Turistas en la cola del Alcázar
Turistas en la cola del Alcázar - J.M.SERRANO
Patrimonio

Un hombre árabe orina sobre unas turistas del Alcázar al grito de «Alá es grande» y desata el pánico

El incidente revela fallos de seguridad en el acceso al monumento aunque la tesis principal de la Policía es que se trata de un perturbado

El Alcázar de Sevilla, un palacio mudéjar abierto al mundo

SevillaActualizado:

Lo hizo con absoluta parsimonia. Tras dar un paseo de inspección por la cola de acceso al Real Alcázar y comprobar que no había ninguna patrulla de policía en todo el perímetro del recinto, un hombre de unos cuarenta años, de origen africano y bastante corpulento comenzó a orinar sobre los turistas que esperaban su turno para llegar a la Puerta del León mientras gritaba en árabe.

Ocurrió a finales de diciembre, en plenas vacaciones de Navidad, pero el Ayuntamiento lo ha ocultado porque el suceso compromete todas sus medidas de seguridad en uno de los espacios más vulnerables de la ciudad y en los que se concentra más gente a cualquier hora del día.

Desde que se colocaron los macetones para proteger a los turistas que guardan la cola del Alcázar tras los atentados de las Ramblas de Barcelona, un coche de la Policía Local tiene la encomienda de patrullar toda esa zona. Sin embargo, cuando ocurrieron estos hechos, no había nadie. Los agentes que acudieron al aviso que se realizó desde el equipo de seguridad del Alcázar tardaron en llegar más de diez minutos.

Varios testigos presenciales del suceso, entre los que se encuentran guías turísticos que llevaban a grupos de extranjeros, han asegurado a ABC que la situación fue de verdadero terror porque el hombre gritaba en árabe «de forma muy violenta» y comenzó «a mearse encima de las personas», que echaron a correr por toda la plaza.

«Había gente llorando, temblando, muerta de miedo», explica uno de los guías presentes, que asegura que este individuo dijo en varias ocasiones «Alá es grande» en su idioma. «La situación fue terrorífica porque nadie sabía si en cualquier momento este hombre iba a sacar un arma o si llevaba explosivos», añade este testigo, que se protegió en uno de los restaurantes de la calle Santo Tomás.

Los vigilantes de seguridad del Alcázar no pudieron actuar porque el agresor estaba en la calle, fuera por tanto de su competencia, aunque dieron el aviso rápidamente a la Policía. Pero cuando el coche patrulla llegó a la Plaza del Triunfo, donde en teoría tenía que haber una guardia, el «atacante» ya se había marchado.

En estos momentos hay una investigación abierta sobre el suceso para esclarecer la identidad de esta persona. «Lo normal es que se trate de un loco», admite uno de los guías turísticos que presenciaron los hechos, pero este profesional que trabaja diariamente en el Alcázar pone el dedo en la llaga: «El problema es que se ha demostrado que cualquiera puede atacar a las personas que esperan en la cola provocando el caos porque no hay presencia policial permanente en la zona y, además, la cola se hace en la calle, no dentro del recinto, así que los turistas están vendidos».

El suceso no ha trascendido a pesar de que tanto los policías locales que intervinieron tras la llamada de alerta como los responsables de seguridad del Alcázar lo pusieron inmediatamente en conocimiento del gobierno municipal. La intención del Ayuntamiento ha sido evitar el alarmismo.

Sin director de seguridad

Los problemas de seguridad del Alcázar no son nuevos. En los últimos años se han denunciado asaltos nocturnos al monumento, pintadas o incluso el robo de las monedas que los turistas depositan en los Baños de María de Padilla. Las constantes denuncias sobre la vulnerabilidad de esta joya patrimonial protegida por la Unesco alcanzaron, no obstante, su cénit cuando se descubrió el robo de un paño de yesería del siglo XIV en una de las zonas de acceso restringido.

La desaparición se produjo en uno de los camaranchones situados encima del Cuarto Real Alto, el único espacio custodiado de todo el monumento porque pertenece a Patrimonio Nacional, que sí tiene un director de seguridad para vigilar sus dependencias. El camaranchón no era propiedad de Patrimonio, por lo que no estaba bajo los dominios de la seguridad estatal, cuyos responsables dieron la señal de alarma sobre lo sucedido. Las carencias en materia de seguridad, por tanto, han sido evidentes en los últimos años.

A lo largo de este mandato, el delegado de Hábitat Urbano, que es el máximo responsable del Alcázar, Antonio Muñoz, ha licitado contratos para ampliar el número de cámaras y el de escáneres para acceder al recinto. Y a pesar de todo ello, los problemas se siguen produciendo porque no existe un plan director de seguridad del Alcázar ni un responsable encargado expresamente de las medidas de protección.