Las Nieves y el lienzo de Pablo Legot
Las Nieves y el lienzo de Pablo Legot - Antonio Damigo

Las Nieves y el lienzo de Pablo Legot

El pulso devocional entre la patrona de Los Palacios y la «Adoración de los pastores»

Julio Mayo
SevillaActualizado:

Hasta los escultores Martínez Montañés y Gaspar de Ribas tuvieron que venir a la parroquia de Los Palacios, en 1631 y 1645 respectivamente, para peritar los trabajos realizados por el ensamblador Martín Moreno, en la construcción de un nuevo retablo que acogería distintas pinturas del artista flamenco Pablo Legot. El viejo estaba en unas condiciones precarias, y el señor provisor del Arzobispado mandó construir otro, de nueva factura, que ocupase todo el testero del altar mayor, después de la ampliación del arco toral en 1619. El diseño arquitectónico no se realizó en torno a la purísima advocación de Santa María la Blanca, como titular del templo del mismo título. Aquel proyecto se focalizó sobre un lienzo de grandes proporciones, que representa la «Adoración de los Pastores», concebido con el fin de concentrar la atención de los fieles (de Villafranca de la Marisma, por un lado, y Los Palacios, por otro, antes de que se uniesen en un solo municipio, en 1836).

Entonces se suscitó cierto desajuste entre el encargo y la escultura medieval de la Virgen de las Nieves que ya existía. En un pequeño nicho dispuesto sobre el sagrario del altar mayor, continuó recibiendo culto aquella efigie gótica, de talla completa, vinculada al antiguo templo que conoció el cura Andrés Bernáldez, cronista de los Reyes Católicos. Aquella misma que estuvo tan estrechamente relacionada con la familia Ponce de León, como propietaria señorial de la villa de Los Palacios que pertenecía al ducado de Arcos. Varios documentos del siglo XVII la revelan como Patrona de la villa de Los Palacios, muy seguramente por las continuas intermediaciones milagrosas dispensadas sobre nuestros vecinos en momentos de grandes adversidades. Su unción sagrada tuvo que propiciar el crecimiento del culto a la imagen y el aumento del número de fieles, aunque haberlo recibido dentro de un templo parroquial pudo haber frenado mayor desarrollo de su fenómeno devocional.

Usos de la imagen

Pese a las normas correctoras dictadas por la Iglesia contra el uso inadecuado de las imágenes devocionales, la de nuestro pueblo era ataviada con ropajes de la época, si bien estaba completamente tallada en madera. Por un testamento, fechado en 1530, sabemos que ya era vestida en aquel tiempo. A mediados del siglo XVI, criticó muchísimo aquellas prácticas San Juan de la Cruz, quien consideraba una auténtica profanación aderezar con vestimentas, pelucas y zarcillos a la Madre de Dios. Entre las constituciones del Sínodo de Sevilla celebrado en 1604, se prohíbe a los sacristanes de las parroquias de los pueblos que vistiesen a las imágenes con este tipo de ornamentos. Sin embargo, la antigua imagen de las Nieves continuó revistiéndose con tejidos a lo largo de todo el Seiscientos.

«Ricamente vestida»

Las descripciones de varias visitas pastorales la retratan así, desde 1654 a 1699, año en el que el señor visitador, el licenciado don José Morales de Varejón, reseña que «está ricamente vestida». Una curiosísima narración de 1705 precisa que en el «cuerpo principal de este altar está colocada una imagen de Nuestra Señora, casi de cuerpo entero, vestida y con el Niño en las manos, y es su advocación Santa María la Blanca». Según esta cita, es muy posible que ya se hubiese realizado una pequeña adaptación de la imagen para poder acoger los vestidos, con mayor decoro.

Resulta muy sintomático que a la Virgen María de la pintura de Legot, que atiende al recién nacido, se le añadiese sobre el lienzo barroco un creciente, de plata de ley, con la intención de resaltar su divinidad. Por distintas anotaciones contables del Archivo parroquial, hemos documentado que la media corona plana se fundió con otras más, para hacer un gran copón de plata, en 1731. El clero, con esta nueva coronación, trató de llamar la atención hacia la otra, distinta a la patrona, en su pretensión institucional de enaltecer, desde el altar mayor, devociones universales no vinculadas al ámbito local. Por esta razón se realizaban grandes retablos con magníficas imágenes y atractivas pinturas en la mayoría de las iglesias parroquiales. Una fórmula pastoral muy propia de la época, para encauzar convenientemente la piedad popular.

Las transformaciones de imágenes de talla para ser vestidas obedecen a la pretensión de hacerlas más cercanas y familiares para sus devotos, como ponen de manifiesto los distintos trabajos de Palma Martínez-Burgos. Anteriormente, hemos referido que el cuerpo de la primitiva talla de las Nieves había sido algo adaptado, en el transcurso del siglo XVII, para cubrirlo con vestiduras de tejidos. En cambio, parece que mantuvo la apariencia de su antiguo semblante durante varios siglos. En enero de 1777, fue alterado con la sustitución de sus ojos por otros de cristal, según recientes investigaciones nuestras. Dos décadas más tarde, concretamente en 1796, coincidiendo con unas obras del edificio, fue cuando se reemplazó la primitiva talla gótica por otra nueva, para la que se fabricó su correspondiente esqueleto, con un bastidor de madera, así como su cabeza y las dos manos. Esta nueva imagen contó con una gran bienhechora en la persona de doña María Noguera, quien enriqueció su ajuar con importantes joyas de plata y la donación del Niño en 1809.

Fracaso de la Ilustración

Entre 1792 y 1796 permaneció cerrada al culto la iglesia parroquial y se realizó la gran obra neoclásica de remodelación, bajo las directrices del arquitecto Fernando de Rosales. Se amplió la altura del altar mayor y el antiguo retablo de Pablo Legot necesitó ser reajustado. No obstante, se mantuvo el hueco en la pared del testero para venerar a la Virgen de las Nieves, cuya imagen pasó entonces a ser de candelero, con el fin de emplearse con mayor boato en rituales de piedad popular, tales como procesiones y funciones religiosas de distinta índole. Precisamente todo lo contrario, a lo recomendado por la Ilustración.

La actual imagen debe su actual impronta al quehacer escultórico del imaginero sevillano Gabriel de Astorga, quien la efigió en 1864. Hoy resulta paradójico que, en nuestro pueblo, no podamos desligar el contenido pictórico que encarna la «Adoración de los Pastores» de la iconografía propia de la imagen titular de Santa María la Blanca. Esta representación mariana tan dulce, engalanada para el culto con una vestimenta propia de una gran dama, ha conseguido eclipsar la percepción y calidad artística del lienzo, erigiéndose como la auténtica vencedora del conflicto originado, durante el Barroco, entre la escultura devocional y la pintura. Y, sobre todo, ha contribuido a consagrar el símbolo cultural que personifica la Virgen de las Nieves y la devoción que le profesa a su Narduela el municipio unido de Los Palacios y Villafranca.

Precisamente hoy volverá a renovar su devoción a la patrona de la localidad en la función principal de instituto, que tendrá lugar en la parroquia de la localidad a partir de las 11.30 de la mañana, y en su recorrido procesional acostumbrado a partir de las 21.30 horas.