Antonio Romero y Rafael Ruiz, componentes de Los del Río, junto a la estatua de Curro Romero
Antonio Romero y Rafael Ruiz, componentes de Los del Río, junto a la estatua de Curro Romero - J.M. Serrano
ENTREVISTA

Los del Río: «Íbamos a grabar una versión de ‘Macarena’ con Michael Jackson»

Los sevillanos recuerdan con melancolía cómo el genio estadounidense les reunió en Miami con su abogado para versionar su popular éxito, por el que «estaba loco»

SevillaActualizado:

Hablar de «Los del Río» es introducirse en el paradigma del afecto, del respeto, de la elegancia y del saber estar. El dúo se quiere. De hecho, se podría decir que viven en una poligamia en el que cada uno cuenta con dos matrimonios: el que tienen con sus esposas y el que lleva uniendo a Antonio Romero y Rafael Ruiz más de 55 años.

Pasear con ellos por Sevilla –prácticamente por todo el mundo– es un puerto de montaña. Se citaron con ABC en la Puerta del Príncipe por expreso deseo de Antonio, que pese a conseguido, aparentemente, todo en su vida, reconoce que guarda la espinita de no haber sido torero. Desde la puerta principal de la Maestranza hasta la estatua de Curro Romero –50 metros–, tuvieron que pararse casi una decena de veces para fotografiarse con cada una de las peticiones que recibieron. No es un problema para ellos, aunque les vienen recuerdos un tanto comprometidos: «Una señora me pidió que le cogiera al niño para la foto, y la criatura con los nervios se orinó encima y por consiguiente en mis brazos. Vaya papeleta», recuerda Antonio.

Camino del lugar fetiche de ambos de la zona –El Pesquero del mercado del Arenal–, ambos muestran desde un teléfono cómo la prestigiosa revista estadounidense Billboard les ha señalado en su lista como los autores de la octava canción más importante de la historia: «Macarena». Por encima tienen a «The Black Eyed Peas» y por debajo a «Ed Sheeran». De las 600 canciones que aparecen son los únicos artistas de habla hispana que la conforman.

Sus fortunas podrían ser aún más extensas si les pidiesen derechos de autor a Lucio Blázquez: «Un día nos preguntó sobre qué comer y le dijimos que íbamos a hacerle un revuelto que nos hacía mi madre de chiquillos... y de ahí salieron los famosos huevos de Lucio. Él después le dio su forma, y nosotros nos alegramos porque es como un hermano más».

–¿Hasta cuándo estarán Los del Río?

Antonio Romero. Mira, acabamos de llamar a Carmen Tello para felicitarla por su día (16 de julio) y se nos ha puesto al teléfono el maestro Curro, y nos ha dejado esta sentencia: «Sois incombustibles. Estaréis en la música hasta que queráis». Y lleva toda la razón.

Rafael Ruiz. Curro es para comérselo.

–Cuando el maestro sentencia algo...

R. R. Mira, yo me levanto cada día y lo primero que hago es llamar a Antonio para tramar algo, porque esto no puede decaer.

A. R. Hay detalles que nos lo demuestran. Por ejemplo, cuando llegamos a Nueva York y nos encontramos abarrotado el Madison Square Garden junto a todos los artistas actuales, quienes subieron por su cuenta para cantar con nosotros «Macarena». Eso nos corrobora las palabras del maestro. O como aquella vez que llegamos al Líbano: cantaban en ese concierto cinco grupos americanos y otros tantos ingleses, todos ellos del rock más duro que te puedas imaginar. Nosotros estábamos hasta las trancas, nos mirábamos con nuestras corbatitas y es que no casábamos por ningún lado con esa gente. Pues cómo sería la cosa que nos acabaron haciendo la ola.

R. R. Te lo juro, yo estaba cagado: el cantante anterior con todo el pecho al aire y unas pintas... ¡Qué alegría más grande nos entró cuando vimos al público corearnos!

–¿Qué pasaría si hoy día se editase «Macarena»?

R. R. Si «Macarena» sale hoy día con las redes, acaban por reventarlas. Si fue la canción más vendida de la historia de la música sin ellas, imagínate con ellas.

A. R. Nosotros hemos hecho después varios duetos con «Macarena» –el último fue con «Gente de zona»–, pero se nos quedó por hacer una cosa que hubiese sido histórica: nos llegamos a reunir en Miami con el abogado de Michael Jackson porque él estaba loco por hacer una versión de «Macarena» con nosotros.

R. R. Michael llegó a Tenerife y compró todos los discos de «Macarena» que había. Los ponía para calentar al público antes de sus espectáculos. Eso hubiese sido el zambombazo de la historia.

–¿Qué época recuerdan con especial cariño?

A. R. Lo fácil sería quedarnos con «Macarena» o «Sevilla tiene un color especial», pero resulta que treinta años antes estuvimos en Marbella en las mejores fiestas que organizaba Alfonso de Hohenlohe, y desde entonces fue un no parar.

–¿Cómo se lleva una relación después de tantos años?

R. R. Llevándola (risas).

A. R. El respeto es la clave para aguantar 55 años juntos en este mundo de la música. Hubo momentos en los que íbamos a tirar la toalla, pero aparecía Pulpón (su representante) y nos daba alguna fecha que era un soplo de aire fresco frente a la crueldad del banquillo. Lo teníamos organizado para montar un polvero en Dos Hermanas.

–El mundo de la música nadie tiene que ver con el que era...

R. R. Ha cambiado demasiado: los mismos autores son absolutamente diferentes. Las redes ayudan mucho para darse a conocer. A nosotros nos costaba muchísimo trabajo salir a flote. Como no tuviéramos algún «amigo» en TVE, no había manera de despegar. Ahora salen 60 chavales al año que son productos de la televisión. Que serán muy guapos, pero es que no tienen ni idea. ¿Qué es lo que ocurre? Que no tienen raíces y no prosperan. Y encima tienen unos representantes que los endiosan y que les quitan los valores necesarios.

A. R. Están sobrados de cualidades, pero después no saben llevar el desarrollo del escenario. Aguantar dos horas con la complicidad del público está al alcance de muy pocos.

–¿Qué os ha dado la música más allá de la fama o el dinero?

R. R. Hay momentos únicos: nos hemos agarrado al Papa para cantarle una sevillana; conocimos a la mujer más grande que ha dado la tierra, Santa Teresa de Calcuta; compartimos infinidad de fiestas con el Rey Juan Carlos; y la casa real de Jordania nos tenía entre sus predilectos.

–¿Habéis notado el peso de una carrera tan dilatada?

R. R. Siempre es distinto: canciones diferentes, días en los que uno tiene que tirar del compañero, otros en los queson los músicos quienes te levantan. Lo bonito de la música es que nunca es igual aunque sea el mismo repertorio.

A. R. Eso lo aprendimos de Lola Flores, que fue nuestra empresaria durante muchos años en su sala de Madrid. Allí subíamos a cantar todos los grandes artistas de la época: desde Rocío Jurado hasta Camarón.

–¿El artista que más os ha marcado?

A. R. Enrique Montoya. Sin ninguna duda. Fue una fuente importante, no sólo como artista sino como padre, hermano...