José María Rubio Rubio es académico de número de la Real Academia de Medicina
José María Rubio Rubio es académico de número de la Real Academia de Medicina - VANESSA GÓMEZ
REAL ACADEMIA DE MEDICINA DE SEVILLA

«"No me dé el alta que al hospital sí viene mi hijo a verme y a la residencia, nunca", me dijo una anciana»

José María Rubio Rubio asegura que los mayores donde quieren estar es en su casa

SEVILLAActualizado:

El especialista en Medicina Interna y académico de número de la Real Academia de Medicina y Cirugía de Sevilla, José María Rubio Rubio, modera el próximo jueves una mesa redonda en esa institución sobre cómo quieren y deben ser cuidadas las personas mayores en una sociedad en la que cada día que pasa son más y viven más.

-¿En Andalucía, sin geriatras y con una Ley de Dependencia que llega tarde y no atiende todas las necesidades, pueden nuestros mayores estar cuidados?

-Desde hace años la Geriatría en la comunidad andaluza es una especialidad a extinguir, lo que resulta cuanto menos inexplicable si consideramos que la edad media de los pacientes ingresados es superior a los 80 años y que Andalucía hace 30 años fue pionera en la asistencia geriátrica, pero a mi entender eso no significa que nuestros mayores no estén cuidados. La cuestión es si podrían ser cuidados mejor y pienso que sí. Hay una población prevalente de personas cada vez más ancianas que han de ir adaptándose a las exigencias y dificultades de un servicio desbordado por la realidad socio-sanitaria de nuestra comunidad. No se trata de llevar a los mayores por nuestros caminos sino de buscar nuevos caminos de una asistencia pensada y para esta realidad.

-Y las residencias de ancianos ¿no cree que están concebidas como un negocio y que así no se les puede atender bien?

-La calidad de las residencias no depende solo de la economía y no deben tener otro fin que el bien propio para el que han sido creadas y que es ofrecer un «hogar» a sus acogidos.

-¿Cuál es el lugar natural e ideal para ellos: su casa o una residencia?

-Su casa. Cuando una familia lleva al abuelo o a la abuela a una residencia, debemos de preguntarnos por qué lo hace porque el lugar natural e ideal y donde ellos quieren estar es en su casa. Puede ser, y a pesar de la Ley de la Dependencia, por impotencia para cuidarlos. En este sentido hay impotencias absolutas derivadas de las condiciones existenciales de la familia y otras relativas, motivadas por circunstancias laborales, familias separadas, problemas de relaciones humanas. Otras veces el ingreso es por otras razones personales menos justificables entre las que podría estar la comodidad y convendría llamar la atención sobre la ignorancia y la irreflexión que abundan en estas actitudes. No olvidaré aquella anciana ingresada por una neumonía y que parecía encontrarse tan a gusto en el hospital hasta que al proponerle el alta me dijo. «¡Por Dios déjeme unos días más. Aquí mi hijo viene a acompañarme casi todos los días pero al alta volveré a la residencia y allí mi hijo no va nunca!».

-¿Se puede humanizar una medicina en la que el Medico de Familia apenas tiene dos minutos para ver al enfermo, si es que lo ve porque se dedica a escribir en el ordenador; y, en la que en las urgencias hospitalarias se encaman a las personas en los pasillos?

-El fin último de la medicina es humanizar la salud y la enfermedad ayudando a los pacientes a vivirlas propia y dignamente, conforme sus valores y deseos. La asistencia sanitaria que aspire a ese fin exige una relación entre personas que jamás podrá ser sustituida por un ordenador ni tampoco por la telemedicina. La técnica ayuda y sus avances debemos saber aprovecharlos pero sin perder nunca de vista que la asistencia sanitaria a nuestros mayores tiene que ser personalizada.

-¿Cree que están valorados en la sociedad actual, que son tenidos en cuenta a la hora de algo tan necesario como por ejemplo diseñar un espacio urbano sin barerras arquitectónicas o tomar decisiones? ¿Se ignora su sabiduría?

-Para Torello nuestra civilización es la que ha originado mayor marginación en la vejez. Las sociedades avanzadas llegan a tratar a sus mayores como si fueran los subproductos de una civilización determinada por el individualismo, el bienestar y el consumo, algo así como el serrín que deja la madera después de fabricar un mueble. Sin decir que esto no sea verdad en gran parte, tenemos que reconocer que la sociedad aporta elementos muy eficaces para el cuidado de los ancianos, por ejemplo el voluntariado y los centros propios en muchas ciudades y los tiene en cuenta cada vez más en el diseño de los espacios y la movilidad, en el transporte y en la cultura; hay programas universitarios para mayores y, en Sevilla, concretamente un Aula de la Experiencia merecedora de la Medalla de Oro de la ciudad como hay iniciativas sociales y religiosas para ayuda y compañía en el hogar y en sus desplazamientos a los centros sanitarios.

-La esperanza de vida aumenta y cada día habrá más personas mayores ¿Estamos preparados para afrontar esa responsabilidad moral y económica?

-Si pretendemos afrontar el futuro con las actitudes y los miedos de una sociedad que teme llegar a vieja pero que está administrada por gestores y políticos cuya mirada apenas alcanza a pasado mañana, que no piensan en la vejez si no es por seguridad, la pregunta con todos mis respetos no es si estamos preparados para afrontar una responsabilidad moral, que tengo dudas muchos se planteen, o un desafío económico. La sociedad que sostiene y ayuda a vivir a nuestros mayores haría bien en preguntarse lo que los médicos de la Real Academia de Medicina de Sevilla nos preguntamos a nosotros mismos y le preguntamos a nuestra administración: ¿Somos conscientes de los valores de nuestros mayores?, ¿los problemas que más les preocupan a nuestros ancianos son los que más preocupan a la sociedad?, ¡quién cuida a nuestros mayores?, ¿somos justos con su salud?, ¿los cuidamos como ellos desean ser cuidados?