Al fondo, el nuevo edificio del hospital de San Juan de Dios en la avenida de Eduardo Dato - María José Sánchez Olmedo
SALUD

El hospital de San Juan de Dios cumple 75 años con una ambiciosa ampliación en marcha

A finales del próximo año podría inaugurarse el nuevo edificio de siete plantas, anexo al actual, que ampliará su oferta en 130 habitaciones y 40 consultas

Jesús Álvarez
sevillaActualizado:

El hospital de San Juan de Dios cumple el próximo 11 de julio setenta y cinco años de vida en medio de las obras de un nuevo edificio de siete plantas (más otras cuatro subterráneas) que ampliarán de forma significativa su oferta sanitaria y asistencial. Serán más de ciento treinta habitaciones, de una y dos camas, y cuarenta nuevas consultas en un inmueble anexo al actual, situado en la avenida de Eduardo Dato, que se espera inaugurar a finales de 2019.

Miguel Sánchez-Dalp, gerente de la institución, se muestra ilusionado con la marcha de unos trabajos que proporcionarán un mayor confort a los pacientes, una de las razones del ser del hospital desde su nacimiento en 1943 y que fue concebido inicialmente como sanatorio para niños tuberculosos y poliomielíticos procedentes de familias sin recursos. Con el paso de los años, fue ampliando su cartera de servicios hasta convertirse en un referente nacional de atención infantil temprana, lesionados cerebrales y medulares y cuidados paliativos.

Muchas habitaciones del nuevo edificio dispondrán de amplias terrazas que «mejorarán la experiencia de los enfermos durante su estancia hospitalaria», destaca Sánchez Dalp señalando a pie de obra las futuras alas y plantas del inmueble, dedicadas a pacientes infantiles, dependientes y mayores con enfermedades crónicas o terminales. La afición de este centro a las terrazas no es nueva puesto que la exposición al sol era necesaria en el tratamiento de la poliomielitis y a los niños que la padecían, antes y después de sus operaciones, se les ponía a tomarlo para ayudarles en su curación.

El nuevo centro contará con doscientas cincuenta nuevas plazas de aparcamiento subterránea y levantará una nueva capilla con forma de granada y un espacio abierto de esparcimiento del que podrán disfrutar pacientes, familiares y personal del centro.

El actual hospital también reformará el centro de atención infantil temprana (CAIT) y creará una gran zona de restauración y hospedería para los alumnos de los master.

Casi dos mil ingresos

San Juan de Dios atiende a unos 470 niños al mes a través del CAIT y realiza cerca de dos mil ingresos al año. Fue pionero en el tratamiento de la polio, enfermedad felizmente erradicada, y niños de toda España venían aquí a curarse. Posteriormente, fue centro de referencia en Traumatología y Oftalmología. «Aquí muchísimos mayores sevillanos se han operado de cataratas», cuenta el doctor Antonio Petit, que ejerce aquí desde 1980.

El hospital se instaló en Villa Amalia, un pequeño chalé situado en mitad del campo, sobre los terrenos de una antigua vaquería. En la década de los cuarenta sólo estaba por esa zona la Gran Plaza y Ciudad Jardín, aunque ahora es el centro comercial y financiero de la ciudad y tiene enfrente el estadio del Sevilla.

A partir de 1950 ganó nuevos espacios y pasó a llamarse «sanatorio de Jesús del Gran Poder», visitado por enfermos de muchos lugares de España que no podían pagarse la asistencia. En aquella época no existía la Seguridad Social y sólo el llamado Seguro Obrero Español atendía a los trabajadores por cuenta ajena, aparte del Instituto Social de la Marina y el Instituto Social Agrario.

En el hospital no se rechazaba a nadie. Una de las voluntarias más veteranas recuerda que en noviembre de 1961 se acogieron a dos hermanos que perdieron a sus padres en la riada del Tamarguillo y se quedaron sin dinero y sin un lugar donde vivir. No era un caso único: también se acogían a otros huérfanos, hijos de prostitutas o de madres solteras que los abandonaban. Nadie se quedaba fuera.

Solidaridad sevillana

El hospital de San Juan de Dios no cobraba nada a sus pacientes ni a las personas que acogía y obtenía los recursos para mantenerlo con peticiones ciudadanas de solidaridad y distintas actividades. «Se creó una rondalla de niñas y otra de niños, que acabaron fundiéndose en una mixta, que grababan discos para conseguir fondos», cuenta Antonio Petit a ABC.

