José Manuel Martínez Salas, José Francisco Lirola Ciriado, David M.Farrington, Javier F. Downey
José Manuel Martínez Salas, José Francisco Lirola Ciriado, David M.Farrington, Javier F. Downey - ABC
Sanidad

Fuga de médicos: más de 635 sanitarios sevillanos abandonaron Andalucía desde 2014

La mayoría de ellos se fueron a trabajar a la sanidad privada o a otras comunidades españolas que les pagan mejor, aunque más de ciento treinta dejaron España

SevillaActualizado:

La inestabilidad laboral y los bajos sueldos, comparados con los del resto de comunidades españolas, son las dos razones principales por las que muchos médicos sevillanos vienen abandonando Andalucía desde hace cinco años. En 2014 fueron sesenta los que se dieron de baja por traslado en el Colegio de Médicos de Sevilla, una cifra que casi se duplicó el año siguiente (112) y que siguió creciendo hasta alcanzar su cénit el pasado año, con 138 salidas.

En total, durante el último lustro, 636 profesionales dejaron la ciudad y la sanidad pública andaluza para trabajar en otras regiones o fuera de España. Unos cambiaron la sanidad pública por la privada, donde las condiciones laborales y económicas son mejores, y otros, casi la quinta parte, optaron por buscar nuevos aires en países como Francia, Alemania, Gran Bretaña o Irlanda, donde cobran, como media, el triple de lo que percibían en los hospitales y centros de salud adscritos al SAS.

Alfonso Carmona Martínez, presidente del Colegio Oficial de Médicos de Sevilla, asegura que los galenos andaluces «están saturados de trabajo y hartos de una escandalosa precariedad laboral que ha dado lugar a contratos, incluso, de un día». Carmona destaca también la falta de ofertas públicas de empleo en la sanidad andaluza durante los últimos quince años. «La inestabilidad laboral ha sido tremenda, tanto para los médicos, cuya situación económica ha sido siempre incierta, como para los pacientes que tenían a su cargo y cuya historia no podían a menudo seguir porque los han ido moviendo o cambiando».

Los salarios sanitarios de Andalucía son de los peores de España y de casi toda Europa. Salvo Murcia y Extremadura, todas pagan mejor a sus profesionales, entre seis mil y doce mil euros más al año. Un médico andaluz cobra 42.734 euros al año frente a los 54.148 euros de un profesional vasco. En Irlanda, un país con un nivel de vida similar al de España, un especialista gana entre 120.000 y 150.000 euros al año.

El presidente de los médicos sevillanos pone un ejemplo llamativo de lo que considera una remuneración indigna para un profesional con muchos años de formación académica y experiencia: «Un cirujano cardiovascular especialista en trasplantes -dice- está cobrando diecisiete euros por hora de guardia de un domingo en un hospital público andaluz. En Murcia, por ejemplo, las pagan casi a 30 euros».

Rafael Ojeda, presidente del Sindicato Médico de Sevilla, constata que cada vez más médicos optan por la medicina privada y que «la situación es especialmente grave en Anestesiología, Cirugía Ortopédica, Traumatología y Pediatría. También hay escasez de médicos en Atención Primaria y Urgencias».

Según datos de la Organización Médica Colegial, en 2018 se expidieron 3.525 certificados de idoneidad a médicos españoles para trabjar en el extranjero, un 7,4 por ciento más que en 2017.

Ciento treinta y siete profesionales sevillanos han emigrado a otros países europeos o Estados Unidos y esta cifra se mantiene estable desde 2014, en torno a veinticinco salidas por año. En lo que va de 2019 se han ido de Andalucía unos cien médicos sevillanos, de los cuales seis lo hicieron fuera de España.

Heroicidades

Alfonso Rodríguez Herrera, un pediatra especializado en gastroenterología, es uno de esos 137 profesionales sevillanos que optaron por abandonar España. Trabajaba en el hospital Virgen del Rocío y era profesor de Biología Molecular en la Universidad Pablo de Olavide, además de colaborar por las tardes con el Instituto Hispalense de Pediatría. «Estaba en tres sitios no tanto por aumentar mis ingresos económicos como por combinar la actividad clínica, la docencia y la investigación, que están muy relacionadas y se fortalecen entre ellas», asegura a ABC desde una pequeña ciudad cercana a Dublín, donde trabaja y reside.

