Mercedes Borrero
Mercedes Borrero - Raúl Doblado
Entrevista

Mercedes Borrero: «Los políticos quieren reescribir la Historia de España y eso es de vergüenza»

La historiadora sevillana y catedrática de Historia Medieval contradice algunas tesis feministas y dice que la mujer andaluza del siglo XIV «estaba a la par que el hombre en muchos ámbitos»

SevillaActualizado:

Mercedes Borrero Fernández (Sevilla, 1952) fue la primera catedrática andaluza de Historia Medieval y una de las primeras de toda España. Ha estado vinculada a la Universidad de Sevilla casi medio siglo y durante ese tiempo se ha forjado fama de uprofesora dura entre sus alumnos, aunque la mayoría de ellos le agradecieron años después su nivel de exigencia.

Hija de un obrero de Hytasa, estudió con beca y logró el premio extraordinario de doctorado, el premio de investigación «Ciudad de Sevilla» y el premio de investigación «Archivo Hispalense», entre otros. Ha publicado un libro sobre el origen del monasterio de San Clemente y numerosos estudios sobre historia rural de Andalucía.

Fue la primera catedrática andaluza de Historia Medieval y una de las primeras de España. La creación de ese departamento en la Universidad de Sevilla coincidió con los albores de la autonomía en Andalucía.

Sí. Y eso provocó muchísimos congresos, coloquios y publicaciones en esa época, lo que ha hecho que la historia de Andalucía y del Reino de Sevilla, que incluía también Huelva y Cádiz, sea de las épocas mejor estudiadas. Andalucía nace de la conquista y se fue formando a lo largo de los siglos XIII, XIV y XV.

¿Esos siglos constituyen, en su opinión, el origen de Andalucía?

Hay muchos falsos tópicos sobre el origen de Andalucía que los políticos de la época de la autonomía quisieron trasladar a los historiadores.

¿Por ejemplo?

Se ha idealizado toda la época de Al-Andalus. Se ha querido hacer ver que se vivía muy bien entonces pero yo me pregunto quién vivía bien. Eran muy pocos. Se vivía bien en la época de los omeyas pero una parte muy reducida de la población. Respecto a los orígenes de Andalucía, se ha hablado mucho de que los andaluces le debemos todo a los árabes. En la época de la autonomía todos los andaluces debíamos tener sangre mora. ¡Por favor! No se pueden saltar tantos siglos de historia de un lado para otro como si no hubieran existido. Históricamente no se sostiene porque la documentación de la que disponemos demuestra que cuando Fernando III conquistó Sevilla vació por completo la ciudad y la repobló con cristianos. Es cierto que en el campo se mantuvieron algunos grupos musulmanes pero se repartieron también tierras. Por fortuna, ahora esa moda proárabe parece haber pasado.

¿Cree que se quiso manipular políticamente esa parte de nuestra historia?

A veces se ha querido utilizar la historia como instrumento político. Y eso no se debe hacer porque la historia es una ciencia que estudia la actividad humana pasada. El caso es que se sigue haciendo porque los historiadores nos vemos inmersos en estas cosas políticas y nos vemos obligados a responder a preguntas que se crean y a temas que se ponen de moda

Póngame un ejemplo más reciente.

Los movimientos feministas. ¿Cuándo surgen en España? A finales de los 70 y principios de los 80, ya muerto Franco, empiezan a aparecer algunos estudios sobre la mujer. El mundo de la investigación empieza a solicitar de los historiadores que se hable de la mujer pero detrás hay una utilización feminista. No es que yo no sea feminista pero soy, por encima de todo, historiadora, y tengo una parte de mi investigación volcada hacia el mundo de la mujer campesina andaluza en la Baja Edad Media, otra al de la mujer religiosa y otra al de la mujer aristócrata y de ahí no se pueden sacar las conclusiones que pretende el mundo feminista.

¿A qué conclusiones se refiere?

A lo que me refiero es a que la mujer andaluza trabajaba ya en el siglo XIV y estaba a la par que el hombre en muchos ámbitos. Había ya mujeres potentísimas y muchas de ellas desde el claustro de un convento. Desde Estados Unidos me pidieron un estudio sobre esto. Las monjas podían desarrollar su poder desde el claustro y encontré casos muy llamativos de mujeres que se dedicaron a repoblar el Aljarafefirmando documentos y repartiendo tierras familiares entre los campesinos. Y hallé un caso excepcional, el de la mujer de un alcalde de Sevilla del siglo XIV que sufría, al parecer, violencia doméstica, según se dice en los documentos que se conservan.

¿Y qué pasó?

La mujer se metió en un convento y le puso un pleito al marido que lo llevó la congregación con todo el peso que tenia en aquella época. El resultado fue que obtuvo todos los bienes del matrimonio y el marido se los tuvo que devolver.

