Campanario de la iglesia de San Lázaro
Campanario de la iglesia de San Lázaro - JM López Olmedo

La iglesia de San Lázaro de Sevilla, un BIC ruinoso que ha caído en el olvido para la Junta de Andalucía

Urbanismo insta a la administración autonómica a realizar obras de restauración en el templo del siglo XV y que se cerró al culto hace 20 años cuando pasó a manos de la Consejería de Salud

SEVILLAActualizado:

La iglesia de San Lázaro que da nombre al hospital más antiguo de Sevilla y uno de los que más siglos lleva en funcionamiento de Europa ha caído en un profundo olvido por parte de las administraciones. Los restos históricos del hospital y, muy especialmente, el templo de estilo gótico-mudéjar, que data entre los últimos años del siglo XV y primeros del XVI, permanecen arrinconados por su propietaria, la Junta de Andalucía. Ni el valor patrimonial del conjunto, que conserva restos medievales, ni su catalogación oficial -monumento histórico artístico desde 1964 y Bien de Interés Cultural (BIC) desde 1985- lo han salvado hasta ahora de la desidia oficial.

El campanario, de planta octogonal, es el elemento arquitectónico que caracteriza la iglesia del hospital San Lázaro, del que muchos sevillanos desconocen, incluso, su existencia. Cercada por el recinto sanitario, la historia de este templo ha pasado al ostracismo, debido principalmente a su desacralización desde 1998, hace 20 años, cuando pasó a manos de la Junta de Andalucía. Desde esa fecha, la conservación del templo ha entrado en una espiral de deterioro.

Desde 2013 el Servicio Andaluz de Salud tiene abierto un expediente de Inspección Técnica de Edificios (ITE) por parte del Ayuntamiento y como consecuencia de ello el SAS ha realizado distintas actuaciones. El último informe es del 2 de febrero de 2017 y en él se recogía la necesidad de realizar unas obras en el plazo de 60 días.

En el citado informe del Servicio de Conservación de la Edificación de Urbanismo sobre la iglesia de San Lázaro concluyó que era necesario «ordenar la realización de obras necesarias para el mantenimiento de las condiciones de seguridad, salubridad y ornato públicas», toda vez que se detectó riesgo de desprendimiento de las campanas, veleta y la cruz de su iglesia.

Urbanismo concretó que «el área constituida por el campanario y la azotea sobre el ábside de la iglesia presenta un estado de abandono generalizado con riesgo de que se produzcan desprendimientos de algunos elementos. Así, el cuerpo del campanario de la iglesia presenta la cruz y la veleta de forja con desplome y los yugos de las campanas con pudriciones y deficiente anclaje de los muros».

Además, incidió en que «los paramentos y cubrición del cuerpo de campanas presentan grietas y fisuras con erosión de los materiales de la fábrica. Los revestimientos aparecen abofados y con desprendimientos», al tiempo que «el resto de paramentos, como los pretiles de la azotea y el muro hastial de la nave central, presentan daños similares».

Por todo ello, Urbanismo propuso el desmontado de las campanas, la cruz y la veleta y, si lo autorizaba la Comisión Provincial de Patrimonio de la Junta de Andalucía, volver a colocarlas tras su reparación. El coste de los trabajos ascendía a casi 50.000 euros.

Fuentes municipales han señalado que «las obras que se ordenaron en su momento fueron ejecutadas por el SAS». Sin embargo, «el expediente sigue abierto, pendiente de las obras de rehabilitación».

La Asociación para la Defensa del Patrimonio (Adepa) ha advertido en numerosas ocasiones que la torre octogonal del templo presenta una evidente inclinación y se encuentra en peligro de derrumbe. Además, nada queda de la maquinaria del reloj y de las pinturas de los muros, que se han perdido.

El inmueble se ha convertido en un almacén, mientras su retablo del siglo XVI, obra de Villegas Marmolejo, sufre roturas y pérdida de pintura. Adepa recordó a la Junta de Andalucía que al tratarse de un BIC «está obligada, como propietaria del inmueble, a abrir al público el templo al menos una vez a la semana».

«La maldición del norte de la ciudad»

Los residentes de la Macarena también alertan de que el templo de San Lázaro «está castigado por el paso del tiempo y se conserva en estado ruinoso», por lo que reclaman su restauración. Según aseguran, «la maldición del norte de la ciudad» afecta también a este edificio. «Una maldición -señalan- que parece condenar al más oscuro de los abandonos a todo edificio histórico que se encuentra al norte del caso antiguo».

Lo padecen, según ponen de manifiesto, las murallas de la Macarena, el monasterio de San Jerónimo, el cementerio de los ingleses o las naves de Renfe de San Jerónimo. «Allí donde no llega el turismo parece que no interesa mantener el patrimonio a pesar de ser, por antigüedad y calidad, de lo más valioso que tenemos», denuncian.

De tres plantas (la central mayor que las laterales), planta basilical y techumbre de madera, la iglesia de San Lázaro responde al modelo de templo gótico-mudéjar que proliferó en Sevilla al final de la Edad Media y el Renacimiento. Muestra de esa transición estilística es su portada, de inspiración manierista.

En la actualidad, el principal bien mueble que queda de la iglesia es el retablo mayor. Nada se sabe del inventario que a anterior propiedad, la Diputación, entregó a la Consejería de Salud. Dicho listado incluía 21 objetos que aún se desconoce su paradero. Entre ellos, destacan dos óleos del siglo XVII, un crucificado del siglo XVI atribuido a Roque Balduque, un cáliz del siglo XVII y dos esculturas de Niños Jesús.