En los hospitales irlandeses existe una gran demanda de profesionales sanitarios, tanto de especialistas como enfemeros, y las condiciones laborales que se ofrecen son seguras desde el primer momento. «En Sevilla y el resto de Andalucía es muy difícil consolidar tu puesto de trabajo. Hay una gran incertidumbre, mes a mes; casi todo es interinidad y existen muchísimos contratos temporales, hasta de un día -cuenta su experiencia Rodríguez Herrera-. Para un período corto, esto es asumible, pero cuando llevas años y años así, y te encuentras ya con una familia, esto empieza a pasar factura. Cuando viajaba fuera por congresos o cursos, me daba cuenta de que lo anormal era lo que pasa en Andalucía y que la mayoría de los profesionales de otros países podían ejercer la docencia y la investigación, incluso estudiar, en un contexto laboral estable».

Los salarios tampoco tenían nada que ver y a Rodríguez Herrera le ocurrió algo que jamás le hubiera sucedido en un hospital público andaluz. «El gerente del centro que me había contratado me llamó a su despacho para decirme que no había visto bien mi currículum y que no me podían pagar lo que me habían prometido inicialmente», cuenta a ABC. No era una rebaja de sueldo lo que le estaba anunciando sino una subida. «Luego averigüé que esto es normal en Canadá, Estados Unidos y otros muchos países europeos -cuenta- En España, sin embargo, tu currículo no importa. Da igual que seas mediocre, normal o excelente porque cobrarás lo mismo y esto es una invitación, en mi opinión, a que los profesionales más brillantes abandonen el sistema».

El traumatólogo sevillano Emilio López-Vidriero, elegido en su día mejor residente del hospital Valme, rechazó el contrato que le ofrecieron porque tampoco vio las condiciones adecuadas en la sanidad pública para desarrollar su profesión. «Soy un gran defensor de la sanidad pública universal y gratuita, pero el sistema andaluz no trata bien a sus médicos y tampoco les ofrece una carrera profesional en la que puedan crecer», dice a ABC. Formado en Canadá y EE.UU., López-Vidriero es el traumatólogo oficial del Mutua Madrid Open de Tenis y jefe médico del Watford de la Premier inglesa hasta la pasada temporada. Con él y sus métodos se redujeron más de un cincuenta por ciento las lesiones de sus futbolistas.

En los países anglosajones, el mercado laboral de los médicos especialistas recuerda un poco al de los futbolistas: los hospitales pujan por ellos y tratan de que estén a gusto en sus centros para que no se vayan. «Todo rema a favor de la excelencia real, no de la excelencia vacua que no se traduce en nada en los hospitales andaluces, ni en salario ni en reconocimiento -lamenta Rodríguez Herrera-. El que quiera investigar en Sevilla tiene que hacerlo con un esfuerzo heroico quitando el tiempo a su familia. Que a alguien que quiera trabajar más se le incite a dejar a la sanidad pública resulta incomprensible fuera de Andalucía. Si a los médicos andaluces y sevillanos se les diera mejor el inglés, la desbandada sería tremenda».

Rodríguez Herrera no se plantea volver. «Me encanta Sevilla y vuelvo para las vacaciones. Echo mucho de menos a los pacientes y a mis compañeros del Virgen del Rocío, a muchos de los cuales los veo desencantados -dice-. Es raro el mes en el que no recibo llamadas o correo electrónicos de algún colega del hospital que no conozco y que me pregunta cómo van las cosas en Irlanda para venirse a trabajar aquí».

El médico sevillano Manuel Antonio Fernández abandonó hace pocos años la sanidad pública tras encadenar mucho tiempo de contratos temporales de baja remuneración. Fernández recuerda a ABC que cuando era pediatra en Espartinas «me abrieron una especie de auditoría por poner un cartel en la consulta de mi compañero, que se había ido de vacaciones, diciendo que yo me hacía cargo de todo su cupo de pacientes. No cubrieron su baja», recuerda.

