Jesús López Cobos. DÍAZ JAPÓN

Jesús López Cobos: «Los cantantes que llevan mucho tiempo en la ópera pueden caer en la rutina»

Andrés GONZÁLEZ-BARBA
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SEVILLA. Jesús López Cobos tiene una agenda apretadísima. De hecho, acaba de triunfar recientemente en la Ópera de París con «Los cuentos de Hoffman». Ahora estrena el próximo día 24 «Otello», de Giuseppe Verdi, una producción del Teatro de Toulouse que cuenta con la presencia del barítono malagueño Carlos Álvarez y del tenor norteamericano Fran Porretta. Todo un disfrute para los melómanos.

-Carlos Álvarez ha comentado que trabajar con usted está siendo una gran experiencia, ¿qué es lo que le da a los cantantes?

-A mí siempre me ha entusiasmado la ópera. Yo canté de pequeño en un coro. Me considero un director de cantantes y siempre procuro ponerme en su lugar. Creo que los cantantes se encuentran muy solos en el escenario. Además las orquestas suelen apagar las voces de los cantantes, por eso siempre procuro que el cantante tenga el puesto que se merece.

-¿Se trabaja igual con cantantes que poseen un gran reconocimiento internacional?

-Cuando trabajas con cantantes con fama siempre te encuentras a gente muy abierta y dispuesta. Para mí los grandes cantantes de ópera siempre están abiertos a todo. Sin embargo, Los cantantes que llevan mucho tiempo dentro del mundo de la ópera corren el peligro de caer en una rutina.

Orquesta sinfónica en óperas

-¿Cómo está resultando el trabajo con una orquesta sinfónica en el foso?

-Trabajar con una orquesta sinfónica en una ópera es una ventaja y una desventaja. Por un lado, el modo de tocar es menos rutinario que el de una orquesta de ópera, pero por otro, hay que convencer a la orquesta de que se trata de una ópera. Me gusta trabajar con una orquesta sinfónica en una ópera, y la Sinfónica de Sevilla ha respondido bastante bien.

-¿Se ha trasladado a los ensayos los problemas de la Sinfónica con la gerencia que han llevado a los músicos a pensar en la posibilidad de huelga?

-A nivel musical no he notado nada con la Sinfónica de Sevilla durante el trabajo que hemos realizado en estos días. No es la primera vez que me he encontrado con una situación así.

-¿Es muy distinto trabajar en la Ópera de París que en un teatro como el Maestranza?

-Es completamente distinto porque en París he trabajado con óperas como «Carmen», que se han tocado allí toda la vida. En París te encuentras con un trabajo de fondo hecho, mientras que la Sinfónica de Sevilla no tiene ese repertorio hecho. Creo que es la primera vez que hacen «Otello». Hay que hacer un trabajo más de base mientras que en París ya se conocen los textos de memoria.

-¿Es posible realizar un buen trabajo en una ópera con una agenda tan apretada?

-Se puede trabajar o no dependiendo de las circunstancias. Si el cantante está muy preparado, como ocurre con Carlos Álvarez, se avanza mucho. Hay producciones rápidas. En menos de tres semanas de ensayo es difícil alcanzar un buen nivel. Aquí en Sevilla sí hemos contado con esas tres semanas de trabajo. Incluso en el ensayo que hemos hecho hoy nos ha sobrado media hora.

-¿Qué atractivo ofrece «Otello» en el momento actual de su carrera?

-Una obra como ésta la ves siempre con un gran respeto. A veces son más peligrosas que cuando haces una ópera desconocida. Yo le tengo mucho cariño a esta obra porque la he representado a menudo hasta que dejé de hacer ópera durante quince años. Para mí es una experiencia nueva volver a hacer estas óperas pues las ves con otra perspectiva y trabajas más los detalles.

-¿Cómo ve la relación entre la dirección musical y la dirección de escena en el mundo de la ópera?

-Hoy en día el público es muy visual y lo difícil es hacer un balance entre lo visual y lo musical. Para mí el aspecto vocal es tan importante o más que el aspecto visual. Siempre prima la música sobre la escena en la ópera. Lo ideal es tener las dos cosas pero María Callas sólo ha habido una. Entre un cantante con mala presencia escénica y un mal cantante con buena presencia, siempre me decanto por lo primero.

Teatro Real

-A partir de la próxima temporada dirigirá la programación musical del Teatro Real, junto a Emilio Sagi, ¿eso supone para usted una ilusión o una responsabilidad?

-En los años ochenta me quedé con las ganas de hacer una obra en mi propio país. Me fui dolido y ahora se me ha planteado una nueva chance. Hace años estuve en el Teatro Real con la Orquesta Nacional de España. Siempre supe que ese teatro era un buen teatro de ópera. Me hace ilusión experimentar eso personalmente. También supone una responsabilidad, pero yo voy a trabajar en equipo con Emilio Sagi.

-¿Qué modelo prefiere en la gestión de los teatros?

-Lo ideal sería siempre una gestión puramente pública. Habría que seguir el modelo alemán de los años sesenta y setenta, cuando los políticos se limitaban a aportar dinero en vez de intervenir.