Miguel Mendiola: «A todos los gitanos se nos juzga por las costumbres de los más ortodoxos»

Es de la Puerta Osario, pero siendo un niño Miguel Mendiola se fue a California, donde consiguió ser vicepresidente de una fábrica aeronáutica y técnico de la NASA. Hoy trabaja para el gobierno americano

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-¿Ser gitano cierra puertas?

-Yo diría que casi todas, especialmente en el aspecto laboral. Es difícil para un empresario darle un puesto de trabajo a una persona «sucia, ratera, mentirosa y vaga». Los estereotipos están muy afincados y a los ya tradicionales hay que añadir el más moderno de «drogadicto». Claro está que ésa es la imagen mediática del gitano. Mi primo Miguel, que tiene su propia pescadería y se parte los riñones trabajando, no sale en los periódicos. Tampoco se destaca mucho la etnia en gitanos como José Antonio Reyes, futbolista del Arsenal, o Yul Brynner, artista de cine, por poner solamente unos ejemplos de los muchos que hay. Pero al gitano de a pie le cuesta el alma abrirse camino en la vida. Y no hablo del maleante porque eso sería natural. Hablo de personas normales que simplemente por ser gitanos se les cierran las puertas.

-¿Qué es exactamente ser gitano?

-Más que una etnia, es una forma de vivir la vida, una filosofía. Yo siempre he dicho que el gitano practica un existencialismo con tintes orientales. Vive y deja vivir y, sobre todo, ama a la vida y a la libertad. Es un sentimiento y una forma de mirar a las cosas que yo creo que es muy sana si no fuera por los obstáculos que encontramos en el camino y la miseria que muchísimos tienen que padecer.

-¿Qué ama de su cultura y qué detesta?

-No detesto nada porque no creo que haya nada detestable en ella. No me gustan algunas cosas, que es diferente. No me gusta el desparpajo que tiene hacia el futuro. Hablo en términos generales, claro está, pero el gitano vive al día y se preocupa muy poco del mañana. Esto tiene sus razones sociológicas, pero de todas formas me gustaría ver al gitano un poco más precavido y responsable hacia el futuro. No obstante, estoy viendo muchos cambios positivos en ese aspecto a medida que el gitano se establece económicamente y empieza a pensar un poco en el día de mañana. Pero nunca de la forma en que lo hace un gachó. Por otra parte, amo las virtudes inherentemente gitanas como son el amor a la familia, el respeto a los mayores y esa proclividad a la alegría que por la menor excusa positiva demostramos en nuestro carácter.

-¿Está al tanto de lo ocurrido en Sevilla a raíz del asesinato del hombre que atropelló levemente a una niña gitana?

-Sí, he leído hasta la saciedad que el asesino es gitano. Por el contrario, no se menciona en absoluto en ningún sitio que los tres gamberros que quemaron a la pobre mendiga en Barcelona son «gachés». Excusar un asesinato es totalmente inaceptable. Pero igualmente inaceptable es hacer hincapié en una etnia cuando los asesinatos los cometen todas las clases de individuos. Por ejemplo, aquí en Los Ángeles se cometen de entre setecientos a mil asesinatos por año. Ninguno que yo sepa lo comenten los gitanos. No es por nada, es que no hay muchos gitanos. Pero lo que quiero decir es que los «gachés» cometen muchos más y eso no se destaca.

-¿Qué piensa sobre la comparación que muchos medios han hecho entre Farruquito y el celador Gaspar García?

-Todo acto delictivo debe castigarse venga de quien venga. Pero hay un especial morbo en mencionar la etnia cuando el individuo es gitano. Creo que debería mencionarse solamente cuando sea relevante al caso. Esto no tiene nada que ver con lo políticamente correcto, sino con prevenir la innecesaria discriminación de todo un grupo. En el caso de Farruquito se llegó a tal momento en que daba la impresión de que no solamente eran los gitanos los que atropellaban y se daban a la fuga, sino que era el único caso de atropello en toda la historia de España. Para ver la relevancia de mencionar etnias o grupos, consideremos lo siguiente: cada vez que se cometa un crimen en España, no se menciona de dónde es la persona a menos que sea de Sevilla. Es decir, que si un madrileño mata a alguien entonces es «un individuo» pero si es un sevillano se dice: «un sevillano mata a su mujer», «un sevillano viola a una niña», «un sevillano mata a un mendigo»... Fácilmente se puede ver que el resto de España empezaría a pensar que los sevillanos somos los más malos del mundo. La comparación entre lo sucedido con Farruquito y este otro caso actual no es más que lo mismo: añadir más morbo porque se trata de gitanos. Pero creer que hay algo inherentemente nocivo por ser gitano, es de racista. Punto.

-Hay quien sostiene que la raza gitana se rige por la Ley del Talión. ¿Por qué?

-El problema es que se juzga a todos los gitanos por las costumbres y tradiciones de los más ortodoxos. De todas formas, el «ojo por el ojo» no es exclusivo de ninguna raza. Hay un deseo inmanente en los humanos de vengarse cuando le hacen un daño, pero en algunos grupos marginados la frustración es milenaria y cuando la gente tiene poco que perder porque no tienen nada, si encima le matan a un familiar, suelen recurrir a la venganza. Sin embargo, no lo veo algo especialmente «gitano». Creo que es un sentimiento católico, en el sentido extenso de la palabra.

-¿Cree que los gitanos han sufrido muchas persecuciones en España?

-No son muchas. Es la misma. Es un continuo. Empezó con nuestros «queridos» Reyes Católicos y sus famosas pragmáticas en contra de los gitanos, donde se recomendaba darles cien latigazos, cortarles las orejas o mandarlos a las galeras, llegando a Franco y su ley de «vagos y maleantes», y aún no ha parado. De esto puede hablar un poquito El Lebrijano, que con sus cantes nos recuerda las galeras y otras atrocidades que tuvo que sufrir el pueblo gitano.

-¿Qué opina de la prueba del pañuelo en las bodas gitanas?

-No es una tradición universal y no es obligatoria. Personalmente lo veo como un anacronismo que poco a poco va desapareciendo. Hoy día se practica poco y más como un ritual simbólico que como uno obligado. Curiosamente, muchas veces lo pide la mujer porque se siente el centro de atención. Una vez más hablamos de gitanos ortodoxos. Hoy día hay muchos casamientos, muchos de ellos mixtos, donde la boda gitana se celebra en espíritu más que con rituales antiguos.

-¿Alguna vez ha tenido que ocultar su condición de gitano?

-No es que se oculte, pero tampoco se pone uno un cartelito colgado del cuello. Lo que sí es cierto es que cuando sale a relucir, para aquellos de nosotros que hemos salido más blanquitos o simplemente vamos bien vestidos y con corbata, enseguida nos dicen: «Pero es que usted no parece gitano». O sea, se nos perdona porque no parecemos rateros.

POR ALBERTO GARCÍA REYES