Fernández, elegido «mejor pediatra de España» por sus colegas y pacientes en la plataforma «Doctoralia», denuncia que «el SAS dijo en aquel momento que no era cuestión de dinero sino de falta de sustitutos en las bolsas de empleo, pero habría que preguntarse por qué. Las condiciones que ofrecen son tan precarias que nadie se apunta -añade-. Media jornada en un sitio, media jornada en otro pueblo y pagando lo que pagan. Los pediatras sevillanos y andaluces prefieren trabajar en cualquier otro lugar de España».

Falta de especialistas

El Colegio de Médicos de Sevilla viene advirtiendo a la Consejería de Salud desde hace años que se puede producir a corto plazo un déficit de especialistas en Andalucía. Carmona destaca, además, que se está reduciendo el número de residentes y que «si hay mejores ofertas en Bilbao, Barcelona, Madrid o Albacete, lo normal es que se vayan». Y añade, a modo de ejemplo: «Tenemos en Sevilla a Salvador Morales, uno de los profesionales de mayor prestigio internacional en cirugía endoscópica, y no sé como le habrán valorado en el SAS sus cursos en grandes hospitales de Estados Unidos. Aquí, desde luego, no se premia ni se reconoce la excelencia, y se valora igual un ensayo clínico en la mejor clínica oncológica del mundo que cualquier curso menor en un centro de salud de Andalucía».

Uno de los casos de excelencia desperdiciada que más polémica y protestas despertó en la opinión pública sevillana y entre los pacientes del hospital Virgen del Rocío fue el de David M. Farrington y su equipo de especialistas de Ortopedia Infantil. Farrington trabajó durante veinticinco años en la sanidad pública y fue jefe de sección de Ortopedia Infantil en el mayor hospital público de Andalucía hasta septiembre de 2017. El equipo que dirigía se convirtió en referencia nacional tras obtener en 2010 la prestigiosa acreditación CSUR para tratar graves problemas de la columna, pie zambo, displasias óseas y parálisis cerebrales.

«Trabajábamos muy bien en el Virgen del Rocío -cuenta a ABC- y conseguimos que se admirara nuestro trabajo en toda España. Pero en el verano de 2017 le diagnosticaron a mi hermana una enfermedad muy grave y, siendo franco, necesitaba en ese momento obtener más ingresos económicos para poder ayudarla y colaborar con la familia. Llevaba 25 años en la sanidad pública y hasta ese momento nunca me había planteado compatibilizar su ejercicio con la sanidad privada -añade- y le pedí al jefe de servicio del hospital que aceptara mi renuncia como jefe de sección para poder desarrollar alguna actividad sanitaria por las tardes».

Su petición no fue bien recibida. «A este señor le pareció mal y me dijo que no aceptaba esta renuncia -cuenta Farrington-. Me dijo que tendría que irme del hospital si quería ejercer en la privada, a pesar de que en ese mismo servicio había otros cinco especialistas que estaban en la misma situación que yo estaba solicitando».

Farrington se sintió dolido e injustamente tratado y abandonó la sanidad pública. Otros tres compañeros (José Manuel Martínez Salas, José Francisco Lirola Criado y Javier F. Downey Carmona) decidieron irse en solidaridad con él y en protesta por una decisión que consideraban tambien injusta.

Ante las quejas de los padres de los pacientes y el gran revuelo que se formó con la salida de estos cuatro prestigiosos profesionales, la dirección del hospital intentó mediar pero no logró que el jefe de servicio cambiara de opinión. «Se le dijo a la dirección, desde arriba, que no contradijera a este jefe de servicio por las connotaciones políticas que tenía ese cargo», asegura Farrington. Y añade: «Yo creo en el sistema público universal y gratuito que tenemos en Andalucía, pero a fecha de hoy está extraordinariamente politizado. Se hacen nombramientos por temas políticos que no priman los méritos profesionales ni el bienestar de los pacientes -dice-. Yo no estoy afiliado a ningún partido y no quiero estar en un sistema en el que se valoran estas cosas y no las importantes».

