Julián Sobrino en la antigua Fábrica de Artillería, donde presenta «Rostros, rastros, restos»
Julián Sobrino en la antigua Fábrica de Artillería, donde presenta «Rostros, rastros, restos» - Manuel Gómez
Entrevista

Julián Sobrino: «Las Setas no trajeron a Sevilla grandes firmas de moda sino bares que venden cubos de cerveza»

El profesor de Arquitectura constata que no se produjo el anunciado «efecto Guggenheim» aunque «los medios de comunicación y el lobby de hostelería lo vendan como icono y gran photo-call turístico de la ciudad»

Jesús Álvarez
SevillaActualizado:

Julián Sobrino Simal (Ciudad Real, 1956) es doctor en Historia del Arte y profesor titular de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Sevilla. Lleva más de cuarenta años dando clase y es autor de numerosas publicaciones sobre arquitectura industrial, a la que dedicó su tesis doctoral. Acaba de inaugurar el proyecto «Rostros, rastos, restos» en la antigua fábrica de Artillería y defiende una «arquitectura integral, sostenible, humilde y adaptada a su entorno».

¿La crisis acabó con los arquitectos «estrella»?

Los arquitectos «estrella» sustituyeron a principios del siglo XX a movimientos de arquitectura como la bauhaus alemana, el constructivismo soviético o el futurismo italiano; y, a partir de los años 60 y 70 del pasado siglo, se fue produciendo una acentuación del individualismo no solamente en la arquitectura sino en otras profesiones en las que se primó fundamentalmente el valor y la mercancía, es decir, el producto. La globalización y las revistas de arquitectura auspiciaron también esa figura, pero creo que ese tipo de arquitecto no volverá.

¿Cree que servirá la crisis para que no se repitan proyectos faraónicos como las que han salpicado a tantas ciudades españolas?

Creo que sí, que mucha gente ha aprendido de los errores y tiene una conciencia diferente. Creo que los grandes proyectos megalómanos han pasado a la historia por el daño que han producido a su entorno, por sus materiales. Se está aplicando un criterio de racionalidad básico, que es el coste de inversión y el beneficio.

Cuando habla de eso, me vienen a la cabeza las Setas de la Encarnación.

Metropol Parasol es, sin duda, el paradigma de lo que no se debe hacer en una ciudad. Por varios motivos. El primero, en relación con el lugar en que se encuentra, porque en un entorno de centro histórico, no era aceptable que aterrizaran unos platillos volantes. En segundo lugar, porque esos platillos volantes no se corresponden con el volumen, la trama, la altura o la textura de la Encarnación y el centro histórico.

Y que costaron más de cien millones de euros.

Creo que su coste real no se va a saber nunca, pero puede llegar a los ciento veinte millones.

Alfredo Sánchez Monteseirín, entonces alcalde, hablaba de que a rebufo de las setas llegarían las grandes firmas de moda a Sevilla.

Recuerdo que hablaba de Tiffany's y no sé cuál otra y de que se iba a formar una especie de quinta avenida neoyorquina, cuando lo único que llegó allí fueron bares de franquicias que venden cubos de cerveza a cinco euros. Es obvio que se rehabilitó el espacio pero era lo menos que podría ocurrir en un espacio que estaba cerrado y degradado. El resultado no justifica ni de lejos la inversión de Metropol Parasol.

Se hablaba incluso del «efecto Guggenheim»...

Ese efecto no se ha producido por varios motivos. Primero, no es comparable su arquitectura, porque la de Gehry es de calidad y la de Mayer no lo es. Y segundo, por lo que albergaba: el Guggenheim contiene un un espacio cultural que supuso un gran revulsivo para Bilbao. Estos parasoles no tienen ningún contenido.

Algunos arquitectos tan detractores de las Setas como usted dicen que no habría que tirarlas porque «acabarán cayéndose».

La durabilidad de Metropol Parasol es incierta porque no sabemos cuánto aguantará la madera ni el pegamento que tuvieron que inventar. Su diseño original incluía una piel metálica pero tuvieron que modificarla cuando se enteraron del calor que hace en Sevilla en verano y la temperatura que podría haber alcanzado. Sus anclajes al suelo son muy burdos.

Otras voces sostienen que con las Setas pasará como con la Torre Eiffel en París, que recibió muchas críticas y no gustó a casi nadie durante sus primeras décadas de vida, y medio siglo después acabó convirtiéndose en uno de los grandes iconos de la ciudad.