Y añade: «Las camas se cubrían con las cuotas de los sevillanos y los hermanos iban por la oficinas de la ciudad pidiendo aceite, garbanzos o lentejas para poder atender a los niños. También dinero y cada uno pagaba lo que podía, cincuenta céntimos o cinco pesetas. Esas camas se mantenían con los donativos de los sevillanos de a pie».

«En el hospital se curaba a los niños y luego se les formaba en un oficio -recuerda Petit-. Si tenían poca movilidad, se les enseñaba el oficio de zapatero; si tenían más movilidad se les enseñaba carpintería y de hecho había una escuela de formación profesional como la que todavía existe en los Salesianos de la Trinidad; si tenían más movilidad, se le podía formar como electricista. Las mujeres solían estudiar costura o se las formaba para telefonistas y se examinaban en la antigua universidad laboral, donde ahora está la Pablo de Olavide», cuenta este médico.

ABC publicó un número especial el 4 de marzo de 1968 en favor de la futura ciudad de San Juan de Dios en Alcalá de Guadaira para niños con problemas físicos y psíquicos donde pudieran estudiar, aprender un oficio y hacer deporte. La idea fue de fray Serafín Madrid, fundador del hospital, y del periodista Francisco Amores. Tanto el director, Joaquín López Lozano, como el editor Guillermo Luca de Tena la acogieron con entusiasmo.

La iniciativa fue presentada por su promotor en los medios y distintos foros como «una ciudad para niños subnormales», lo que causó cierta polémica en su época, pero no impidió su éxito. ABC sacó 800.000 ejemplares de ese número especial que duraron sólo unas horas en los quioscos y produjeron un beneficio neto de más de 38 millones de pesetas de las de entonces para la Orden de San Juan de Dios. La ciudad era ya una realidad que hoy se mantiene fuerte.

La preocupación de los fundadores del hospital era que los niños se formaran para ser autosuficientes cuando crecieran. Muchos no tenían padres o no les podían ayudar económicamente.

El tratamiento de la poliomielitis requería mucho tiempo entre operación y operación, a menudo años de descanso recuperación, y se creó un colegio para que no se resintiera su formación. Con la erradicación de la polio desapareció el colegio.

Listas de espera

En la década de los setenta y ochenta empieza a concertar operaciones quirúrgicas para aliviar las listas de espera de la sanidad pública. Acomete entonces diversos proyectos de modernización y ampliación de estructuras y cartera de servicios de especialidades médico-quirúrgicas; y fue en 1986 cuando adquirió la condición de hospital concertado y pasa a llamarse hospital de San Juan de Dios.

En los noventa abrió la unidad para lesionados medulares, uno de los hitos médicos del hospital. El doctor Antonio Petit, que ha sido responsable del Laboratorio Clínico de este centro y gestiona los sistemas de calidad y gestión medioambiental, recuerda también a algunos de los médicos que a finales de los ochenta lo convirtieron en referencia nacional de cuidados paliativos.

«Mi padre era médico en este hospital y a veces nos traía aquí para visitar a los niños que estaban internados. Regresé después como estudiante de Medicina y en 1980 lo hice ya como médico y ahí tuve la oportunidad de conocer a un gran equipo de profesionales y de una gran calidad humana como don José Escobar, Rodríguez del Valle, José Vázquez, Antonio Ojeda, Gonzalo de la Cuesta, Manuel Núñez, Rafael Cudé y muchos más, siempre preocupados por el paciente.

En 1987 San Juan de Dios introdujo la medicina paliativa, en lo que también se convirtió pionero como lo fue antes en la poliomielitis. «Estas paredes han aportado mucho a la calidad asistencial de la ciudad nosotros ya teníamos una carta de derechos y deberes del enfermo antes de que la implantara en todos sus hospitales el SAS», dice Petit.

Desde 2009, la atención infantil temprana y la hospitalización de pacientes crónicos son las dos actividades que se han desarrollado ininterrumpidamente en el hospital.

En recogida selectiva de residuos y en la integración de niños con discapacidad en las clases también abrieron un camino. En el hospital se han dado clases de delineación, electrónica, electricidad, ortopedia, zapatería, carpintería, mecánica, imprenta, escuela taller de confección y mecanografía y han convivido alumnos con discapacidad con otros sin ninguna limitación.