Este prestigioso especialista, que dirige hoy la Unidad de Ortopedia Infantil de Quirónsalud Málaga, Marbella y Sagrado Corazón y preside la Sociedad Española de Ortopedia Pediátrica añade: «Aquí se quedan muchísimos profesionales por la ciudad, por el clima y la calidad de vida de Sevilla y del resto de Andalucía. En caso contrario, habría una gran huida de la sanidad pública. La gente está muy cansada y muy quemada».

La politización de los hospitales y la arbitrariedad en los nombramientos de las jefaturas son otras de las causas que animan a algunos profesionales con gran experiencia y prestigio a huir de la sanidad pública. Hace nueve meses abandonó el Virgen Macarena, después de casi treinta años, el ginecólogo sevillano Francisco Márquez, para quien esta politización «es una amenaza creciente» para los profesionales.

«El aliento del político se ha ido aproximando cada vez más a la nuca de todos los sanitarios andaluces -asegura a ABC-. Ha sido como una hidra asfixiante que condiciona la decisión médica, por ejemplo, en la derivación de pacientes a especialistas. Esa decisión está hoy completamente mediatizada por incentivos y desincentivos y eso genera un gran malestar en una profesión tan vocacional como la nuestra que debería regirse por lo que yo denomino las cinco ces: ciencia, conciencia, compasión, confianza y compañerismo. A veces estas presiones políticas y económicas hacen perder al médico el foco del paciente».

A los mejores, como Farrington, Rodríguez Herrera o Márquez, no les faltan ofertas en la sanidad privada o en algunos hospitales europeos. «Hay más gente que se va de un hospital o de cualquier empresa por un mal jefe que por un mal trabajo. Si tu jefe no te valora o no te respalda, te sientes estresado y a disgusto», dice Farrington, que añade: «Me da pena que la sanidad pública andaluza esté tan politizada y se pongan premisas incompatibles para muchos profesionales tan bien formados».

Jefe de sección por 2.100 euros

Uno de ellos es José Eduardo Arjona, presidente de la Sociedad Andaluza de Ginecología y Obstetricia y jefe de Ginecología y Obstetricia del Reina Sofía de Córdoba hasta hace nueve meses. Arjona estuvo trabajando casi treinta años en la sanidad pública y una buena parte de ese tiempo estuvo con contratos temporales, lo cual no le impidió poner en marcha un servicio de Endoscopia que se convirtió en referencia nacional e internacional por algunas de sus técnicas pioneras.

«La precariedad laboral ha sido tremenda en Andalucía -cuenta a ABC-. En Ciudad Real, por poner un ejemplo, a cualquier ginecólogo se le hace un contrato de un año, mientras yo he visto aquí contratos por semanas al setenta y cinco por ciento, aunque ahora parece que se todo se estabilizando un poco -añade-. Los que tienen más conocimientos, experiencia y formación son precisamente los que la sanidad pública está expulsando».

Este ginecólogo, elegido recientemente por una conocida plataforma digital como uno de los mejores ginecólogos andaluces, denuncia también la persecución que sufren los profesionales que desarrollan alguna actividad privada. «Tengo comprobado durante mis treinta años de ejercicio profesional que los que nunca se ponen enfermos son los que trabajan normalmente por las mañanas en la pública y por la tarde en algo privado -dice-. Y hay algo muy injusto: todos ellos cobran seiscientos u ochocientos euros menos que sus compañeros haciendo exactamente el mismo horario».

Arjona cuenta a ABC su caso personal: «En 2006 la dirección del hospital me pidió que me hiciera cargo provisionalmente de la jefatura del Servicio de Ginecología y estuve diez años en funciones sin cobrar ningún plus de jefatura -asegura-. Mi sueldo era de unos 2.100 euros al mes. Hace un año y medio pedí renunciar a esa jefatura para poder ejercer una actividad privada por las tardes».

El hospital de San Juan de Dios de Córdoba le había pedido a este ginecólogo que pusiera en marcha su nuevo área de Maternidad. «Soy un enamorado de la sanidad pública y me había dejado la vida en ese hospital e incluso asumido una jefatura sin cobrarla durante diez años -recuerda-. Hablé con la entonces gerente del hospital, Marina Álvarez, que fue nombrada poco después consejera de Salud de la Junta de Andalucía, para explicarle que no podía mantener con el sueldo del hospital mis gastos familiares y que me veía obligado a renunciar a esa jefatura para poder compatibilizar ambos trabajos». Arjona destaca que se trataba de horarios absolutamente diferenciados y que la que pagaba esa doble dedicación era exclusivamente su familia. «Al final, todo fueron malas caras y decidí irme porque no me sentí reconocido ni valorado», asegura.

