Un visitante observa el estado de las yeserías del Patio de las Doncellas - ABC
Patrimonio

Galería del «grotesco» en el Real Alcázar: del Mudéjar al Gótico, un paseo por las estancias en mal estado

Pese al millón de visitantes, el Palacio Real sigue teniendo estancias en mal estado y que piden a gritos una restauración

SevillaActualizado:

El sevillano ya no hace cola para entrar en el Alcázar. Llega a la Puerta del León y accede por la fila de los guías, que suele estar vacía mientras la de la entrada general y sin reserva da la vuelta por la Plaza del Triunfo y se los turistas se abrasan al sol. Eso ha hecho que los residentes se animen a visitar más veces su Palacio Real. Un paseo que, más allá de lo bucólico, también resulta ciertamente irritante al comprobar cómo, pese a las increíbles cifras de visitantes y a que es una mina de oro, hay estancias que se encuentran en un deplorable estado de conservación a simple vista. El Alcázar ha batido el récord de turistas en el primer semestre de 2019, llegando al millón, pero sigue con mil obras por hacer. En la tesorería hay más de 15 millones de euros que duermen el sueño de los justos, mientras numerosas zonas del palacio piden a gritos una restauración.

El paseo por la «galería del grotesco» comienza en la misma Puerta del León. Allí, en la fachada almagra que hace esquina con Miguel Mañara hay una pintada que no se ha llegado a borrar y el azulejo con el nombre antiguo de la «Puerta de la Montería» está destrozado. Ya en la zona del control de seguridad, unos cables atraviesan de forma indecente el arco de medio punto que da acceso al primer patio.

Una vez allí, entrando por la Sala de la Justicia aparece al fondo el Patio del Yeso. Inaccesible, el estanque está con el vaso medio vacío y los paños sebka llenos de humedades y agarrados a los muros con unos soportes de hierro para que no se derrumben. Se trata de las yeserías más antiguas de todo el Alcázar y las que inspiraron a Ben Basso para decorar los paramentos exteriores de la Giralda. Desde la restauración de Rafael Manzano, no se ha vuelto a intervenir en el Patio del Yeso.

Patio de las Doncellas

Desde que se accede al Palacio Mudéjar hasta que se llega al espectacular Patio de las Doncellas, el zócalo de escayolas que circunda las estancias y la galería se encuentra en un pésimo estado: lleno de humedades, rallado, con los escudos desaparecidos y con numerosas pérdidas volumétricas.

Quienes conocen bien el Alcázar saben que se trata de unos elementos repuestos por Rafael Manzano durante una restauración. Unas piezas que, a pesar de no tener el valor patrimonial del resto de las yeserías, se encuentran en una zona fundamental y ofrecen una lamentable imagen por su mal estado. También los arcos polilobulados están descascarillados en las puntas. No ocurre lo mismo en el resto de estancias mudéjares, como el Salón de los Embajadores ni el Patio de las Muñecas, que se encuentran en un mejor estado.

En junio, el Patronato del Alcázar confirmó que las yeserías del Palacio Mudéjar van a ser sometidas a una conservación preventiva. De hecho, Patrimonio ha dado luz verde a los trabajos, que afectarán a todas las estancias, que están presupuestados en 76.500 euros y que tienen un plazo de ejecución de seis meses. Tras estas labores preventivas, donde se realizará una limpieza superficial y se fijarán las zonas en peligro de desprendimiento, se deberá abordar una restauración completa, duradera y costosa, para la que aún no hay fecha.

Cerámica del Palacio Gótico

Subiendo la escalera situada en el extremo este del Patio de las Doncellas se llega a la capilla del Palacio Gótico, donde los desconchones en la cerámica son evidentes. Todavía, incluso, se hace más patente este problema conforme se va avanzando por el Salón de los Tapices hasta llegar a los balcones de la Galería del Grutesco. Para evitar los desprendimientos, se han dispuesto adhesivos en amplias zonas de los paños de azulejos que son claramente visibles.

Los paños de cerámica del Palacio Gótico, cogidos con esparadrapo
Los paños de cerámica del Palacio Gótico, cogidos con esparadrapo - ABC

El año pasado se invirtieron 5.700 euros para una actuación de urgencia en los azulejos del Palacio Gótico, para evitar un deterioro mayor dado su estado alarmante. Pese a ello, casi todas las estancias piden una restauración integral de las cerámicas del siglo XVI del palacio que acogió la celebración del banquete de Carlos V e Isabel de Portugal.

Ya en el exterior, la solería de la fuente del Jardín del Príncipe está completamente hundida. El estanque de Mercurio y los frescos de la Galería del Grutesco también presentan patologías. Pero, sobre todo, llama la atención el deplorable estado del acceso a los Baños de Doña María. La humedad de la zona ha hecho que los frescos de la bóveda, justo a la entrada, estén desapareciendo. Lo mismo ocurre con los azulejos, cuyas lascas se caen con sólo mirarlas, y que presentan numerosas pérdidas del dibujo.

El Pabellón de Carlos V, una estancia clausurada en el Alcázar
El Pabellón de Carlos V, una estancia clausurada en el Alcázar - ABC

El Cenador de Carlos V

Y, sin duda, el mayor debe del Alcázar está en mitad de los jardines. El Pabellón o Cenador de Carlos V sigue clausurado. Sus cubiertas se restauraron hace dos décadas pero vuelven a estar llenas de malas hierbas. La galería de este espacio construido con motivo de la boda del Emperador -de estilo mudéjar y levantado en forma de en forma de «qubba»-, tiene los azulejos en un pésimo estado. Se trata de un revestimiento cerámico vidriado formado por más de 60 piezas distintas, que los profesionales entienden que necesitan una restauración bajo el criterio de «mínima intervención». Las columnas están llenas de humedades en la zona que no se ve desde fuera. La cúpula de artesonado está tapada por una malla para que no se posen las palomas y una cancela impide el paso al pavimento más antiguo de todo el Alcázar (siglo XVI). La arquitecta Lola Robador, premiada por su restauración reciente del Cenador del León, tiene un proyecto de intervención para este espacio, considerado como uno de los pabellones de jardín más importantes del mundo.

Por último, camino ya de la salida, la muralla que circunda el Callejón del Agua desde el lado del Alcázar también pertenece a esta «galería del grotesco».