Lola Pons
Lola Pons - JUAN FLORES
ENTREVISTA

Lola Pons: «A los sevillanos que sacan hablando en los telediarios los buscan a propósito»

La lingüista y filóloga de la Universidad de Sevilla opina que no son «representativos» de la fonética andaluza y que las burlas que suscita su forma de hablar «tienen un estigma económico»

Jesús Álvarez
SEVILLAActualizado:

Lola Pons (Barcelona, 1976) es hija de la emigración andaluza en Cataluña aunque con pocos meses de edad regresó a Sevilla con su familia. Filóloga y profesora de Lengua Española en la Universidad de Sevilla desde hace dos décadas, su temprana vocación por el origen y evolución de nuestro idioma corre paralela a su afición indesmayable por la divulgación. Autora de «La Lengua de Ayer. Manual Práctico de Historia del Español» y de «Queja política y escritura epistolar durante la Guerra de la Independencia», publicó recientemente, con gran éxito, «Una lengua muy muy larga. Más de cien historias curiosas sobre el español».

¿Hablamos bien los andaluces?

Hablamos bien y mal, como en cualquier otro territorio hispanohablante. Hablar bien no depende de ser de ninguna región sino en tener amplitud y variedad de registros, usar bien el vocabulario y saber utilizar las estructuras gramaticales correctas y adecuadas para cada ocasión.

¿Se estigmatiza a los andaluces por su forma de hablar desde otras regiones de España?

A veces sí, aunque es algo que no tiene ningún sentido. En las aulas de Secundaria me consta que muchos profesores se empeñan por defender el acento andaluz y nuestra forma de hablar. Como se puede defender, por supuesto, en otros lugares. La riqueza del idioma español está en su variedad.

De forma periódica, casi recurrente, se difunden burlas o desprecios del acento andaluz o de determinadas expresiones. ¿Esconde esa hostilidad, en su opinión, algún tipo de estigma social o económico?

Económico, sin duda. Históricamente los hablantes de español han valorado en su imaginario como mejor el habla de un territorio u otro según su influencia y poder económico. En la Edad Media se valoraba como el mejor español el de Toledo, luego fue Valladolid y, más tarde, Madrid, cuando se instaló en ella la capital del Estado.

¿La forma de hablar sevillana era la más admirada cuando Sevilla se convirtió en el siglo XVI en una ciudad próspera y capital en el comercio con las Indias?

Entonces nació el tópico del sevillano locuaz y convincente, con mucha capacidad elocutiva y floración de adjetivos. Fue a lo largo de ese siglo cuando nació la fonética andaluza con los seseos, los ceceos, las aspiraciones de las eses finales, pero ya en esa época había quienes criticaban esa forma de hablar de los andaluces. Menéndez Pidal narra en su artículo «Sevilla frente a Madrid» ese surgimiento de una nueva fonética del español y que se difunda por todo el sur de España tiene que ver con ese crecimiento económico.

El seseo se extendió después a otras regiones.

Sí, se da también América y en otras regiones españolas como el seseo vasco, el seseo valenciano o el seseo catalán. Pero es con una ese distinta. La ese sevillana es más dental y silbante.

-¿Y el ceceo?

Está más limitado a Andalucía aunque también se produce en algunas zonas americanas.

Los sevillanos a los que les ponen un micrófono en los telediarios suelen hablar con cierta pobreza lingüística. ¿Es casualidad?

Siempre he tenido la sospecha de que escogen a propósito a quienes más exageran la fonética andaluza, porque sería demasiada casualidad. No creo que los sevillanos ni el resto de andaluces que sacan hablando en los telediarios sean los más representativos de nuestra comunidad. Creo que la mayoría de la gente no habla así pero los que salen representan muy bien el tópico o el cliché fonético del andaluz que se tiene en otras regiones españolas.

¿Cree que ese tópico se retroalimenta desde los medios de comunicación?

Me temo que sí. Y creo que los andaluces deberíamos combatirlo desde el entorno mediático y educativo. Cada uno desde su parcela.

¿Cómo?

