial.

Se trataba de la reproducción pétrea del emperador Adriano que un conocido intermediario con antecedentes en el tráfico ilegal de piezas llevaba meses tratando de colocar a cambio de un precio sólo apto para millonarios. Gracias a los diez agentes que fueron tras la pista de esta obra del siglo II DC, la ciudadanía podrá disfrutarla en un museo y no permanecerá oculta entre los tesoros de una residencia privada.

«El primer hilo del que tiramos fue una información que nos aportaron varios anticuarios y que nos alertaron de que se estaba tratando de vender un busto por 500.000 euros y que podría tratarse de alguna pieza procedente de un expolio». Al frente del equipo de Patrimonio de la Policía Judicial, responsable de la ‘operación Bustiano’, está el capitán David Lafuente, quien recuerda para ABC cómo fueron los inicios de una investigación complicada porque «era como buscar una aguja en el pajar».

Al menos contaban con un nombre que les resultaba familiar, el de un vecino de El Rubio, de 43 años, que se dedica a ofrecer piezas procedentes del expolio a coleccionistas a cambio de una comisión que va a en función del precio final. Por eso, en caso de haber prosperado esta operación, P. J. C. M. podría haber cerrado el negocio de su vida.

«Fuimos testigos de varias reuniones en las que se ofreció a la venta. Era una obra muy codiciada»

Durante semanas, los guardias civiles sometieron a un constante seguimiento al intermediario para saber con quién se reunía. «Fueron 24 horas al día. Un trabajo intenso para poder identificar a alguien que nos diera alguna clave de dénde podría estar ese busto». Gracias a esas pesquisas, destaca el capitán Lafuente, comprobaron que el intermediario mantenía reuniones con clientes potenciales y siempre iba acompañado de las mismas personas, tres hermanos de Écija. Los agentes pudieron verificar que esas personas eran los vendedores y que podrían tener en su poder el busto del emperador sevillano. «Fuimos testigos de varias reuniones en las que presuntamente se ofreció la pieza. Estaba claro que era una obra muy codiciada pero nada fácil de colocar por el elevado precio que le habían puesto. Tan sólo personas muy pudientes podían adquirirlo y eso reducía la cartera de clientes», destaca el oficial de la Guardia Civil.

El gran mercado de internet

Llegados a ese punto de la investigación, los agentes ya habían rastreado los principales portales especializados en subastas de piezas arqueológicas, casas de antigüedades e incluso webs de compra venta más comunes donde se han llegado a ofrecer estos trozos de historia como si fueran artículos de segunda mano al uso. «No sólo rastreamos esos portales, también acudimos a conferencias y citas para profesionales donde nos informamos de las novedades en este mercado».

En este caso en concreto, la pista buena estaba en el intermediario y en la familia de Écija. Al indagar en su patrimonio, comprobaron que el padre tiene una finca agrícola a las afueras del municipio astigitano. «Era el sitio ideal para esconder el busto».

La consejera de Cultura señala el busto que ya está en el museo arqueológico
La consejera de Cultura señala el busto que ya está en el museo arqueológico - Rocío Ruz

Los agentes se personaron el 14 de junio en la citada parcela provistos de la autorización judicial. En presencia de varios familiares fueron peinando la propiedad. «Estuvimos varias horas mirando. Allí hay dos naves y una construcción que podía servir de casa». El busto estaba en el interior de una de esas naves. Sin embargo, no fueron a tiro hecho porque la familia no se lo puso fácil. «No, no colaboraron mucho», reconoce el jefe del equipo de la Guardia Civil.

Un agente fue quien advirtió que en el interior de una suerte de cobertizo había tierra removida. «Resultaba sospechoso porque no había nadie que justificara ese movimiento de materiales». ¡Eureka!, el busto estaba a pocos centímetros de profundidad en un agujero practicado en el suelo.

La Junta de Andalucía quiso ayer compartir parte del éxito de este hallazgo y ofreció una rueda de prensa con la pieza arqueológica presidiendo el momento. La consejera de Cultura, Patricia del Pozo, la definió de «única y excepcional» y confirmó que entrará a formar parte de los fondos del Museo Arqueológico de Sevilla.

La directora del museo, María Soledad Gil de los Reyes, dio algunos datos que dan una idea de la importancia del busto de uno de los tres emperadores que dio Hispania al Imperio Romano. Sólo hay otros cinco similares en el Museo Capitolino de Roma, en el Museo Arqueológico de Grosseto, en la Galleria degli Uffizi de Florencia, en Nápoles y en Yecla. La investigación sigue abierta para determinar, si es posible, de qué yacimiento procede o al menos la última morada que tuvo el busto. Los detenidos sólo afirman que se lo encontraron. «Eso está por ver», sentencia el capitán Lafuente.