Manuel Ruiz, retratado junto al Archivo de Indias. NIEVES SANZ

Una historia de antes de ayer

Por J. FÉLIX MACHUCA
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Si entendemos que los últimos seis años de su vida se los ha dedicado a estudiar la transición andaluza y que, el tiempo que le roba a los documentos y a los archivos, lo emplea, por pura motivación intelectual, en dar charlas en el centro de Estudios Históricos de Andalucía, «para divulgar la Historia contemporánea de la comunidad y llegar a donde no llega la Universidad», no nos extrañará que, Manuel Ruiz, sea literalmente incapaz de separar sus rasgos personales más básicos de su imagen como investigador. Una y otra vez me intereso por sus aficiones, gustos, preferencias, incluso obsesiones personales. Pero no hay forma. Siempre se cuela, como agua por un cedazo, la pasión de su vida: la investigación de la Historia contemporánea andaluza. Da gusto viajar con Ruiz a esa esquina más próxima de nuestro pasado que, pese a su cercanía en el tiempo, parece olvidada por muchos. Tal es así que su principal fuente de documentación es la prensa de la época, porque «faltan archivos oficiales y los de los partidos están muy incompletos. Fui hasta Madrid para investigar en el archivo Pablo Iglesias y me dijeron que tenían más documentación de la República que de la transición. En Andalucía tenemos la honrosa excepción que confirma la regla: el archivo de Movimientos Sociales de CC.OO. Completísimo», afirma con rigurosa certeza Manuel Ruiz.

Un día inolvidable. El cuatro de diciembre del 77 es un referente imprescindible en la Historia contemporánea andaluza. Un día inolvidable que, paradójicamente, cada vez se recuerda menos. Fue el día en que, Andalucía, de costa a costa, desde Huelva hasta Almería, cifró en su espíritu reivindicativo un papel de primera división en la nueva España de las autonomías. «Es la fecha de afirmación identitaria de Andalucía y fue el pueblo el que impulsó a los partidos a reivindicar una autonomía de primera división. No hay 28-F sin 4-D. Sin el impulso popular del 77 no puede entenderse que, tras la derrota jurídica del 28-F, se siga buscando una solución política que no llegará hasta octubre del 80», afirma. Pese a la trascendencia de la fecha y a su honda raíz popular, aquel día inolvidable y tan olvidado, fue perdiendo gas político a lo largo del tiempo para desinflarse con la misma intensidad con la que se infló. En ese trayecto posamos para hacernos una de nuestras mejores fotografías que reflejan el carácter meridional andaluz. Creer que en un día se logra todo para obtener casi nada. Nos movimos o nos movieron. Nos salimos de foco o nos desenfocaron. Quizás un poco de todo. ¿Responsables? Desde los propios andaluces que viven de espaldas a su historia más reciente ( el trabajo de Manuel Ruiz es el único existente al respecto hasta la fecha) hasta errores políticos.

Más desunidos que en el 77. Ruiz los ha estudiado bien. Y apunta la naturaleza de los errores que desinflaron el espíritu del 4-D. «Aquel espíritu fue sistemáticamente desactivado. Cuando Felipe llegó a La Moncloa los intereses reivindicativos de Andalucía se plegaron a las consignas del partido. Y la Junta siempre cayó en el error de confundir determinados símbolos, días, personajes históricos con un partido, lo que justificaría el absentismo político de la institución al respecto», comenta con cierto abatido realismo. Ruiz espera ver próximamente publicado su trabajo que, paradójicamente, ha sido becado por el Congreso de los Diputados y «la Junta ni sabe ni contesta. ¿Tiene cojones?», se pregunta en un tono muy castizo. Puede que una de las consecuencias más nefastas de la desactivación de aquel espíritu sea el cainismo andaluz. «Creo que hoy los andaluces estamos más enfrentados que en el 77. Y a alguien habrá que exigirle responsabilidades», dice Ruiz repasando una historia agridulce de antes de ayer.