Monseñor Asenjo junto a los cardenales, arzobispos y obispos que participaron en la misa
Monseñor Asenjo junto a los cardenales, arzobispos y obispos que participaron en la misa - Juan Flores
Iglesia

Monseñor Asenjo reafirma su «amor» a la Iglesia de Sevilla en sus bodas de oro como sacerdote

El Papa Francisco le transmitió por carta «el sentimiento de nuestro amor por tu dilatado servicio sacerdotal»

J. Morillo
SevillaActualizado:

Este sábado, festividad de San Mateo, fue un día de celebración en la Catedral. El arzobispo de Sevilla, monseñor Juan José Asenjo, conmemoraba con una misa sus bodas de oro como sacerdote, pues tomó los hábitos tal día como hoy de 1969 en la parroquia de San Vicente de Sigüenza, tal como recordó, «de manos de mi obispo don Laureano Castán Lacoma».

Monseñor celebró la misa arropado por un nutrido de prelados españoles relacionados con su trayectoria, entre ellos los cardenales Carlos Amigo Vallejo y Antonio María Rouco Varela; el arzobispo castrense, Juan del Río Martín; el arzobispo de Mérida-Badajoz, Celso Morga Iruzubieta; los obispos del Sur de España; el titular de la diócesis de Sigüenza, Atilano Rodríguez Martínez; el de la diócesis de Urgell, Joan-Enric Vives i Sicilia; el auxiliar de Madrid, Juan Antonio Martínez Camino; y el obispo emérito de Mérida-Badajoz, Antonio Montero. A este último quiso Asenjo agradecer especialmente su asistencia por su estado de salud y bajó expresamente desde el altar a darle la paz durante la misa.

A la misa ante el altar del Jubileo asistieron un nutrido grupo de prelados españoles, autoridades civiles y militares y cientos de sevillanos

Junto a una nutrida representación eclesiástica -sacerdotes, diáconos, seminaristas y monjas- y de autoridades civiles y militares, monseñor Asenjo celebró la misa en el altar del Jubileo, que presidía para la ocasión la Virgen de los Reyes. A la misa asistieron, además, miembros de la familia del arzobispo, además de cientos de sevillanos que llenaron el espacio frente al altar del Jubileo.

En su homilía, monseñor Asenjo reafirmó su «amor en particular» a la Iglesia de Sevilla y en una oración pidió a Dios que le concediera «ser un valiente y humilde predicador del Evangelio», dos de los momentos destacados de una misa en la que tuvo parte activa la capilla de la Catedral, que entonó corales en latín y castellano, así como el coro de niñas del Colegio Entreolivos, que interpretó varios motetes y al que monseñor le pidió que le interpretasen el «Ave María», de Caccini, con el que se cerró el acto.

Carta del Papa

Durante la conmemoración, se leyó una carta enviada a monseñor por el Papa Francisco y redactada de su puño y letra, que aquel agradeció de «corazón». En esta misiva el Papa le transmitió «el sentimiento de nuestro amor por tu dilatado servicio sacerdotal».

Además, tras repasar los hitos de la carrera de monseñor, tanto en las diferentes diócesis en las que ha encabezado como en la Conferencia Episcopal Española, el Papa le pidió al Señor que «te confirme como pastor fiel dotado de las cualidades humanas y sacerdotales».

«Deseamos, por último, que te acompañe nuestra bendición apostólica, que te impartimos de corazón, y que, además, la hagas extensiva a los amados hijos e hijas de la grey hispalense», concluyó.

El Papa impartió por carta a Asenjo su «bendición apostólica» y le pidió que la hiciera «extensiva a los amados hijos e hijas de la grey hispalense»

Monseñor Asenjo eligió para la misa una carta de San Pablo a los Efesos, una lectura del libro de Jeremías y un pasaje del Evangelio según San Mateo, precisamente en el que Jesús pide que le siga a este recaudador de impuestos, que le sirvieron para contextualizar su homilía e introducir aspectos como la labor evangelizadora del sacerdocio.

Homilía de monseñor

Comenzó dando gracias a Dios por cumplir estas bodas de oro para, inmediatamente, acordarse de su familia, al a que definió como «cristiana y sencilla» y que «supo crear el ambiente propicio para que pudiera germinar en mí mi vocación». En ese contexto quiso recordar también «con especial afecto» a «mis buenos padres».

En el plano eclesiástico también quiso acordarse del «obispo que me ordenó», así como del «Papa San Juan Pablo II que me llamó al ministerio episcopal», y del «Papa Benedicto XVI, que me trajo a esta Iglesia de Sevilla». Asimismo, también tuvo palabras para las dicócesis en las que ha ejercido su servicio pastoral, «las queridas iglesias de Sigüenza-Guadalajara, Toledo, Córdoba y Sevilla, y también en mi servicio durante casi nueve años a la Conferencia Episcopal Española».

Monseñor Asenjo quiso ilustrar a través de la llamada de Jesús a San Mateo para que lo siguiera su «historia personal» y la de otros sacerdotes para desarrollar su vocación «Esta es también mi historia personal: el Señor se fijó en mí por puro amor, y me llamó al ministerio sacerdotal por pura misericordia, sin mérito alguno por mi parte».

«Hoy más que nunca quisiera seguir sirviendo a la Iglesia de Sevilla con entrega generosa»

El arzobispo de Sevilla también quiso pedir «perdón a Dios por mis deficiencias y debilidades», y confesó que Jesús «ha sido también el corazón de mi vida, y así lo será con su ayuda hasta el final de mis días». «Él es la fuente y el corazón de sentido y esperanza para nuestra vida».

Tras dar gracias a Dios por «ser hijo e la Iglesia», monseñor quiso declarar «una vez más mi amor a la Santa Iglesia y en particular a las iglesias a las que he servido, en particular a esta Iglesia de Sevilla que el Señor me ha encomendado. Hoy más que nunca quisiera seguir sirviéndola con entrega generosa».

Regalos de la Archidiócesis y el Cabildo

También tuvo palabras el arzobispo para el Sumo Pontífice. «Renuevo mi comunión y mi adhesión cordial al obispo de Roma», el papa Francisco, «él es el vicario de Jesucristo, pastor de toda su grey, maestro de la fe, principio de unidad y cabeza visible de la Iglesia».

«El amor al Papa y el sentir con el Papa han sido siempre un signo distintivo de los buenos católicos, como lo ha sido también la acogida, docilidad y obediencia a sus enseñanzas», añadió.

Asenjo finalizó su homilía dando las gracias, recordando que en este año «he tenido no pocas dificultades de salud» y encomendándose a la «protección maternal de Santa María, nuestra buena madre. Ella, en sus títulos de la Mayor, de la Salud y de los Reyes, me ha acompañado en mi vida, de niño, de seminarista, de sacerdote y de obispo».

Tras la homilía, el vicario general, Teodoro León, le hizo entrega a monseñor de un crucificado del siglo XVII de marfil auténtico y una placa elaborada en el taller de Fernando Marmolejo, como regalos de la Archidiócesis y del Cabildo. Asenjo agradeció estos presentes con «toda el alma».