Lola Pons
Lola Pons - JUAN FLORES
ENTREVISTA

Lola Pons: «Todas las reformas educativas han hecho daño a la lengua y a sus profesores»

La filóloga de la Universidad de Sevilla no cree que el desdoblamiento genérico de «niños y niñas» se imponga en la calle «más que nada por comodidad»

SEVILLAActualizado:

Lola Pons (Barcelona, 1976) es hija de la emigración andaluza en Cataluña aunque con pocos meses de edad regresó a Sevilla con su familia. Filóloga y profesora de Lengua Española en la Universidad de Sevilla desde hace dos décadas, su temprana vocación por el origen y evolución de nuestro idioma corre paralela a su afición indesmayable por la divulgación. Autora de «La Lengua de Ayer. Manual Práctico de Historia del Español» y de «Queja política y escritura epistolar durante la Guerra de la Independencia», publicó recientemente, con gran éxito, «Una lengua muy muy larga. Más de cien historias curiosas sobre el español».

Hay voces autorizadas que dicen que dentro de cincuenta años el español se hablará más en Estados Unidos que el inglés.

Esto depende de la actitud de los inmigrantes hispanos. Conozco a algunos que no les quieren enseñar a su hijo el español porque prefieren que se expresen en inglés.

¿Y esto pasa también con los inmigrantes andaluces en Cataluña?

No tenemos constatado que eso esté ocurriendo. El catalán es un idioma que sólo se habla en Cataluña mientras que el inglés se habla en casi todo el mundo. Sí sabemos que la inmigración española a Alemania, Francia y otros países europeos sí enseñó a sus hijos el español.

¿La eñe nos hace diferentes?

Sí, es distintiva de España. La tienen muy pocas lenguas en el mundo.

La empezamos a utilizar como «Marca España» en eventos deportivos y de otro tipo. ¿No cree que el español no lo aprovechamos lo suficiente pese a ser el idioma en el que se expresan más de 500 millones de personas en todo el mundo?

El Cervantes está haciendo lo que puede y creo que hemos avanzado en esto. Los hablantes tienen, en general, una lealtad y cariño hacia la lengua que hablan. En cambio, yo creo que han hecho mucho daño al español todas esas reformas educativas que ha sufrido España en los últimos años porque han debilitado el poder o la importancia del profesor en el aula. Digo esto porque el profesor de Lengua ha quedado minusvalorado con respecto a otros profesionales de la sociedad. Es un agente fundamental en el cuidado del idioma y de propagar gustos literarios. Ese es el maestro de lengua. Se debe dejar la educación en manos de los profesores y quitárselas a los políticos.

¿Se presta poco atención a la lengua y a las humanidades en los centros educativos?

Las reformas educativas han reducido esta atención y enflaquecido la lengua en España. Me parecen bien todos esos discursos felices sobre la fortuna de tener una lengua tan hablada en el mundo pero lo que hay que hacer es prestar más atención a los responsables de cuidarla y transmitirla. Los profesores y los médicos son nuestros cuidadores.

¿Conoce a muchos profesores de Lengua decepcionados?

Sí, no sólo de Lengua, pero no tiran la toalla. Nadie se imagina las batallas que se libran con esto en los institutos. Comprendo que sea más atractivo hablar de fútbol que de literatura pero los países más prosperos son siempre los más cultos y los que tienen ciudadanos mejor formados.

Steve Jobs y la caligrafía

Steve Jobs era un gran amante de la caligrafía y lo puso de manifiesto en sus ordenadores, que tenían muchas más fuentes de letra que los de la competencia, a pesar de que los directivos de Apple decían que era un gasto inútil. ¿Pasa algo así con la lengua en España por parte de sus gobernantes?

No lo sabía pero me parece una gran riqueza tener tantas fuentes de letra. Una compañera de la Universidad llamada Blanca Garrido Martín ha estudiado conmigo una palabra inglesa que se acaba de introducir en el español: «lettering». Alude precisamente el gusto por la práctica del dibujo caligráfico. Se ha puesto de moda en muchos países que la gente escriba a mano y ornamentando mucho cada letra. Jobs también acertó en esto.