Denunciándolo pero, sobre todo, haciendo patria de los buenos escritores, filólogos e investigadores andaluces. Le pongo un ejemplo: el descubrimiento de esta nueva figura geométrica basada en tejido epitelial, el famoso «escutoide» que han descubierto investigadores sevillanos. Tenemos que mostrar que enAndalucía también se hace ciencia y cultura.

¿En Sevilla se habla como se escribe o se escribe como se habla?

En ningún sitio del mundo se escribe estrictamente como se habla porque siempre hay una distancia entre ortografía y pronunciación. Nuestra ortografía, a diferencia de la inglesa o la francesa, es bastante cercana a nuestra pronunciación. En Andalucía, como en otros territorios hipanohablantes, pueden existir interferencias entre nuestra forma de hablar y nuestra forma de escribir.

¿Se escribe peor desde que existen whatsapp y los llamados «teléfonos inteligentes»?

Aunque casi todos mis colegas opinen lo contrario, yo creo que no. Es más, ahora se escribe mucho más que antes, para bien o para mal.

Algunas de esas conversaciones no parecen estar escritas en español sino en otro idioma.

Hay muchas abreviaturas y otras cosas que no tendrían que extenderse a otros canales. Si alguien hace un examen o hace una reclamación al banco utilizando los mismos códigos que en una conversación de este tipo entonces tiene un problema. Pero también se pensaba que los telegramas iban a acabar con los artículos y la forma correcta de escribir y eso no ocurrió.

En cierto modo parece que hemos regresado al pasado, a los telegramas.

Sí. Y a la taquigrafía. Esto me resulta curioso pero no preocupante.

¿Se lee más que antes de Internet?

En la calle leemos ahora mucho más que antes porque hay muchos más paisajes lingüísticos. Cualquiera que hoy haya ido a pie a trabajar habrá estado expuesto a muchos más textos escritos que hace veinte años. Eso supone leer en otras lenguas porque estamos en una época de multilingüismo, con inglés, chino, etcétera. Tenemos mucho mundo escrito alrededor.

Sin embargo, apenas se escriben cartas.

Sí, es una pena que se esté perdiendo esto. El género epistolar contiene una gran riqueza del lenguaje y esto es difícil de recuperar. He estado investigando últimamente las cartas que se cruzaron Dámaso Alonso, Rafael Lapesa y Luis Rosales, y te das cuenta de que hay una manera de reconstruir un mundo literario e intelectual de la época que difícilmente se va a poder hacer en la época actual.

Universidad

Lleva más de veinte años en la Universidad. ¿Los alumnos de ahora escriben mejor o peor que los de entonces?

Es difícil de valorar. Yo imparto clases en cursos avanzados y mis alumnos son, en general, conocedores de lo que se pide en la asignatura, un examen, un ensayo.

¿Y en los que acaban de entrar en la Universidad?

En ellos observo una cierta pérdida de competencia léxica, con un vocabulario más técnico. Pese a lo que muchos piensan, yo encuentro entre mis alumnos a grandes lectores y algunos me han enseñado, incluso, nuevos valores de la poesía y novelística reciente.

La lectura y la literatura parecen haber perdido peso tanto en el sistema educativo como en la vida cotidiana y los medios de comunicación.

Sí, esto es evidente. Tenemos que seguir luchando para que las pantallas no nos resten tiempo a la lectura. Yo sigo obligándome a leer en papel y no tengo libro electrónico. Ahora hay muchos estímulos y quizá muchos alumnos leían antes porque no había otra cosa. Pero el libro de papel tiene un exotismo que también ha cautivado con géneros nuevos a lectores nuevos. Cuando yo era estudiante no estaban tan implantada la novela juvenil o de terror o de fantasía. Recuerdo «El señor de los anillos» o «La historia interminable», pero poco más. Ahora hay muchos más títulos.

Pero no de tanta calidad.

No, pero lo importante es que está sirviendo de apertura al mundo del libro. Que se lea es lo más importante. Yo entré al mundo de la lectura con los tebeos y luego fui profundizando y mejorando. El Quijote no lo leí hasta la Universidad y disfruté mucho leyéndolo. Me reí mucho.