El hermano mayor de la Hiniesta, José Antonio Romero, y su teniente, FranciscoRos - J. M. Serrano
HALLAZGO ARQUEOLÓGICO

Hallan otro palacio de la época de Al Mutamid en el sótano de la Hiniesta

Los restos aparecieron durante la obra de la casa hermandad en 2006 y los expertos han confirmado ahora que también son del siglo XI

SevillaActualizado:

La Sevilla taifa se reivindica. Mil años después de su legendaria presencia en la ciudad, Al-Mutamid sigue demostrando que lo que escribió en sus poemas no fue una ensoñación, sino una realidad esplendorosa que su dinastía contribuyó a construir. Porque su palacio en el Patio de Banderas, recién rescatado por las excavaciones del arqueólogo Miguel Ángel Tabales, es sólo el principio de la reconstrucción abadí en Sevilla. Hasta ahora, todo estaba en los planos: su residencia, los naranjales... Sólo la Buhaira permanecía a la vista, aunque muy reformada desde sus orígenes. Pero un cúmulo de trabajos arqueológicos que se han llevado a cabo de manera casi simultánea ha destapado el legado de aquella cultura previa a la almohade y continuadora del califato.

El Patio de Banderas no es el único hallazgo del siglo XI confirmado recientemente. Las pruebas científicas acaban de demostrar también que la vida de la monarquía abadí se extendía por muchos puntos de la ciudad, fuera incluso de los muros de la época. Es el caso de San Julián, donde se descubrió un yacimiento hace casi una década que, en principio, fue difícil de catalogar. Ahora ya se sabe que era una casa de verano taifa. Y se conserva de manera extraordinaria.

Todo empezó cuando la hermandad de la Hiniesta decidió hacer obras en su casa para modernizar las instalaciones. El hermano mayor, José Antonio Romero, confirma a ABC su sorpresa: «Al principio fue un fastidio porque el hallazgo nos paró las obras, pero ahora lo vemos como algo extraordinario». Aquellos trabajos fueron precedidos, como dicta la legislación, por una intervención arqueológica de carácter preventivo.

Detalles del hallazgo
Detalles del hallazgo - J. M. Serrano

Las excavaciones fueron realizadas por un equipo técnico dirigido por el arqueólogo Manuel Luque Pérez y se llevaron a cabo entre el 7 y el 17 de febrero de 2006. Todo lo sufragó la hermandad como propietaria del solar y promotora del proyecto de construcción. Pero entonces nadie esperaba la sorpresa que se ocultaba en el subsuelo de San Julián. Allí aparecieron importantes restos arquitectónicos y pictóricos, concretamente en el espacio que ocupaba el patio de la antigua casa, así como numerosos materiales muebles, fragmentos de objetos metálicos, numismáticos y, sobre todo, cerámicos. Todas estas piezas, tras su pertinente estudio, se depositaron en el Museo Arqueológico Provincial. Se recuperó también una lápida de mármol, de 82 x 82 centímetros, movida de su lugar original, con la inscripción: «Esta Bobbeda es de la Herm. Del SsMº y Animas de esta Parroquia de S. Julian. Se hizo en el año de 1791. R.I.P.A.». Igualmente, aparecieron restos óseos humanos pertenecientes a un varón de mediana edad y a un niño, cuya cronología, a la espera del estudio antropométrico, podría situarse a finales de la Edad Media.

De todo esto ya dio cuenta de manera detallada la hermandad en su boletín. Pero desde entonces, el equipo dirigido por Manuel Luque se puso a trabajar en la datación de los hallazgos formulando una primera aproximación a la posible evolución histórica del solar. Los vestigios más antiguos que se recuperaron son materiales muebles de época romana o tardorromana, en torno al siglo VI, sin que hayan aparecido testimonios arquitectónicos de estas fechas. Lo que sí tenían todos muy claro es que las primeras estructuras construidas se remontan al periodo islámico. Y tras la supervisión de distintos expertos, se ha llegado a la conclusión de que son del siglo XI. Destacan un aljibe o cisterna con sus paredes estucadas y pintadas a la almagra del citado periodo emiral y, sobre todo, un espectacular zócalo decorado con pinturas al fresco del periodo abadí. Es posible que este zócalo formara parte de un jardín rehundido, es decir, un espacio ajardinado en el que los parterres para la vegetación se encontraban por debajo del nivel del suelo, como el que se recuperó hace unos años en el Patio de las Doncellas de los Reales Alcázares.

Las pinturas que presenta son de excepcional calidad, en almagra y azul sobre blanco. El motivo decorativo se repite simétricamente a los dos lados de la pileta central, una lacería geométrica, un trilobulado y una estrella de ocho puntas, todo enmarcado con palmetas y formas vegetales estilizadas (ataurique). La riqueza de este zócalo hace suponer su pertenencia a una edificación palatina o, al menos, a una vivienda de gran suntuosidad.

Durante el periodo almohade (siglos XII-XIII), las estructuras arquitectónicas anteriores fueron suplantadas por otras nuevas. Posteriormente, en el siglo XIV, se levantó la parroquia y el solar se destinó a uso agrícola. Su función como huerta perduró hasta el siglo XVIII, fecha a la que corresponde una cimentación de grandes mampuestos que indica la existencia de un nuevo edificio. Ya a comienzos del siglo XIX se construyó la casa de vecinos que se derribó en 1968 para levantar la antigua casa hermandad.

Tras esta confirmación, el Ayuntamiento se ha apresurado a tramitar una subvención a La Hiniesta para que conserve los restos y los exponga al público. El proyecto ya está en marcha, aunque la hermandad ya ofrece visitas a los grupos que lo soliciten. Actualmente, el paño se conserva en el sótano de la casa hermandad, que funciona como almacén, pero tras las obras previstas se instalará en este espacio una zona expositiva con los restos abadíes como protagonistas.

La intervención requiere una inversión de 100.000 euros y la hermandad de La Hiniesta se hará cargo de todo el mantenimiento. De hecho, el hermano mayor ya habla de otra iniciativa en la que están trabajando: organizar un itinerario turístico por la Sevilla taifa de Al-Mutamid en el que se incluya San Julián. «La magnitud de los restos es tal, que para nosotros se ha convertido en una responsabilidad y estamos dispuestos a tomar todas las medidas que sean necesarias para que estos restos estén al alcance de todo el mundo», recalca.

La historia tiene estas paradojas. Mil años después de que el rey poeta gobernara en Sevilla, la responsable de custodiar su memoria islámica es una institución cristiana. Porque la arqueología también es tolerancia.