Hay gente que dice «tengo los parámetros espacio-temporales un poco enajenados», en vez de decir que no sabe a dónde va, o que no da pie con bola. ¿La pedantería es una plaga del idioma?

El idioma es como un edificio de varias plantas y no se puede hablar en la planta alta igual que en la planta baja. No hablo de clases sociales pero no se puede hablar en el bar como uno habla en una consulta médica o con un cliente antes de cerrar un negocio. Hablar bien es saber moverse por todas las plantas del edificio.

¿La sencillez no es la mejor manera de comunicarse, a pesar de ser la más difícil de conseguir, como demostró Miguel Delibes?

Sin duda. La naturalidad y la aparente sencillez esconde normalmente un alto grado de cultivo del lenguaje. Ahora estoy trabajando con el «Escribo como hablo», un ideal del siglo XVI formulado por Juan de Valdés. Y va en esa línea.

¿Los sevillanos somos leístas?

Todos los andaluces lo somos pero en la forma generalizada que más aparece en la norma culta del español, que es la que aparece en el masculino singular, tipo «le quiero», en vez de «lo quiero». Si a mi madre la quiero a mi padre «lo quiero», no «le quiero». Pero está muy extendido en la literatura.

¿La letra hache está en nuestro genes?

No en nuestros genes biológicos pero sí en los de nuestro idioma. Ya estaba en latín. Hay gente a la que la hache le sustituya cierto rechazo

En algunas localidades andaluzas se pronuncia, se dice por ejemplo «jambre».

Esa aspiración de la vieja f latina es muy andaluza pero no fue exclusivo de aquí. Fue también un rasgo castellano que se fue perdiendo allí a partir del siglo XVI.

Ciudadanos y ciudadanas

De unos años a esta parte, se ha extendido mucho en el lenguaje político decir «ciudadanos y ciudadanas», «niños y niñas», etcétera, cuando la RAE deja claro que es innecesario porque el masculino es inclusivo. ¿Qué opina como filóloga de este fenómeno?

Pocas veces la gramática se convierte en una noticia nacional y, menos aún, filólogos y lingüistas abren las noticias y los debates. Solo por eso me resulta muy interesante todo esto, aunque yo no uso el desdoble genérico.

¿Se debe imponer ese desdoblamiento genérico por un ejercicio de corrección política?

No. Pero tampoco creo que se deba impedir. Entiendo que haya gente que se siente cómoda utilizándolo. Lo que me ha enseñado la lengua es que, sobre todo, es libertad.

¿Hay algún precedente de ese desdoblamiento de género en la historia de nuestra lengua o de nuestra literatura?

Aparece un «burgueses y burguesas» en el Cid y en algunos padrones medievales también se dice «vecinos y vecinas». No conozco más casos.

¿Se da por aludida cuando alguien habla simplemente de «los andaluces»?

Sí, me siento incluida. No necesito que diga nadie «andaluzas» para sentirme identificada.

¿No cree entonces que el desdoble genérico es un artificio ajeno a nuestro idioma?

En el idioma hay gustos que van y vienen, que se asientan o no. Lo que yo creo que pone en riesgo nuestra capacidad lingüística y nuestra lengua es que la educación no enseñe a los alumnos a expresarse con facilidad, a tener riqueza de vocabulario, a quejarse cuando tienen un problema, o a dirigir una carta. Eso es lo que empobrece el idioma.

¿Se consolidará, en su opinión, el «alumnos y alumnas»?

En algunos ámbitos más oficiales es posible, aunque en la calle no lo creo. Más que nada por una cuestión de comodidad.

¿El español es machista?

No hay idioma machista sino las personas que lo usan. Es curioso ver cómo ha evolucionado la forma de insultar en español. Hace algunos siglos se consideraba un gran insulto llamar a alguien «perro», seguramente por las connotaciones religiosas que esto significa y que hoy ya no tiene. Ahora vemos anormales determinados usos lingüísticos que antes dábamos por buenos.

La palabra «coñazo» connota aburrimiento, fatiga, pesadez. Y se decimos «cojonudo» hablamos de algo muy bueno.

Sí, pero hay de todo. También hay «cojonato», que es malo. Para cada palabra, hay variantes. A veces hay un uso sexista del lenguaje del que no nos damos cuenta.