Dieciséis años en el alambre

Valoración y reconocimiento son algunas de las cosas que también echó de menos el ginecólogo sevillano Francisco Márquez y que le impulsaron a aceptar hace algunos meses una oferta laboral del Hospital Vithas Nisa Aljarafe. Especialista en intervenciones quirúrgicas complejas, Márquez fue contratado por el Virgen Macarena en 1991 y estuvo como médico interino hasta 2005 ejerciendo de especialista en el área de Ginecología Oncológica. Dieciséis años en el alambre sobre el que bailó el futuro profesional de toda una generación de profesionales de la sanidad pública andaluza.

Márquez, nacido en Pilas, ejerció de jefe en funciones de ese área hasta que obtuvo plaza a mediados de la pasada década. Recuerda que la entonces consejera de Salud, María Jesús Montero, actual ministra de Hacienda en funciones, extendió a los jefes de sección de todos los hospitales andaluces la imposibilidad de tener una consulta privada por las tardes. Dimitió de su cargo y asumió las funciones de coordinación de su área sin cobrar incentivos ni el plus de exclusividad.

«Mi objetivo primordial siempre fue la sanidad pública, a la que siempre he defendido y sigo defendiendo, pero aquí no se ha implantado en cuarenta años la carrera profesional y tampoco se ha tenido en cuenta el esfuerzo de formación que ha realizado cada uno. Yo he estado cobrando seiscientos euros al mes menos que la mayoría de mis compañeros durante quince años. Esto acaba quemando a muchos médicos», dice a ABC.

Contratos de seis meses y fin de la exclusividad

Pilar Bartolomé, directora general de Empleo del SAS, asegura a ABC que la intención del nuevo equipo de la Consejería de Salud es retener a todos los profesionales sanitarios andaluces. «Hemos acabado con los contratos precarios, de días, incluso de una hora, que había antes -dice-, y el mínimo actual es de seis meses, salvo los contratos que cubren bajas laborales o vacaciones de verano».

Bartolomé destaca que se han hecho «479 nuevos contratos a nuevos médicos y recuperado al 37 por ciento de los MIR» y asegura que se han abierto mesas técnicas para realizar concursos de traslados, baremos y puntos que se tendrán en los puestos que denominamos de difícil cobertura, que tendrán más retribución y a los que se les facilitarán soluciones de habitabilidad».

La directora general asegura que también «se están viendo las carreras profesionales, nuevas especialidades en Enfermería y la forma de seguir contando con los tutores de los MIR». Respecto a las retribuciones, asegura que «habrá una pequeña subida en 2019 y que en 2020 se cumplirán las promesas que hicimos respecto al fin de la exclusividad para que todos los médicos que trabajen lo mismo cobren igual, con independencia de lo que hagan por las tardes». También destaca la mejora de las prestaciones para este verano en atención primaria «con módulos de cuatro horas por la tarde que se retribuirán con 142 euros a los médicos y 93 a Enfermería».

También se está estudiando -dijo- «la homologación de las guardias en Andalucía con la media nacional, que ahora se pagan a unos 18 euros la hora», reconoció Bartolomé.

El nuevo director gerente del hospital Virgen del Rocío, Manuel Molina, aseguraba recientemente a ABC que no le parecía justo que ganara lo mismo «un cirujano que opera tres veces a la semana que otro que lo hace siete». En esa entrevista anunció su propósito de dar estabilidad a la plantilla de su centro, en el que trabajan 8.400 profesionales, de los cuales unos 1.800 son médicos y especialistas. También reconoció que se habían perdido siete mil empleos en la sanidad pública andaluza durante la crisis económica y que eso había repercutido en una sobrecarga de trabajo a los profesionales que trabajan en ella. Y añadió que había que cuidar y mejorar sus condiciones económicas «porque eso redundaría en una mejora de la asistencia».