Los medios de comunicación y el «lobby» de la hostelería ya han convertido a las Setas en un icono de Sevilla. Lo venden como un icono porque es una arquitectura efectista que incide en lo visual en una cultura de instagram. Es un photo-call maravilloso para un turista que esté en Sevilla un día o dos. Pero el problema es que no es buena arquitectura. La torre Eiffel era buena arquitectura y estaba hecha para perdurar porque recogía las aspiraciones de un tiempo en que la ingeniería prevalecía sobre la arquitectura. Y la sublimación de la tecnología en un símbolo extraordinario marcó a París. Pero Metropol Parasol es simplemente un residuo de la época de la prosperidad.

¿Qué opina de la reurbanización de la Alameda?

Fue decepcionante. No está marcado por la sostenibilidad porque vivimos en una cultura mediterránea. Falta naturaleza y no se auna tradición y modernidad. Es el epígono del desarrollismo y donde antes había arena y tierra y los árboles entrelazaban sus ramas, lo que encontramos es un paseo marítimo en una ciudad interior.

Rafael Moneo criticó la construcción de Torre Sevilla en una reciente conferencia que dio en ABC, aunque agradeció con ironía que no estuviera «lo suficientemente cerca de la Giralda como para que pudieran dialogar».

Cuando un arquitecto levanta un edificio, su impacto es enorme porque lo ve todo el mundo. No es como un escritor que escribe un libro porque es posible que nadie lo lea. Aparte de la desproporción de Torre Sevilla y de que no forma parte de las escalas de la ciudad y está fuera de lugar, hay que pensar que rascacielos hay muchos en el mundo y no aporta nada bueno a esa tipología de edificio que se estrenó en Chicago en 1873. Torre Sevilla ni siquiera genera su propia energía y le hace, además, una compañía horrorosa al monasterio de la Cartuja. No fue sensible con las alturas del Aljarafe ni se acomoda al lugar donde se ha levantado.

Estos tres «hitos» arquitectónicos y urbanísticos se perpetraron durante un gobierno de coalición entre PSOE e Izquierda Unida.

Hay que ser críticos con las actuaciones de este tipo y no debemos mordernos la lengua porque lo hiciera un gobierno de izquierda. La izquierda debe asumir que cuando gobierna algunos de sus objetivos no se concilian con sus resultados. El asunto, no obstante, va más allá de la izquierda y la derecha porque se trata del triunfo de esa cultura de consumo donde se pretende homogeneizar a todas las ciudades y que todas tengan un poco más de lo mismo, los mismos elementos de arquitectura, las mismas cadenas comerciales, los mismos bares, franquicias

El alma de Sevilla

¿Sevilla está perdiendo su identidad con ese proceso de homogeneización? El casco histórico parece demasiado enfocado al turista de instagram.

Sin duda, pero yo prefiero hablar de carácter. La ciudad hay que mirarla como un organismo. En biología se habla de biodiversidad y yo en arquitectura hablaría de cliodiversidad, es decir, los distintos estratos o formas de vida que conviven a lo largo del tiempo en un determinado espacio. Sevilla ha perdido cliodiversidad.

¿Su alma?

Se podría decir así. Y en esto tiene mucho que ver el monocultivo, que desde el punto de vista económico está demostrado que siempre acaba trayendo desertificación. Los monocultivos son productos de coyunturas, que pueden durar cinco o quince años, pero no pueden dejar de ser coyunturas. El sector secundario, industrial, de transformación, ha perdido muchísimo peso en el PIB de Sevilla y es necesario apostar por la revolución tecnológica e industrial 4.0. En España se ha producido un cisma entre la cultura humanístico-artística y la cultura científico-técnica y eso nos ha perjudicado mucho.

Cuando habla de monocultivo en Sevilla, ¿se refiere al turismo?

Servicios y turismo. Y no solo es un riesgo económico sino también para el espacio porque va ocupando las zonas centrales de la ciudad. Y esto está produciendo una salinización de las posibilidades de mejora e impulso de innovación.

¿El sector de la hostelería no tiene potencial innovador en i +d?

Por supuesto que lo tiene. Detrás del sector de la hostelería, hay una industria potentísima no sólo en gastronomía sino también en las tecnologías de refrigeración, alimentación, domótica, etcétera, pero desgraciadamente eso no lo estamos instalando en Sevilla. Y perdemos mucho en i +d en todos esos sectores, que no se está creando aquí sino fuera de España.