Parece un caso actual, quitando lo del convento.

Sí, pero la pregunta que se hace en este caso es si esta mujer era feminista. Con los parámetros actuales, seguramente no, pero en su época era una mujer empoderada que obtiene el éxito en los tribunales. Lo que no se puede hacer es valorar un comportamiento de hace seis siglos en una sociedad de hace esa época con la mentalidad y valores actuales.

-¿No estaban marginadas las mujeres sevillanas y andaluzas en el siglo XIV?

Desde una mentalidad actual, sí, pero en los valores de la sociedad de aquella época tenían un papel importante en la organización de la casa y en el trabajo. Lo que pasa es que yo no puedo decir lo que la gente quiere que diga porque soy una historiadora. La realidad es mucho más interesante y explicativa de lo que está pasando en la actualidad y no se debe modificar para ajustarse a una tesis determinada.

Aún subsiste el mito romántico de la II República, tal vez el único que sobreviva del siglo XX español.

Sí. Unos quieren darle la vuelta para acá y otros para allá y nos ponen a los historiadores en medio. Los historiadores debemos intentar no desviarnos y atenernos a los hechos y los documentos, aunque no exista la objetividad pura. La II República no es que se dedicara a quemar conventos todo el rato pero tampoco era una situación idílica precisamente cuando se inició la Guerra Civil.

Parece que algunos políticos actuales quieren reescribir la historia.

Sí, es así. Y a mí me da vergüenza. Quieren cambiar la historia. Por los dos extremos, ojo. La historia lo que te enseña es un proceso de evolución y no hay que cambiarla sino respetarla. No es necesario reescribirla, que cada uno tenga su ideología política. No hay que deshacer la historia para favorecer tus ideas. Tú puedes ser republicano pero no manipules la historia para defender tus ideas. Esta utilización partidista es uno de los mayores problemas que tenemos los profesionales de la Historia en este momento.

¿Esto es relativamente nuevo?

Las desviaciones de lo histórico en beneficio de unas ideas van a suceder siempre. Aquí creo que hay un problema de incultura o de intentar engañar, de un lado y de otro. ¿No hay problemas ahora acaso para decir si San Fernando debe llevar la espada o no? Hay que dejar la historia para los historiadores.

El líder municipal de Izquierda Unida solicitó la modificación del escudo de Sevilla hace algunos años. No le gustaban la espada ni los santos. ¿Qué le pareció?

Es que me he enterado ahora. Me parece incultura, ignorancia e infantilismo. Una cosa es quitar emblemas que signifiquen algo doloroso en un momento cercano y otra quitarle la espada a San Fernando o los cuernos a los vikingos. ¡No, hombre, no!

Hablaba antes del feminismo. ¿Es uno de los campos donde, en su opinión, está ocurriendo esto?

Algunos grupos de investigación de la universidad ponen el foco ahora en la situación de la mujer en el siglo XV y descubren a una mujer campesina que se lleva todo el día trabajando y se ocupa de la casa. Y todo esto se interpreta como un maltrato a la mujer. Yo hice un trabajo muy documentado sobre este asunto en el que queda de manifiesto que las mujeres recibían educación, contrariamente a lo que se quiere hacer ver con ese prejuicio de la marginación histórica de la mujer.

¿Qué tipo de educación?

La educación que era necesaria para una campesina. A controlar la economía de la casa y a servir como elemento dentro de la economía saliendo a trabajar. En esa época se combinaban el marido y la mujer para trabajar. El trabajo de la siega era antes femenino y luego lo hace el hombre. La mujer trabajaba normalmente en invierno, lo cual era más duro, pero menos horas, porque hacía menos sol. También cobraba menos. Esa combinación nos puede parecer mal ahora porque estamos en el siglo XXI y el valor es de igualdad absoluta, pero entonces no había ese valor sino el de una complementariedad. En esa época había muchas guerras y las mujeres se quedaban viudas muy pronto y se convertían en las cabezas de familia. Y gestionaban la economía doméstica. Desde el siglo XII había escuelas femeninas donde les enseñaban contabilidad porque la mujer de un tendero o de un mercader tenía que aprender.

¿Había «heteropatriarcado» entonces? ¿Se mantiene ahora?

Esto es muy de los antropólogos. En la sociedad cristiana, por herencia romana, había un patriarcado pero si te metes un poco las mujeres mandaban mucho. Yo no veo actualmente ningún heteropatriarcado en nuestra sociedad, pero hay que seguir educando para erradicar algunos restos de machismo que son más del siglo XX que del siglo XV. La que se quiere igualar no es un producto de la Edad Media sino del siglo XX.

¿Considera que retrocedimos en este campo en el siglo XX respecto a los anteriores?

En algunos aspectos, sí. En una familia de la Edad Media el hombre y la mujer tenían que colaborar para poder subsistir. No había otra.