Lola

SEVILLA. Rosa Díaz
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Subiendo por la autopista de Girona, en la comarca del Pla de l`Estany y a dos pasos de Banyoles, giramos a la derecha hacia Cornellà del Terri, pueblo con nombre de cuerno quemado recuerdo feudal del derecho de pernada. Tal es así, que su fiesta es el Ball del Cornut, que como exclamó el Gallo por la filosofía de Ortega y Gasset, tendremos que decir que hay gente «pa tó» maestro. Bueno, pues dejando a un lado Pujals dels Caballeri y siguiendo hacia Pujals dels Pegesos, un camino nos indica «Mas Frigola». Mas Frigola, es la masía, las tierras y la explotación de vacas de leche de la familia Frigola. Tomás y Lola y el hijo heredero, su pubil, Jaume. Lola tiene sesenta y muchos años, aunque se mueve como una muchacha, se levanta a la seis y es la que hace el primer ordeño, cosa complicada, mecanizada y vigilada concienzudamente. La leche, de primerísima calidad va para Francia según nos dice. Después de su primera tarea, Lola se arregla como de venir de misa de domingo, con su traje azul marino de cuello blanco de señora de la casa y nos sirve el desayuno en el comedor, que consiste en tostadas con aceite o mantequilla, pernil, salchichón, butifarra, queso, leche, nata y croasanes y madalenas.

Lola no sabe ese cante de a las seis de la mañana de levanta mi marío, se toma el café bebío y se marcha pa la mina con el cigarro encendío. Por eso dice que desayunamos poco. La casa de Mas Frigola se me ha metido en el corazón, desde esa muletilla de «mane» que es diga en catalán, como ese oh sí, de asombro y ternura que dejaba escapar Lola, cuando en la cocina o sentada en el porche, me hacía alguna confidencia de su vida, olorosa vida de santa la suya, desde la sonrisa de su foto de novia, a la alegría de sus ojos mostrándome a sus nietos y a esa licenciada que trabaja en Holanda. En esa Cataluña profunda he aprendido muchas cosas que tengo que seguir envidiando. Es la Cataluña que vota a Pujol. Lola en vez de jubilarse y apuntarse a baile de salón, hace cursillos para hospedar en su casa, seguir trabajando y hacer puestos de trabajos, que antes fueron para andaluces y ahora son para una importante comunidad negroide que vive y trabaja desde Puigcerdà para abajo, con niños escolarizados que no se espantan de los pellejos diferentes.

Los catalanes no es que estén más preparados que nosotros, es que saben lo que quieren y cómo conseguir+lo.